A Javier no le convencía la idea de haber sido el primer artista de Medellín en llevar a un Salón de Arte una obra hecha a través de pantallas y teclados. Transcurría la década del ochenta mientras él se deslumbraba con los nuevos desarrollos tecnológicos. Cuando obtuvo una tableta atari para ilustrar, ya nunca más quiso hacerlo en un lienzo y esto no era bien visto en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional. ¿Cómo valorar este trabajo que parecía tan efímero? Las inquietudes se multiplicaban, la incertidumbre también.
Sus trabajos realizados mientras estudiaba en la Nacional eran como remanentes de la experimentación a la que su padre lo incitó en la niñez. Antes que comprarle un avión de juguete le sugería que él estaba en la capacidad...