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¿Qué sigue para Lulú y qué pasó con su agresor?

  • Lulú encontró quién la adopte y la cuide. FOTO ROBINSON SÁENZ
    Lulú encontró quién la adopte y la cuide. FOTO ROBINSON SÁENZ
  • Coca-Cola, de raza Teckel. FOTO ROBINSON SÁENZ
    Coca-Cola, de raza Teckel. FOTO ROBINSON SÁENZ
  • Hannah, una weimaraner. FOTO ROBINSON SÁENZ
    Hannah, una weimaraner. FOTO ROBINSON SÁENZ
Por Vanesa Restrepo | Publicado el 05 de febrero de 2018
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meses de prisión es la pena máxima contemplada en Colombia por maltrato animal.

En un establo, rodeada de caballos y un poni de apenas dos horas de vida, una cabra de patas rosadas salta al escuchar el sonido de un paquete de galletas. Se llama Lulú y, por su docilidad ante el contacto con humanos, nadie pensaría que hace un año y medio estuvo a punto de morir desangrada en un potrero de Ciudad Bolívar, en el Suroeste de Antioquia, víctima de un acto de crueldad.

Fue en noviembre de 2016. Aunque la justicia no ha podido comprobar lo sucedido, en el municipio los ambientalistas dicen que el dueño de una finca de la vereda La Angostura —a una hora del casco urbano— estaba molesto porque la cabra había invadido varias veces su predio para pastar, razón por la cual habría ordenado a su mayordomo mutilar las dos extremidades anteriores al animal.

“Los vecinos de la vereda la encontraron casi una semana después. No sé cómo aguantó, porque ya hasta las heridas se le estaban infectando, pero sabemos que estuvo arrastrándose y comiendo de lo que había por ahí. Es un milagro que no se haya desangrado”, relata Juan Jiménez Mora, médico veterinario.

Jiménez desde hace varios años es amigo del concejal de Medellín Álvaro Múnera, reconocido por su labor animalista. Al político lo llamó el 1 de septiembre a contarle la historia del rescate de Lulú —que en ese momento ya había sido bautizada por quienes la salvaron— y le pidieron ayuda.

Múnera envió a su conductor con Jiménez para ver en qué podían ayudar. Cuando llegaron al pueblo -a casi tres horas de camino- se les arrugó el corazón. “Quienes la rescataron le pusieron gasas y espumas en los muñones, y le estaban dando antibióticos para la infección. Me impresionó verla caminando apoyada en lo que le quedaba de patas; esas ganas de sobrevivir, de salir adelante”, dice el veterinario.

Entre los rescatistas de Lulú estaba Yuliana Rodas, quien le contó al veterinario que encontraron al animal cuando cayó la noche, atrapada en una especie de hueco y que la localizaron porque la sintieron “llorar”.

Ellos accedieron a que la cabra viajara a Medellín a cambio de que le garantizaran atención médica especializada. Para cumplirlo, Múnera llamó desde su celular a John Didier Ruiz Buitrago, decano de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad CES.

“Estaba en mi oficina cuando me llamaron a contarme la historia. El concejal me dijo que buscaban quién les ayudara con ella, para ver cuál era el pronóstico y qué se podía hacer para salvarla. Él sabe que acá tenemos un compromiso total con el bienestar animal y la salud, entonces asumimos el reto”, recuerda el decano.

La salvación

Lulú llegó en la noche del 1 de septiembre de 2016 al Centro de Veterinaria y Zootecnia que la universidad tiene en las afueras de Envigado y fue recibida por un grupo de expertos, liderado por Felipe Alejandro Gómez Restrepo, médico veterinario y coordinador del área de grandes especies. La mayoría de ellos donaron su tiempo y conocimientos para salvar la cabra.

En la primera revisión encontraron que las heridas estaban infectadas: la piel ya estaba “muerta” y los huesos comenzaban a infectarse. El tratamiento con antibióticos se intensificó para evitar una septicemia -infección en todo el cuerpo que produce la muerte.

Lo siguiente fue operarla. “Tuvo dos procedimientos quirúrgicos, en los cuales se retiraron los segmentos de huesos que estaban infectados, se dejó hueso sano, se retiró la piel necrosada e infectada y se procedió con el manejo de antibióticos y analgésicos hasta que sanara completamente”, explica Gómez.

Lulú resistió la agresividad de los medicamentos y las operaciones y, contra todos los pronósticos, comenzó a recuperarse. Menos de un mes después, ya estaba comiendo bien y cada vez le costaba menos tener contacto con los humanos, pues todos los días recibía la visita de los especialistas y estudiantes.

Entonces llegó el momento de la verdad: una vez salvada, ¿qué podían hacer para mejorar su calidad de vida? Los expertos sugirieron ponerle unas prótesis para que volviera a caminar.

“Ahí volvimos a buscar a la gente. Yo me fui a la Alcaldía (de Medellín) e hice una recolecta entre los secretarios de despacho y el mismo alcalde. Todos se metieron las manos al bolsillo para ayudar a Lulú”, cuenta el concejal Múnera.

Las nuevas manos

Del CES contactaron a Juan Camilo Henao, de la empresa Animal Fix, para diseñar las prótesis. De ese primer contacto con el animal, el diseñador recuerda lo nerviosa que ella estaba mientras le hacían un escaneo en tres dimensiones para saber qué podía ajustarse más a los muñones. Él también estaba ansioso, pues era la primera vez que trabajaban con un animal no domesticado.

Con el resultado del escaneo fabricaron la primera prótesis con impresora 3D del caso y, a partir de ese modelo, se fueron haciendo mejoras. “Hemos hecho cuatro actualizaciones de la prótesis durante casi un año.

Esta modalidad se ha usado en otros casos en el mundo. Por ejemplo, en Arkansas, Estados Unidos, el mes pasado estudiantes de octavo grado terminaron de crear una prótesis para mejorar la vida de un pato de ocho meses que había perdido una de sus extremidades.

De una impresora 3D también salieron las nuevas patas delanteras de Angel Marie, una poni que el año pasado recibió atención de Derric Campana, un ortopedista estadounidense conocido como el “Doctor Dolittle”.

“Después del primer modelo, por el peso y la fisionomía de los muñones entramos a cambiar materiales hasta llegar a estas últimas, que resortan los pasos y se adaptan de una manera ergonómica a ella”, dice Henao señalando las extremidades rosadas de Lulú.

Las prótesis son negras, pues están fabricadas en un acero similar al de los resortes, tratado con sistemas térmicos. Henao explica que también tiene un módulo de elasticidad que absorbe los impactos de cada salto y que está unido a los muñones con un polímero recubierto de neopreno y espuma, materiales que hacen a la prótesis resistente al sol y al clima. Son usados, por ejemplo, en los trajes de buceo para soportar las condiciones del ambiente. El costo aproximado de cada una de las prótesis es de 600 mil pesos.

Hoy, 14 meses después de muchas operaciones, pruebas y ensayos, el animal está listo para ser adoptado oficialmente por el CES. “Nuestro compromiso fue ayudarla a salir de esa fase tan dolorosa. Y lo que queremos con ella es tenerla en la facultad como un símbolo contra el maltrato animal.

La vamos a llevar a eventos públicos y de ciudad, porque lo que queremos es visibilizar que aunque muchas personas son capaces de llegar a extremos de crueldad con un animal, hay muchas otras que se unen para ayudar y salvar”, dice el decano Ruiz.

Contexto de la Noticia

Vanesa Restrepo

Periodista. Amo viajar, leer y hacer preguntas. Me dejo envolver por las historias.

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