Juan Pablo Tobón Álvarez, alias Reblujo; y Juan Manuel Lora Quiroz, alias Lora, fueron condenados a 56 años y 9 meses de prisión por el crimen de cinco personas en una finca ubicada en zona rural del corregimiento Tapartó, en Andes (Antioquia), el 16 de febrero de 2021.
La Fiscalía General de la Nación presentó en juicio pruebas orales que dan cuenta de que estos dos hombres, en compañía de otros integrantes del grupo delincuencial autodenominado 'La Oficina', llegaron al inmueble, intimidaron al administrador ya los trabajadores con armas de fuego y cortopunzantes, les quitaron los celulares y los llevaron a los alojamientos, donde los obligaron a lanzarse al suelo.
Puede leer: Antioquia cerró 2025 con 20 homicidios menos, pero con 44 uniformados asesinados, la cifra más alta en 12 años
A una de las víctimas la sometieron a actos de tortura, le cortaron las orejas y le causaron la muerte; mientras que a los demás les dispararon. Cuatro personas fallecieron por arma de fuego y dos más quedaron gravemente heridas.
¿Quiénes son los condenados de ‘La Oficina’?
Por todo lo anterior, un juez penal especializado de Antioquia declaró a Tobón Álvarez y Lora Quiroz responsables de los delitos de homicidio, tentativa de homicidio, concierto para delinquir y fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de fuego, accesorios, partes o municiones, las tres conductas agravadas; y tortura.
Dos semanas después de la masacre, EL COLOMBIANO tuvo acceso a parte del expediente judicial del caso, en el que 10 recolectores de café y empleados de la hacienda narraron los 15 minutos más aterradores de sus vidas.
"Ya estaba acostado, cuando sentí un escándalo de personas que llegaron, una de ellas me levantó de mi cama a la fuerza, ya otros compañeros, y nos pusieron en fila en el alojamiento. Pensé que me iban a matar, porque esos señores estaban muy agresivos. Luego de gritarnos y amenazarnos, nos dijeron que eran seis las personas que matarían. Me quedé mirando para el piso, y escuché varios disparos, pero gracias a Dios ninguno fue para mí", fue el testimonio de uno de los sobrevivientes.
Los sobrevivientes, cuyas identidades se protegen por seguridad, coincidieron en que la tragedia comenzó alrededor de las 9:15 pm Un grupo de por lo menos 10 desconocidos llegó a la vereda La Vela del corregimiento Tapartó, a bordo de motocicletas, que estacionaron en la entrada de la finca La Arboleda.
Abrigados por la oscuridad, caminaron sigilosos hasta el campamento N°5, también conocido como cambuche La Ilusión.
Para saber más, lea esta nota: Los 15 minutos de horror que enlutaron a Andes
Los detalles de la masacre en la finca La Gabriela
Vestían de civil, tenis, prendas negras y grises, y dos tenían camisetas blancas. Su faz estaba cubierta con pasamontañas, y sus dedos acariciaban los gatillos de revólveres y pistolas de 9 mm . Al llegar al sitio se dividieron en dos: un dueto entró a un apartamento pequeño contiguo, y el grupo más grande fue por los trabajadores del cambuche, casi todos procedentes de otros pueblos, en busca del dinero que prometía la cosecha cafetera del Suroeste.
Los dos que entraron al apartamento, encañonaron a uno de los recolectores ya la cocinera. "Nos pidieron que entregáramos los celulares y la plata que tuviéramos. Dijeron que nos quedáramos encerrados en la pieza y revolcaron todo, levantaron colchones, cómodas, llevándose cosas de valor", narró uno de los presentes.
En el cambuche, 14 agricultores se preparaban para dormir, tras la extenuante jornada. Unos vistos en televisión el reality A otro nivel, otros escuchaban por radio el partido de Once Caldas contra Nacional, y el resto se sumergía en conversaciones de WhatsApp. Fueron los últimos instantes de normalidad, antes de que el piso se tiñera de rojo.
“Estaba charlando en mi cama cuando sentí la bulla y que unas personas dijeron '¡levántense todos gonorreas, y miren al piso'!”, recordó uno de los afectados. Los criminales traían en fila a varios empleados que estaban afuera del cambuche y los juntaron con los que permanecían adentro. Les ordenaron que se agruparan en un rincón y se tenderían en el suelo, sin levantar la mirada, “¡o los matamos!”.
Los agricultores quedaron estáticos y temblorosos, junto a los 25 camastros del lugar , mientras los verdugos caminaban entre ellos. Les arrebataron los celulares, plata en efectivo, cadenas y anillos.
Los invasores gritaban impropios, indagando por el desfile de una droga. “¿Qué están buscando? Aquí no es”, les replicó con valentía Alejandro Benítez Osorio (“La Quiña”), agricultor de 31 años, residente en el barrio Buenos Aires de Medellín.
La represalia fue brutal. Cuatro de los bandidos lo sometieron a golpes y uno de ellos, blandiendo un cuchillo, se encarnizó. “Empezó a darle puñal, lo torturaban para que dijera quién tenía el vicio, y le mocharon una oreja. Le gritaban: ‘Gonorrea, le dijimos que no se metiera con nosotros’”, detalló un campesino. Los alaridos de Benítez hacían rezar a los demás, hasta que el subyugado, atormentado por tanto dolor, pronunció: “El negro”.
El filo se hundió en su pecho y un disparo hizo eco en el alojamiento. El muchacho de Buenos Aires cayó sin vida.