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Los productos desechables generan hasta 1,5 kilogramos de contaminación anual por cada mujer en edad reproductiva. Estas son las alternativas.
Con la llegada de las toallas higiénicas desechables, alrededor del año 1895, las mujeres que tenían acceso a ellas ya no tenían que faltar a clases o a la iglesia ni perderse de reuniones o salidas, lo que les otorgó mayor libertad y fue un paso para la revolución femenina. Sin embargo, al ser desechables, con ellas se comenzó también a contribuir a un problema que ahora tiene consecuencias globales: la contaminación ambiental.
Esto se debe a que, en el mundo, 49,5 % de la población son biológicamente mujeres, de acuerdo con el Banco Mundial, lo que equivale a cerca de 3.712 millones de personas. Cada una, sin alguna condición externa, llega a menstruar durante 38 a 40 años al menos cinco días cada mes (2.400 días en total) y se puede cambiar de toallas o tampones al menos veinte veces por ciclo.
Así, mensualmente, y según los mismos cálculos de Unicef, utilizan entre 25 y 35 productos y al año la cifra llega a ascender hasta 300 o 400 que son desechados. Estos pueden tardar en descomponerse...