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La iglesia de Manrique necesita una mano salvadora

Varios lienzos y frescos sufren deterioro y el párroco busca recursos para su restauración.

  • Catorce cuadros y cuatro murales de la parte interior del templo sufren los embates de la humedad y el paso del tiempo, que suma cien años desde que se inició la construcción de la iglesia y el convento. FOTO manuel saldarriaga
    Catorce cuadros y cuatro murales de la parte interior del templo sufren los embates de la humedad y el paso del tiempo, que suma cien años desde que se inició la construcción de la iglesia y el convento. FOTO manuel saldarriaga
  • La iglesia de Manrique necesita una mano salvadora
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10 de julio de 2022
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El templo del Señor de las Misericordias de Manrique es un lujo. Basta con mirar su torre, que a lo lejos se ve imponente con adornos, arabescos y un gris que contrasta con el colorido de la comuna, cuyas casas se van elevando a lo alto de la montaña. Al pasar por su lado es difícil evitar entrar y, por lo menos, echarse una bendición o rezar un Padrenuestro como excusa para admirar su belleza interior. Tiene 90 años de inaugurado y 101 de haberse iniciado su construcción. La torre se levantó 10 años más tarde, según relatos hallados sobre el tema. Mide 60 metros de alto.

“Es una torre que se impone sobre el edificio, acentuando su impacto con un cambio de material y de color. Está realizada sobre una estructura de vigas en concreto que conforman un hexágono en la base y se unen en su parte superior, rematando en una cruz. Produce una gran apariencia de ligereza debido, ante todo, a su complejo tejido de calados en concreto, que producen el efecto de una delicada filigrana. Posee todo un repertorio adicional de torrecitas, pináculos y elementos de remate y formas decorativas exteriores, que enfatizan esta imagen de ascensión que parece constituir el principal motivo de la imagen del templo”, se lee en la transcripción del texto La iglesia de Manrique, elaborado por los estudiantes de sexto semestre de la Universidad Nacional, seccional Medellín, Mario Adolfo Mejía, Ana María Pereira y Mauricio Ramírez.

Pero el paso del tiempo, implacable, le ha ido pasando factura a sus reliquias e imágenes. No es fácil mantener al pelo una iglesia como esta, que fue declarada monumento religioso, cultural y patrimonial de la ciudad en 1999.

Entre las obras de colección hay 14 óleos sobre lienzo que representan el Viacrucis de Jesús y cuatro frescos en los muros que recrean escenas de Santa Teresa de Jesús, la patrona de los carmelitas, que son los dueños y constructores del templo, y de la vida de Cristo.

Estas pinturas son las que más deterioro presentan y el padre actual, Luis Enrique Orozco, que llegó a la parroquia en 2020, tiene la intención de que se recuperen o se restauren, pues hacen parte del conjunto patrimonial y si no se actúa a tiempo, después podrían ser irrecuperables.

Sin embargo, una dificultad para este proceso estriba en que se desconoce el autor. Un feligrés de la zona, quien llamó la atención sobre el deterioro de los cuadros y los frescos, asegura que fueron pintados por el maestro antioqueño Pedro Nel Gómez.

El padre Orozco duda de esta versión: “En lo que llevo acá nunca había oído que fueran pinturas del maestro”, afirma. Pero añade que si fuera así sería una ventaja, pues más fácil se abrirían las posibilidades de una restauración de las obras. Otro padre carmelita afirma que el autor es un alumno del maestro de Anorí, pero no dice quién.

La iglesia de Manrique necesita una mano salvadora

Para despejar dudas, consultamos a la Fundación Pedro Nel Gómez, que vela por el patrimonio del artista en la ciudad, y tras una indagación preliminar entre el personal de la institución, aseguran que no tienen referenciadas obras del maestro, ni murales ni lienzos, en ninguna de las iglesias de Medellín.

Pero la institución tampoco descartó de plano la posibilidad y anunció una indagación sobre el particular. El maestro Pedro Nel Gómez fue un pintor, especialmente muralista, escultor y arquitecto nacido en Anorí en 1899 y fallecido en Medellín en 1984. Se destacó por pintar escenas tradicionales de Colombia con obreros, campesinos, migrantes y mujeres luchadoras, como protagonistas. No se le menciona mucho en el arte religioso, lo que genera mayores dudas sobre la posibilidad de que estos óleos y frescos sean creaciones suyas.

¿Quién pintó entonces el Viacrucis y las escenas de Santa Teresa que hoy exhibe con orgullo, aunque con preocupación, la parroquia de Manrique?

He ahí una tarea para los estudiosos del arte y en especial del que se oculta en templos como el del Señor de las Misericordias, que figura entre los más importantes y cargados de belleza e historia de la ciudad. Entre tanto, hay una urgencia concreta y que no admite muchos plazos: la intervención de las obras para salvarlas del abandono y el olvido, una tarea que ya empezó.

Estudios de expertos

Hace varios días, el padre Orozco dio el primer paso: descolgó del muro uno de los lienzos, el cual será sometido a análisis para determinar si es factible salvarlo.

“Ya está definida la llegada de unos expertos en arte y restauradores que van a analizar lo que se puede hacer. Han pasado muchos años y se ve mucho deterioro en las obras y esa será su tarea”, cuenta.

El cuadro corresponde a una de las escenas del Viacrucis, el momento en el que Jesús de Nazareth recibe la Cruz e inicia su camino a la muerte.

La iglesia de Manrique necesita una mano salvadora

La pintura es en tonos muy oscuros, por lo que es difícil apreciarla en detalle. No tiene firma y en varios puntos del cuadro la pintura se ha ido desprendiendo y generando espacios blancos en los que queda al descubierto la tela.

“En caso de que sea factible la restauración, esta debería hacerse acá mismo en el templo, sacar los cuadros de este recinto no es sencillo, dado el carácter patrimonial del templo”, advierte el religioso.

Los frescos alusivos a Santa Teresa, como están pintados sobre muros en las naves en arco ojival, de hecho solo pueden retocarse en el recinto mismo. “Hay que levantar andamios y se necesitan seguros para los encargados de la restauración, es algo costoso”, comenta el párroco.

En los frescos es más visible el deterioro, pues están más expuestos a absorber las humedades, que ya dejan su mancha en las pinturas. Son los que más preocupan y los que despertaron la alerta tanto del párroco como del feligrés, que no quiso identificarse y solo nos pidió que averiguáramos.

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Otras intervenciones

Pero las pinturas no son lo único que ha necesitado restauración. De hecho, en 2009 algunas partes del templo fueron sometidas a recuperación, entre ellas la madera del altar y de sus naves. En los años de la pandemia (2020-2021) el padre Orozco aprovechó para “arreglar cositas”, como dice él mismo.

Cuenta que la madera fue inmunizada y que este proceso hay que realizarlo más o menos cada ocho años, para evitar que le dé comején, lo que la haría insalvable.

“El altar tenía una laminilla de oro, pero le cayó un hongo y hubo que retirarla”. También se cogieron algunas goteras que no solo estaban afectando los lienzos y frescos, sino también los muros de la iglesia. Las imágenes en escultura de Santa Teresa de Jesús y San Juan, que hacen parte del conjunto más especial de la parroquia, se restauraron en 2021, puesto que a sus bases de madera ya les había empezado la plaga del comején.

La escultura del Señor de las Misericordias, el patrono del templo, también requiere ser pintada para darle realce.

A los vitrales, que hacen parte de las estructuras que más resaltan, es necesario aplicarles silicona para evitar filtraciones. Otra obra de valor de la parroquia es la Virgen del Carmen.

En general, en cuanto a lo estructural, el templo no tiene grandes problemas. El padre deja entrever que más que todo se requieren retoques y mejoras estéticas, para evitar que en esta obra patrimonial el deterioro coja ventaja.

“En Colombia solo hay cuatro templos de este estilo, que es neogótico: el de Frontino, que fue donde llegamos los carmelitas por primera vez al país; el de Sonsón, el de Palmira y este; son igualitos porque los hizo el mismo arquitecto (el hermano Andrés Lorenzo Huarte)”.

Sobre lo que costaría la intervención, el religioso no tiene cálculos. Afirma que una vez los estudios determinen lo que hay que hacer se empezarán a buscar los recursos, ya sea con empresas, fundaciones, rifas y hasta con el aporte de organismos internacionales, “porque de alguna manera este es un lugar histórico, es un emblema de Medellín y debe dársele toda la fuerza que se merece”, recalca.

El templo, que fue posterior al convento construido por los Hermanos Carmelitas Descalzos, abarca toda una manzana, entre las calles 67 y 68 y las carreras 47 y 48. La construcción de ambos tardó 10 años desde 1921 hasta 1931 y la primera misa se habría celebrado en marzo de 1932.

Esa es la historia. El presente del templo, en lo esencial, aún conserva toda su belleza e imponencia. El futuro es salvarlo. Se busca la mano que emprenda la tarea.

Infográfico
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