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Piden investigar graves quejas sobre atención a los “abuelos” a cargo de la Alcaldía de Medellín

Hay alarma con la Colonia de Belencito, en donde vieron ancianos con las manos amarradas a las camas.

  • Así ha sido el cambio de don Ramón Ramírez Ciro, de 74 años, durante los últimos meses. La primera fue en mayo de 2021, la segunda en diciembre de ese mismo año y la tercera el 15 de octubre de 2022. FOTOS Cortesía
    Así ha sido el cambio de don Ramón Ramírez Ciro, de 74 años, durante los últimos meses. La primera fue en mayo de 2021, la segunda en diciembre de ese mismo año y la tercera el 15 de octubre de 2022. FOTOS Cortesía
  • Según las quejas, la atención habría desmejorado en la Colonia de Belencito. FOTO Juan Antonio Sánchez
    Según las quejas, la atención habría desmejorado en la Colonia de Belencito. FOTO Juan Antonio Sánchez
  • En la visita a la Colonia de Belencito vieron a varios adultos mayores inmovilizados. FOTO Cortesía
    En la visita a la Colonia de Belencito vieron a varios adultos mayores inmovilizados. FOTO Cortesía
Publicado el 23 de octubre de 2022

La lucidez le alcanza a Ramón Ramírez Ciro, a sus 74 años, para decir que se siente mal, “como muy entumido” y solo. También, para quejarse porque está solo en una habitación de un lugar que no reconoce. Ese lugar es la unidad hospitalaria de Metrosalud de Santa Cruz, comuna 2, a donde lo llevaron el pasado 18 de octubre y donde inicialmente estuvo aislado por una infección que le siguen atendiendo.

Desde el pasado viernes le permitieron recibir visitas, pero no es que tenga mucha gente que vaya a verlo. No tiene familia, ni hogar, ni fuente de ingresos. Un accidente lo obligó a dejar el trabajo y ha pasado los últimos seis años en hogares geriátricos de la red de atención a personas mayores, Amautta, de la Alcaldía de Medellín. “Yo tengo epilepsia, no puedo salir mucho a la calle, si convulsiono y no hay nadie que me ayude, me puedo morir”, cuenta, acostado bocarriba, con varias sondas conectadas a su cuerpo.

Esa lucidez parece mezclarse por momentos con desorientación cuando habla de la muerte de su esposa, de su pasado como embolador de zapatos en La Alpujarra o del accidente que tuvo. En su soledad sonríe cuando le hablan de Sandra Delgado Pérez, una abogada que se convirtió como en su hija, aunque no los una la sangre.

Según las quejas, la atención habría desmejorado en la Colonia de Belencito. FOTO Juan Antonio Sánchez
Según las quejas, la atención habría desmejorado en la Colonia de Belencito. FOTO Juan Antonio Sánchez

Ella ha figurado como responsable de Ramón en esos hogares geriátricos y hoy sufre, indignada y adolorida, la situación que asegura está viviendo él en la Colonia de Belencito, la principal sede de larga estancia de la Alcaldía para atender a personas mayores que sufren abandono, desamparo, enfermedades y pobreza, entre otras vulneraciones a sus derechos.

Queja y demanda en curso

Antes de junio pasado, Ramón estaba en un hogar geriátrico de San Cristóbal, a donde llegó porque la Personería le gestionó un cupo, hace unos seis años, tras rodar por unas escaleras mientras hacía su trabajo de lustrabotas.

Era muy reconocido en los edificios de la Rama Judicial de La Alpujarra, donde lustró zapatos por 25 años. Sandra y otros trabajadores del lugar le daban el desayuno y algo de dinero. Cuando tuvo el accidente, ella lo acompañó al hospital y quedó pendiente de él desde que llegó a San Cristóbal, donde dice que era feliz.

Todo cambió, asegura Sandra, a finales de junio, porque ese hogar tuvo que entregar a los adultos mayores que cuidaba para que los trasladaran a la Colonia de Belencito. Esto, porque en la administración de Daniel Quintero hubo cambio de operador en el último contrato adjudicado para atender a las personas mayores, un proceso polémico y criticado desde la licitación hasta por veedurías nacionales.

La abogada supo que las cosas no iban bien cuando fue a la Colonia a visitarlo, en julio, y no pudo entrar porque no era un horario permitido. Pero, según relata, tampoco le dijeron cómo estaba, pese a que varias veces llamó a preguntar por él. Incluso, supo que en agosto estuvo hospitalizado, al parecer por la epilepsia, y nadie la llamó a contarle.

Hoy tiene la convicción de que el traslado habría desmejorado la salud de Ramón. Y resulta paradójico porque, a lo largo de los años, la Colonia ha sido tal vez la mejor sede de la Alcaldía para esta población.

El sábado 15 de octubre lo visitó con otras personas que coincidieron en que lo vieron más flaco, desanimado, sin su cajita de dientes, “como adormecido” y deteriorado. No encontró respuestas. El martes 18 le avisaron que Ramón fue hospitalizado en Metrosalud.

Preocupada, Sandra fue donde el concejal Luis Bernardo Vélez, quien señala que ha recibido varias quejas, desde mediados de año, sobre presuntos manejos inadecuados de la Colonia de Belencito. Para él, se podría estar materializando la preocupación de haberle entregado a un operador (consorcio Unidos por el Adulto Mayor) con poca experiencia en atención a adultos mayores un millonario lote por $17.049 millones, adjudicado en junio pasado, pese a múltiples alertas que hicieron.

“Los tenían amarrados”

Según Vélez, varias quejas las ha conocido la Personería de Medellín, por lo cual visitaron la Colonia el pasado miércoles. Lo que vieron los dejó inquietos, sorprendidos y tristes.

“Trasladaron a unas 40 personas de otros hogares a la Colonia y, de junio para acá, empecé a recibir denuncias de maltrato y mala atención en salud. Fui con la abogada Sandra y con la Personería, y encontramos que hay unas 102 personas, la mayoría muy ancianas, diagnosticadas con enfermedad mental. En el pabellón psiquiátrico el manejo que tienen es inmovilizarlos, amarrarlos de manos a la cama. Lo digo, como médico que soy: no tienen un manejo adecuado de personas mayores con enfermedades mentales”, anota el concejal.

Lea también: Nueva alerta en licitación para contrato de adultos mayores que se adjudicaría hoy

Además, Sandra se extrañó, porque justo en ese pabellón tenían a Ramón, tal vez por su epilepsia. Y no cree que él deba estar allí porque siempre ha sido de un fácil manejo. Le causó mucho dolor, además, encontrarse con otro señor que estuvo con Ramón en San Cristóbal. “Estaba amarradito y cuando le pregunté por qué me dijo que creía que se había portado mal”, relata la mujer.

“Hay que decir: no soy un animal, soy un cristiano... Cogieron el vicio de amarrarlos aquí en las manos y todo”, expresa Ramón. Aunque es posible que el manejo de algunos pacientes psiquiátricos requiera inmovilización, el concejal y la abogada opinan que debe ser en casos excepcionales. La otra queja que le llegó a Vélez es que a la Colonia le faltaría personal para atender al número de beneficiarios, que hoy estaría en unos 290. Sin embargo, asegura, “un solo médico que va semanal puede atender a unos 14 o 15”.

Algunos trabajadores del Equipo de Personas Mayores (Amautta), que depende de la Secretaría de Inclusión Social, hoy a cargo de Santiago Preciado, están detrás de esas quejas, dice Vélez, en especial quienes saben cómo era la atención antes de junio.

En la visita a la Colonia de Belencito vieron a varios adultos mayores inmovilizados. FOTO Cortesía
En la visita a la Colonia de Belencito vieron a varios adultos mayores inmovilizados. FOTO Cortesía

De hecho, EL COLOMBIANO conoció el testimonio de un profesional que cuenta que a la Colonia de Belencito da tristeza ir porque el trato a los adultos mayores habría cambiado, incluso, en aspectos tan básicos como pasar por su lado y no saludarlos con calidez o conversar con ellos. Dice que varios empleados se sienten inconformes con los manejos del operador actual y reconocen que esto se debería, en gran parte, a que no es experto en atención a esta población. Cuentan que hay hogares de la red de larga estancia, pese a estar bajo el mando de ese operador, hacen todo lo posible para mantener su sello de atención, que a lo largo de décadas han brindado, cuando podían participar en las licitaciones para quedarse con los contratos (ver Paréntesis).

Quienes no están de acuerdo con la ejecución del contrato piden que los organismos de control comiencen indagaciones rápido para determinar qué está pasando y la veracidad de las quejas. Justamente, Sandra presentará una queja formal esta semana y piensa también en una denuncia, pues aunque sabe que los años no vienen solos y traen enfermedades y deterioro, el de él le parece que se aceleró desde que lo trasladaron.

Lea también: El drama de los adultos mayores que no encuentran cupo en hogares geriátricos de la Alcaldía

Esta situación la predijeron desde mayo pasado algunos directores y empleados de hogares geriátricos que se quedaron por fuera de la nueva licitación, pues sus músculos financieros no eran competitivos para cumplir las condiciones de la Alcaldía. Dijeron entonces que temían que a los “abuelos” los sacaran de los lugares donde ya se sentían como en familia.

Este medio consultó a la Personería de Medellín sobre los hallazgos en la visita a la Colonia, las denuncias que han recibido y las acciones que van a emprender. Pese a que desde el área de comunicaciones gestionaron la información, las respuestas no llegaron. Por su lado, fuentes anónimas de la entidad afirmaron que el tema es tan grave que lo están tratando con suprema delicadeza. La Alcaldía de Medellín, que debe garantizar la supervisión del contrato, tampoco respondió.

Sandra seguirá buscando respuestas y espera que las instituciones se tomen en serio el caso, mientras que Vélez mantendrá la lupa puesta en el programa. Y Ramón espera sentirse tranquilo y mejorar su salud.

“Yo soy montañerísimo, casi no leo ni escribo, pero no soy bruto. Si a mí me explican, entiendo las cosas, donde estoy no tengo dientes ni abajo ni arriba, estoy como un hijo pródigo”, dice desde la unidad hospitalaria donde han hecho todo lo posible para que se recupere

Contexto de la Noticia

Paréntesis ¿Cómo fue la licitación y adjudicación?

En la licitación las entidades sin ánimo de lucro que históricamente ejecutaron programas de adultos mayores no pudieron participar porque la Alcaldía unió en dos lotes todos los programas, por $26.135 millones (el 1 de $9.086 millones y el 2 de $17.049 millones). La primera alerta fue porque modificó un requisito y estableció que los interesados debían acreditar un capital de trabajo del 10% del presupuesto total del contrato, lo que para el lote 1 eran unos $930 millones y para el 2, $1.700 millones. Tanta plata, al ser sin ánimo de lucro, no la tenían; muchas, pero muchas organizaciones no pudieron competir. El consorcio Unidos por el Adulto Mayor se presentó a los dos lotes: en el 1 compitió con dos oferentes más, pero en el 2 fue el único. La segunda alarma se encendió en la etapa de evaluación de propuestas, porque muchos consideraron que se habría amañado la licitación en el lote 2. El 1 fue adjudicado sin problemas, pero el 2 fue polémico y se pidió que lo declararan desierto porque Corpocemped, una de las dos entidades que conforman el consorcio Unidos por el Adulto Mayor, no habría entregado a tiempo un certificado incluido en el listado inicial de requisitos habilitantes del pliego de condiciones definitivo, según aseguraron varios interesados. Las críticas empeoraron porque, por fuera del cronograma de licitación, le dieron tiempo a Corpocemped para subsanar el requisito y hasta se elevó consulta a la Gobernación de Antioquia, pese a que en esa misma licitación, pero para el lote 1, un oferente fue rechazado porque no cumplió un requisito similar. La Veeduría Centro Nacional de Investigación alertó a la Alcaldía sobre presuntas irregularidades, pero el 15 de junio, se lo dieron al mencionado consorcio. Y aunque desde la Alcaldía siempre dijeron que no amañaron nada y actuaron con transparencia, este lote siempre ha estado bajo dudas.


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