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El ojo de poeta está matando los árboles del Oriente antioqueño

Se estima que ha invadido más de 3.000 hectáreas, asfixiando bosques y especies nativas. Controlarlo es una prioridad que exige la participación de la ciudadanía.

  • El uso del ojo de poeta para adornar fincas agravó la problemática en los últimos años, sobre todo en el Oriente. FOTO esneyder gutiérrez
    El uso del ojo de poeta para adornar fincas agravó la problemática en los últimos años, sobre todo en el Oriente. FOTO esneyder gutiérrez
  • El ojo de poeta está matando los árboles del Oriente antioqueño
Publicado el 05 de agosto de 2022

Todavía no se sabe con plena certeza cuándo llegó el ojo de poeta (Thunbergia alata) a Colombia y al departamento, pero sí se sabe por qué la trajeron: para combatir el miedo.

El médico y geógrafo Manuel Uribe Ángel lo dijo primero que todos en 1885, al advertir que esa planta, que en ese entonces se conocía como “la colombiana”, realmente era un símbolo de la colonización.

El ojo de poeta, cuyos presuntos orígenes están en Islas Mauricio, en África Oriental sobre el Océano Índico, fue traída por españoles que, tras llevarla a Europa siglos atrás, tenían clara su utilidad ornamental y la usaron como aliada para arrasar bosques y montañas, y sustituir la biodiversidad que tanto los atemorizaba con paisajes homogéneos.

Hoy el ojo de poeta sigue siendo una amenaza contra la riqueza natural nativa y particularmente en el Oriente antioqueño está matando árboles y asfixiando a sus bosques andinos. Cornare estima que al menos 3.000 hectáreas en la subregión están invadidas, principalmente en el altiplano del Oriente antioqueño.

De acuerdo con el biólogo David Echeverri, coordinador del Grupo Bosques y Biodiversidad de Cornare, fueron varios factores los que desencadenaron esta amenaza.

Por un lado, sus capacidades de “súper planta” le facilitan su crecimiento en climas entre templados y fríos con una alta capacidad de dispersión; trepa y coloniza cualquier especie vegetal.

Por esta razón –explica Echeverri– ahoga el follaje de las demás especies y les impide que la radiación solar llegue hasta ellas. Con el proceso de fotosíntesis interrumpido los árboles y plantas se estancan hasta que mueren o quedan mutilados y fracturados por el peso de esta planta, cortando así la floración y producción de frutas y semillas, un efecto en cadena que afecta aves e insectos que se alimentan de estas.

La ciudadanía tiene una alta responsabilidad en este lío. Durante décadas usaron el ojo de poeta para cercas vivas y adornar sus predios. Hasta se llegó a vender en viveros.

El punto de quiebre para entender que el ojo de poeta no era la bella planta que la gente veía sino un “parásito” que devoraba especies nativas llegó en 2010, cuando el Instituto Humboltd la incluyó entre las 100 especies invasoras más peligrosas del país, una especie de cartel de los más buscados con el propósito de convocar a entidades, academia y ciudadanía en una lucha frontal para enfrentar estas amenazas.

Desde entonces Cornare asumió el liderazgo, junto con la academia y la ciudadanía, para empezar a erradicar el ojo de poeta de los paisajes del Oriente. Dice Echeverri que la medida más efectiva hoy es la pedagogía. Por eso pasan cientos de horas educando a la población para que eviten el uso de esta planta para jardinería.

También realizan extensas jornadas de erradicación manual de plantas y raíces, tras lo cual ponen los residuos al aire libre para fumigarlos con herbicidas tipo 3. El ojo de poeta no puede quemarse en potreros porque el fuego facilita la dispersión de sus semillas.

Antonio Cano, un productor agroecológico en Marinilla, señala que los propietarios de fincas de recreo y parcelaciones tienen una alta responsabilidad para ayudar a controlar el avance de esta especie, pues señala que el crecimiento urbanístico fue un factor detonante para la expansión del ojo de poeta.

“Si los propietarios, con machete y pala en mano, no nos ayudan a controlar este problema que agravaron por su deseo de embellecer sus casas y linderos, en unos años vamos a tener una crisis ecológica difícil de revertir”, insiste Cano.

Juan Felipe Zuleta Valencia

Soy periodista porque es la forma que encontré para enseñarle a mi hija que todos los días hay historias que valen la pena escuchar y contar.


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