Los disparos de celebración de algunos irresponsables aún cobran vidas y causan tragedias. En el barrio Doce de Octubre, mientras festejaba en familia, cayó herido por un proyectil Andrés Camilo Pineda, joven estudiante de enfermería, quien murió en el Hospital Pablo Tobón Uribe.
La gente debe entender que las balas suben y luego bajan con la misma velocidad y riesgo. Las armas de fuego no se deben accionar con tal desenfreno y folclorismo, menos en zonas pobladas y en medio de fiestas populares. Urge capturar al responsable y acabar con estas prácticas.
Regístrate al newsletter