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Así ha votado Antioquia en las elecciones presidenciales del siglo XXI

El departamento ha sido el bastión más sólido de la derecha colombiana, con un voto presidencial marcado por el predominio conservador y el uribismo. El próximo domingo, sin embargo, ese caudal llega fragmentado entre 2 candidatos.

  • Iván Duque, Juan Manuel Santos, Álvaro Uribe y Rodolfo Hernández, algunos de los candidatos que se han impuesto en las elecciones presidenciales en Antioquia durante las últimas décadas. FOTO: El Colombiano
    Iván Duque, Juan Manuel Santos, Álvaro Uribe y Rodolfo Hernández, algunos de los candidatos que se han impuesto en las elecciones presidenciales en Antioquia durante las últimas décadas. FOTO: El Colombiano
hace 40 minutos
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Antioquia ha sido uno de los departamentos más predecibles del mapa electoral colombiano en las elecciones presidenciales de ese siglo. Con el 13% del censo electoral del país, la región se consolidó como el bastión de la derecha durante las últimas seis elecciones, sin embargo, aunque el mapa antioqueño no ha cambiado de color en dos décadas, la izquierda ha crecido de forma sostenida en los últimos ocho años.

Tres patrones emergen con claridad de estos veinte años de datos. Primero, Antioquia es el departamento donde la izquierda parte con mayor desventaja estructural del país. El techo de Petro en primera vuelta pasó del 3,8% en 2010 al 24% en 2022, un crecimiento real pero que lo mantiene lejos de las mayorías en el departamento.

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Segundo, cuando la derecha se presenta fragmentada en primera vuelta, se ha reagrupado en segunda con una disciplina mayor que en el resto del país. El salto de Rodolfo Hernández del 18,4% al 66,1% en 2022 es el ejemplo más contundente. También lo confirma la elección de 2014 cuando el uribismo le dio la espalda a Santos y Óscar Iván Zuluaga pasó del 39,6% en primera vuelta al 57,8% en segunda.

Tercero, si bien el centro —representado en parte por Mockus en 2010 y por Fajardo en 2018 y 2022— ha tenido participación en Antioquia, no logra traducirla en segunda vuelta y su electorado migra mayoritariamente hacia la derecha antes que hacia la izquierda.

“Es uno de los departamentos que sigue teniendo una forma de expresión política tradicional conservadora”, opinó Néstor Julián Restrepo, profesor de Eafit y doctor en comunicación política. “Creo que la política en Antioquia no se ha movido en comparación con lo que está pasando en el resto del país donde los ciudadanos cambiaron la forma de entender la política y la participación política”, dijo.

Veamos cómo se movieron las seis elecciones presidenciales en este siglo.

El ciclo uribista

El piso sobre el que se construye cualquier lectura electoral antioqueña en este siglo es el uribismo. En 2002, Álvaro Uribe obtuvo el 66,2% de los votos del departamento en primera vuelta. En 2006 esa cifra subió al 71,1%, la más alta registrada por un candidato en el departamento en el período analizado y cuatro veces la votación que obtuvo Carlos Gaviria Díaz, candidato presidencial por el Polo Democrático Alternativo. Los casi 280.000 votos que alcanzó el exmagistrado Gaviria fueron la votación más alta de la izquierda hasta 2022.

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Los dos resultados de Uribe en 2002 y 2006 fijaron un estándar y establecieron a Antioquia como bastión del centro-derecha.

Infográfico
Así ha votado Antioquia en las elecciones presidenciales del siglo XXI

La era post-Uribe

Con Uribe fuera del tarjetón presidencial, la derecha antioqueña se redistribuyó sin perder el dominio. En 2010, Juan Manuel Santos —todavía leído como heredero del uribismo— logró en Antioquia el 45,4% de los votos en primera vuelta y arrasó en segunda con el 71,2%, cifra que solo se explica por la concentración de votos de otras corrientes.

Su rival, Antanas Mockus, obtuvo apenas el 24,2% en la segunda ronda pese a haber llegado segundo en la primera con el 20,9% de los sufragios en el departamento, lo que indica que en Antioquia el voto de centro y centroizquierda no migró hacia él con la misma fuerza que en otras regiones.

En 2014 la tendencia se consolidó, pero con un giro: el uribismo ya no apoyaba a Santos sino a Óscar Iván Zuluaga, quien ganó la primera vuelta con el 39,6% y la segunda con el 57,8%. Santos, el presidente en ejercicio que buscaba la reelección, solo obtuvo el 16,2% en primera vuelta en Antioquia —una señal contundente del distanciamiento entre el departamento y el proceso de paz que él lideraba— y el 35,7% en segunda, pese a ganar la elección nacional.

Las elecciones del 2018 y el 2022

La elección de 2018 introdujo una variable local relevante: Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquia, obtuvo el 29% de los votos en primera vuelta, su mejor resultado en el departamento y una señal de que el centro tenía base propia en la región. Iván Duque ganó en la región con el 54,6%, una cifra sólida aunque inferior al pico uribista de 2006. Gustavo Petro se quedó en el 9,4%.

En segunda vuelta la derecha marcó su predominio en el departamento con el 76,8% de los votos para Duque; Petro subió al 23,1% de la participación en Antioquia, su techo hasta ese momento.

La elección de 2022 es la más reveladora del período. Petro confirmó su participación en Antioquia con el 24% en primera vuelta, una señal de que su base electoral en el departamento creció, aunque seguía siendo minoritaria.

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Federico Gutiérrez, el candidato de la derecha con mayor arraigo local, ganó en la primera vuelta en la región con el 48,8%, aunque en el total nacional no le alcanzó.

La segunda vuelta, sin embargo, mostró algo más interesante que los porcentajes de Petro: el voto antiizquierdista antioqueño se movilizó masivamente hacia Rodolfo Hernández, quien pasó del 18,3% en primera vuelta al 66,1% en segunda con más de 1.822.000 votos. Petro subió del 24% al 33,9% (unos 700.000 votos), un crecimiento notable que reflejó la consolidación de su voto duro y la llegada de votos de centro.

Legislativas, último antecedente

Las elecciones legislativas de marzo consolidaron una reconfiguración política en Antioquia que se venía gestando desde hace 16 años. Los resultados electorales evidenciaron el surgimiento de una dinámica similar al bipartidismo del siglo XX, pero estructurada bajo dos polos ideológicos modernos y opuestos: la derecha, liderada por el Centro Democrático (CD), y la izquierda, representada por el Pacto Histórico (PH).

Ambas colectividades crecieron un 75% en comparación con los comicios a la Cámara de 2022, polarizando el mapa electoral y reduciendo a una participación residual tanto a los partidos tradicionales como al centro político.

El Centro Democrático afianzó su hegemonía regional al prácticamente duplicar su caudal electoral, escalando de 424.000 a un récord histórico de 742.000 sufragios para la Cámara. Territorialmente, el partido de Álvaro Uribe se impuso en 68 de los 125 municipios del departamento.

Por su parte, el Pacto Histórico se erigió sólidamente como la segunda fuerza política de Antioquia al rozar los 400.000 votos, superando al movimiento Creemos de Federico Gutiérrez. Además de mantener sus enclaves históricos en Urabá y Bajo Cauca, la izquierda expandió significativamente su base hacia los centros urbanos del Valle de Aburrá y el Oriente cercano, zonas que concentraron el 73% de sus apoyos.

En contraste, el histórico poder de los partidos Liberal y Conservador se desplomó drásticamente. En 2010, estas colectividades dominaban el espectro con 11 de las 17 curules antioqueñas a la Cámara; sin embargo, en esta jornada tocaron fondo logrando apenas cuatro escaños en conjunto. Analistas atribuyen esta caída libre a la falta de claridad programática y a las posturas ambiguas de sus congresistas frente al Gobierno Nacional, lo que provocó un castigo por parte de los electores.

Expertos explican que el éxito del CD y del PH radicó en la disciplina de bloque, el uso estratégico de listas cerradas y en convertirse en “atajos cognitivos” efectivos, ofreciendo posturas ideológicas claras y definidas que el ciudadano identifica con facilidad. Como consecuencia directa de este choque de trenes, el denominado “centro político” quedó completamente desdibujado y sin alternativas reales de poder en el departamento.

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