El estudio de los genes humanos sirve para entender la salud, la evolución y la historia de las personas. Sin embargo, hay grupos que casi no han sido incluidos en estas investigaciones.
Uno de ellos es el de los pueblos indígenas de América. Por eso, todavía se sabe poco sobre cómo han cambiado y se han adaptado genéticamente a lo largo del tiempo.
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Por primera vez, un estudio internacional logró analizar el ADN de pueblos indígenas de América. Incluye 199 genomas de personas desde América del Norte hasta la Patagonia, y 128 de ellos nunca se habían estudiado antes.
Con esto, se creó la base de datos genética más grande hasta ahora. Los resultados, publicados en la revista científica Nature, ayudan a entender mejor su historia y aportan nuevas pistas sobre la salud y la evolución humana.
El equipo de investigación ha sido liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF), junto con la Universidad de São Paulo (Brasil).
En la investigación, parte del Proyecto de Diversidad Genómica Indígena Americana (Indigenous American Genomic Diversity Project, IAGDP), han formado parte ocho países latinoamericanos: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, México, Paraguay y Perú.
Juntos, representan 45 poblaciones y 28 familias lingüística. Han sido secuenciados 128 genomas completos.
Durante el análisis, los científicos encontraron más de un millón de cambios genéticos que no se habían visto antes en otras poblaciones.
Esto confirma que existe una diversidad genética única. América tiene entornos muy distintos –desde la selva amazónica hasta las alturas de los Andes–, y esas condiciones han hecho que las personas se adapten de diferentes maneras a lo largo del tiempo.
Las señales de evolución que detectaron están relacionadas con el sistema inmune, el metabolismo, el crecimiento y la fertilidad.
La investigadora Tábita Hünemeier insiste en que es clave incluir más a estas poblaciones en los estudios genéticos: entender esta diversidad puede ayudar tanto a crear medicamentos como a prevenir enfermedades en todo el mundo.
Salvo algunas poblaciones del Ártico, la mayoría de los pueblos indígenas de América descienden de un grupo que llegó hace unos 15.000 años.
Después hubo otras migraciones: una hace unos 9.000 años y, según este estudio, una tercera hace alrededor de 1.300 años, cuando grupos de Mesoamérica se movieron hacia Sudamérica y el Caribe. Esa huella genética todavía se puede ver hoy.
El estudio también confirma el fuerte impacto de la colonización europea, que redujo la población indígena en un 90%. Aun así, en algunas regiones se mantiene una continuidad genética de más de 9.000 años.
Además, los investigadores encontraron que cerca del 2% del ADN de algunos pueblos indígenas tiene relación con poblaciones de lugares como Australia o Nueva Guinea.
Esto sugiere que hubo un grupo humano antiguo, llamado Ypykuéra, que se mezcló con sus antepasados.
Según el científico David Comas, esta herencia aparece en proporciones similares en distintos pueblos, lo que podría indicar que ofrecía alguna ventaja para adaptarse.
En conjunto, estos hallazgos ayudan a entender mejor el pasado de estas poblaciones y abren la puerta a nuevas aplicaciones en salud.