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El paisa que hizo el Cristo del Santo Sepulcro y la custodia de Getsemaní para la celebración de Semana Santa en Jerusalen

Se trata del artista Santiago Ocampo Higuita, cuyo taller está en El Carmen de Viboral. Su trabajo también está en las iglesias de la región y del país.

  • El Cristo del Silencio es puesto en la cruz por los frailes franciscanos. La pieza fue hecha por Santiago Ocampo Higuita. FOTO Cortesía.
    El Cristo del Silencio es puesto en la cruz por los frailes franciscanos. La pieza fue hecha por Santiago Ocampo Higuita. FOTO Cortesía.
  • Santiago Ocampo es Artista plástico de la Universidad de Antioquia. Tiene estudios de posgrado en Historia del Arte. FOTO Julio César Herrera.
    Santiago Ocampo es Artista plástico de la Universidad de Antioquia. Tiene estudios de posgrado en Historia del Arte. FOTO Julio César Herrera.
hace 4 horas
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Unos cientos de metros más allá de la escuela de la vereda La Palma, de El Carmen de Viboral, está San Antonio, el taller del maestro imaginero Santiago Ocampo Higuita. Allí, en esa casa de dos niveles, de ventanales amplios con cruces grabadas, se han hecho dos piezas que miles de peregrinos contemplan en los rituales de la Semana Santa de Jerusalén. Una es el Cristo del Silencio, que los frailes franciscanos, custodios de los lugares santos, sacan en procesión el viernes santo, siguiendo el recorrido de Jesús en su último día de vida terrenal. La otra pieza es la custodia de la Basílica del Monte de los Olivos. (Esta última está en Medellín, a la espera que los vientos de guerra en la región de oriente medio se aplaquen).

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Artista plástico de la Universidad de Antioquia, Santiago hizo estudios de posgrado en Historia del Arte. Esa formación le permite vislumbrar la relevancia que tiene para su carrera el hecho que sus creaciones estén en la ciudad santa para los cristianos, los judíos y los musulmanes. Pongamos de ejemplo el anterior cristo, que cumplió su misión por casi tres siglos, después de ser donado por un monarca europeo a los franciscanos. Más allá del contenido simbólico que tienen para millones de creyentes, ese cristo es un trozo de la historia de Jerusalén. Aunque nadie conoce el futuro, es altamente probable que la obra de Santiago adquiera un valor semejante.

La formación del artista

Rodeado de sus creaciones –santos, cristos sangrantes, vírgenes compungidas por el dolor o flechadas por la luz–, Santiago cuenta que, siendo niño, para él entrar a una iglesia le producía una sensación similar al del éxtasis. Dice que a lo largo de los siglos el arte sagrado ha tenido una doble función. Por un lado, le enseñó a los iletrados los misterios de la fe y las historias sagradas. También tuvo el poder de elevar el espíritu, una característica del arte clásico. Su formación de artista se afianzó en iglesias, museos y lugares del valor histórico del Cementerio San Pedro. “Siempre he ido a los lugares donde hay arte clásico o arte religioso”, dice Santiago.

¿Cómo fue tu experiencia al entrar a la universidad?

“Yo entré a la universidad pensando que allí iba a encontrar una formación artística clásica. Creí que allí iba a encontrar talla en madera, talla en mármol, pintura clásica, retrato, pero fue todo lo contrario”.

¿Y qué encontraste?

“Empecé a encontrar clases de performance, fotografía y otros caminos del arte contemporáneo”.

Santiago dice que su proceso creativo surge de una fusión entre técnicas clásicas y materiales modernos para dar vida a sus obras. Su estilo integra elementos contemporáneos (resina, fibra de vidrio y prótesis dentales), y con ello actualiza la estética tradicional de las piezas. Dicha exploración formal es el resultado de una formación en múltiples talleres, donde adquirió conocimientos de maestros pintores, ceramistas y expertos en yeso.

Las mecas del arte religioso

En el oriente de Antioquia está la mayoría de los talleres de artistas que surten a las iglesias y a los coleccionistas de la región. Según Santiago, los espacios dedicados a esta labor están en Marinilla y El Carmen de Viboral. Al menos, estos talleres trabajan piezas originales. Existen talleres enfocados en la reproducción seriada de imágenes en yeso, más cercanos a la producción comercial que a la creación artística desde cero.

Este panorama contrasta con la riqueza histórica del arte religioso en la región. Uno de los referentes para los imagineros es el museo de arte religioso de Rionegro, que alberga esculturas y pinturas de diversas tradiciones, desde imaginería española hasta arte quiteño, ecuatoriano y peruano. También existe en el gremio un respeto acentuado por las obras de Rómulo Carvajal y Constantino Carvajal, artistas que despertaron la curiosidad de estudiosos por fuera de lo sagrado.

Esa tradición de modelos creo una estética reconocible en parroquias y espacios religiosos. En este contexto, la iglesia se convierte en uno de los principales escenarios de contacto con el arte para la población, especialmente en municipios donde los museos y galerías son escasos.

Para muchos antioqueños, la relación con el arte religioso, en muchos casos, comienza desde la infancia. La experiencia del ritual —el incienso, la música, la iluminación, la escenografía litúrgica— propicia una aproximación estética que trasciende lo doctrinal. En entornos marcados por las celebraciones de la Navidad, la Semana Santa o las fiestas patronales, el arte sacro se integra a la vida cotidiana, incluso en contextos familiares y barriales. Por eso, en tantas casas y barrios hay réplicas de la Virgen del Carmen, de María Auxiliadora, de San Antonio de Padua o de San Benito.

Dentro de la imaginería, existen distintos tipos de piezas. Las llamadas “imágenes de vestir” son articuladas y permiten cambios de vestuario y postura, lo que las hace especialmente útiles en representaciones litúrgicas de la de Semana Santa. Estas figuras, que suelen mostrar únicamente rostro, manos y pies, pueden tener siglos de antigüedad y responden a una tradición barroca orientada al dramatismo y la interacción con los fieles.

Por otro lado, las piezas de bulto redondo o talla completa presentan una anatomía íntegra, con pliegues y vestimentas modeladas directamente en la escultura. Entre ambos extremos se encuentran las técnicas mixtas del encolado, que combina partes modeladas con telas tratadas para reducir costos sin sacrificar naturalidad.

Santiago Ocampo es Artista plástico de la Universidad de Antioquia. Tiene estudios de posgrado en Historia del Arte. FOTO<b> </b>Julio César Herrera.
Santiago Ocampo es Artista plástico de la Universidad de Antioquia. Tiene estudios de posgrado en Historia del Arte. FOTO Julio César Herrera.

El oficio en el taller San Antonio

Santiago detalla el proceso de creación de una escultura, en el que intervienen él y sus tres ayudantes. Todo comienza con el modelado inicial en plastilina, una fase en la que se da forma a la obra. Para una figura de tamaño natural, esta etapa puede tardar cerca de un mes, dependiendo del nivel de detalle. Una vez terminada la pieza, se recubre con una silicona especial que funciona copiando con precisión los detalles, relieves y texturas del modelo original. Sobre esa capa se construye un contramolde en yeso que sirve como soporte estructural. Este armazón externo mantiene la forma del molde de silicona durante el vaciado y garantiza la estabilidad del proceso técnico que permitirá la reproducción exacta de la pieza.

Cuando el molde está listo, se abre y se retira la plastilina, dejando una cavidad interna que funcionará como matriz para la reproducción. En esta etapa, la escultura en plastilina original se destruye y el material se reutiliza. Posteriormente, se cierra nuevamente el molde y se realiza el vaciado con resina o fibra de vidrio, que toma la forma de la figura. Tras el secado, la pieza resultante se somete a un proceso de pulido para eliminar imperfecciones y, en caso de estar compuesta por varias partes, se realiza el ensamblaje final. El proceso concluye con la decoración y pintura, etapa en la que se aplican los acabados estéticos definitivos antes de su entrega.

Debe ser raro hacer obras que muchas personas creen sagradas. Me explico, esos cristos que haces representan a Dios para los creyentes...

“Yo soy un hombre católico y crecí viendo arte religioso. Crecí viendo a las señoras tocar las imágenes y santiguarse al verlas, ¿cierto? Con el tiempo crecí, estudié y entendí que, más allá de una obra de arte que busca evangelizar o contar una historia, yo ya no puedo verle ese otro sentido a la imaginería religiosa. Es muy extraño para mí pensar que ahí está Dios.

Divido esas dos cosas. Esa idea de ver una imagen y sentir la necesidad de orar ante ella o creer que ahí está Dios, es una etapa que ya pasé. Hoy, para mí, es una obra de arte, una obra bella que puede servir para instruir a un niño o a un campesino iletrado. Digamos que ese fue el fin y el origen de estas obras: evangelizar.

Sin embargo, ya superé ese proceso de creer que la imagen es algo más allá de una obra de arte. Tengo fe, voy a la iglesia, pero no me paro ante una imagen más que para admirarla como obra artística. Entiendo que es un tema delicado, porque la gente podría pensar que estoy loco, que hago arte religioso pero no le tengo fe a mi trabajo.

Pero también sería contradictorio pensar que estoy creando dioses, ídolos o objetos con poderes mágicos. Eso no me hace bien como artista”.

El Cristo del Silencio

En 2019, Santiago recibió el encargo de hacer una imagen de Cristo destinada al Santo Sepulcro. La pieza anterior estaba deteriorada debido a su uso constante en un ritual que recrea la crucifixión, descendimiento y sepultura de Jesús en los lugares sagrados.

Durante esta ceremonia, los frailes franciscanos crucifican la imagen en el Gólgota, la descienden y la trasladan a la piedra de la unción, donde se realiza un acto simbólico con aceites, incienso y otros elementos rituales. Posteriormente, la figura es envuelta y llevada al sepulcro, en una escenificación que forma parte de las prácticas litúrgicas más representativas de la ciudad.

Ante el desgaste de la escultura original, los frailes buscaron una nueva imagen que cumpliera con las condiciones necesarias para su uso en este contexto. Santiago cuenta que existía además el interés de que la nueva pieza no proviniera del mismo origen que la anterior, con el fin de diversificar la representación cultural dentro del templo.

La búsqueda se extendió por cerca de dos años en distintos países de América Latina, sin que inicialmente se encontrara una propuesta que respondiera a las expectativas. El objetivo era lograr una imagen que pudiera ser aceptada por las distintas denominaciones cristianas que conviven en el lugar, entre ellas las comunidades griegas, ortodoxas, armenias, siriacas y franciscanas.

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Este carácter interreligioso implicó la definición de especificaciones técnicas y simbólicas para la elaboración de la escultura. Cada grupo estableció criterios que debían cumplirse para permitir que la pieza fuera incorporada en la Basílica del Santo Sepulcro.

Finalmente, el encargo fue asumido por él, que llevó a cabo la obra siguiendo indicaciones precisas de los frailes. La escultura fue donada por una familia colombiana y recibió el nombre de Cristo del Silencio en homenaje a las víctimas del conflicto armado nacional.

En unos años o en unos siglos tu Cristo va a pasar a un museo...

“Exactamente. Yo soy historiador y a veces no quisiera pensar en esa tónica porque siento que tengo todavía una larga vida para seguir produciendo, ¿cierto?”.

¿Y cuánto duró la creación de la pieza?

“Demoré un año haciéndola. Mide 95 cm, pesa 12 kilos. Dentro de la basílica, la procesión dura casi dos horas. Durante ese tiempo, lo lleva un solo fraile. Los frailes me pidieron que la pierna derecha estuviera sobre la izquierda. Además, no quisieron que tuviera demasiada sangre ni fuera hiperrealista”.

La custodia andina

A su vez, la custodia andina irá a la Basílica de Getsemaní. Según los relatos bíblicos, este sitio, ubicado frente a la ciudad antigua, fue el escenario donde Jesús se retiró a orar tras la última cena y fue arrestado tras la traición de Judas.

En la liturgia católica, la custodia es el objeto destinado a exponer la Sagrada Eucaristía, considerada el cuerpo de Cristo. Estas suelen ser elaboradas mediante técnicas de orfebrería y están diseñadas para resaltar la hostia consagrada, con referencias al sol y a la resurrección.

La elaboración de esta pieza representó un cambio en la práctica del taller San Antonio, cuya producción se ha centrado históricamente en la escultura. La creación de la custodia implicó la incorporación de técnicas propias de la joyería y la metalurgia. Para ello, fue necesario articular un trabajo con distintos talleres y especialistas en varias etapas del proyecto, cuenta Santiago.

El diseño fue concebido por Santiago, quien realizó inicialmente cinco bocetos antes de consolidar una propuesta final. Esta fue presentada a un intermediario vinculado a la Tierra Santa, quien se encargó de someterla a consideración de los frailes en Jerusalén. Tras la aprobación, se inició una fase técnica que permitió traducir el concepto en un modelo tridimensional.

En esta etapa participó un escultor digital, que desarrolló la previsualización en tres dimensiones. Este proceso permitió definir las proporciones, peso, materiales y costos de producción antes de iniciar la fabricación. A partir de este modelo digital, se implementaron técnicas de impresión en resina casteable, un método que permite crear piezas con precisión y aptas para procesos de fundición.

Una vez impresos los componentes, estos fueron trasladados a una fundidora, donde se llevó a cabo el vaciado en bronce mediante microfundición. Esta técnica permite reproducir detalles complejos a partir de moldes derivados de modelos impresos, integrando procesos contemporáneos con métodos tradicionales de fabricación.

El proyecto también incorporó la participación de otros oficios especializados. Parte de los elementos decorativos fueron elaborados en Mompox, donde un artesano hizo figuras en filigrana, una técnica característica de esta región. Estos componentes fueron integrados a la estructura principal, conformando una pieza que combina distintos lenguajes técnicos y materiales.

La pieza será enviada a su destino apenas los vientos bélicos dejen de hacer estragos en la región. Mientras esto ocurre, Santiago espera que la gobernación de Antioquia disponga de un lugar para exhibirla. Así los creyentes y los amantes del arte serán testigos de la conjunción del arte y la espiritualidad.

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