RED, de Robert Schwentke

Acción, humor y espionaje con estilo

Por: Íñigo Montoya


En el cine no existen leyes que determinen la forma de hacer buen cine o mal cine. De ser así todas las películas serían obras de arte y/o éxitos de taquilla. Con esta película se puede comprobar esa premisa, pues tiene todos los elementos típicos del cine comercial más gastado y predecible, pero aún así, resultó ser una entretenida y divertida cinta que alcanza a sorprender al espectador.
Es un filme que combina los populares géneros de la acción y la comedia, los cuales siempre resultan difícil mezclar a la hora de mantener la tensión y verosimilitud que requiere la acción, al tiempo que poseer la chispa de gracia que exige la comedia. Esta película consigue tener éxito con dicha combinación sin afectar las cualidades de cada género. Y hablando de géneros, hay uno de ñapa: el cine de espionaje.
Así que tenemos tres esquemas por vía de los géneros: acción, comedia y espionaje. Pero hay uno más por cuenta del argumento: el esquema de “solos contra el mundo”, donde el antagonista es una gran conspiración del gobierno.
Como se puede ver, todo parece conocido y poco original, sin embargo, los realizadores supieron presentar esos elementos de una manera original y divertida. Entre tanto lugar común de sus componentes consiguen hacer unas variaciones ingeniosas y unos giros que sostienen la atención y el interés.
Pero tal vez lo más atractivo de todo es ese reparto de súper estrellas: Bruce Willis, Helen Mirren, Morgan Freeman, Mary-Louise Parker y John Malkovich, todos ellos (un poco menos Willis) interpretando unos personajes, incluso un tipo de cine, en los que nunca se les ve y aquí lo hacen con gran naturalidad y eficacia.
No es una obra maestra, ni entre sus líneas se puede leer el significado de la existencia, pero sí es una cinta que casi cualquier espectador que no tenga prejuicios para con el cine comercial, va a disfrutar y gozar muchísimo.

Los viajes de Gulliver, de Rob Letterman

Hollywood, el anti Rey Midas

Por: Iñigo Montoya

Es cierto que a una película que fue diseñada para ser simple entretenimiento de vacaciones no se le puede pedir mucho, pero la verdad es que hay unas a las que, de acuerdo con ciertas circunstancias, si habría que exigirle un mínimo de nivel y de buen seso.
Esta película, por ejemplo, cuenta con una de las más importantes estrellas de Hollywood de la actualidad (Jack Black), así como con un gran presupuesto y, sobre todo, está inspirada en una de las más celebradas obras de la literatura universal, escrita por el genio lúcido y agudo de Jonathan Swift. Con esos tres elementos, esta cinta no tenía por qué ser el relato banal, de mal gusto y medio tonto que fue.
En primer lugar, tenemos a un Jack Black que lo vemos haciendo el mismo personaje que ha hecho desde Escuela de rock: un adulto superficial e inmaduro que se mueve en el mundo con la pinta y las actitudes de un quinceañero vulgar y egoísta.
Pero lo que más desentona es lo que le hicieron al clásico de Jonathan Swift, un libro que, aunque se cree que es infantil, fue escrito como una aguda crítica a la naturaleza humana y a la sociedad. Esta película, en cambio, desaprovecha todas las posibilidades que brinda el personaje y su aventura para, además de tratar de hacer una cinta divertida y entretenida, crear también un relato inteligente y con un trasfondo, porque lo uno no excluye lo otro (hay que ver el primer Shrek, por ejemplo).
Y es que finalmente todo termina siendo, ni siquiera un relato infantil (que por lo general gozan de unos planteamientos más sólidos) sino una película adolescente, con chistes fáciles, con doble sentido, escatológicos y heroísmos de high school.
De Hollywood sale el mejor cine del mundo, pero también el peor, como en este caso, en el que una obra que es el equivalente al oro en la literatura, el espíritu superfluo y mercantil de la industria la convirtió en basura.

El turista, Florian Henckel von Donnersmarck

Una burla a la inteligencia

Por: Xtian Romero – cineparadumis.blogspot.com

Me estaba resistiendo mucho a escribir algo sobre esta película, era tal el desinfle que motivación no había, además no quería empezar el año con una reseña de esta decepcionante producción, y lo que acrecienta mas este sentimiento, es saber quiénes eran las mentes tras las bambalinas, su director y co-guionista, y pues como mi noble labor es recomendarles buen cine, de hablarles de las películas que mas me gustan, caí en la cuenta que también debería ser la de hablar de las que no han sido de mi agrado, hablar mal de vez en cuando.
Un guion que absurdamente se burla de la inteligencia del espectador, con unos puntos de giro demasiado forzados, demasiado manipuladores y convenientes y un desarrollo argumental lleno de baches e incongruencias, pretendiendo darle un tono thriller al asunto y de repente maquillándolo con toques de humor recurriendo a chistes fáciles, con unas líneas sosas, sin sabor, sin fuerza y muchos clichés cinematográficos, como por ejemplo que metan al protagonista al calabozo donde reposa un ogro que seguro lo hará pasar muy mal. Y que este guion también lo haya firmado el guionista de The usual suspects, un delicioso banquete cinematográfico con uno de los mejores finales que he visto, me desconcierta demasiado.
Pero más desconcertante aun, es que la haya dirigido el mismo que movió la batuta en esa joya fílmica alemana llamada La vida de los otros, ganadora del Oscar en el 2007 a mejor película extranjera. Una puesta en escena básica, simplista, sin espíritu, como si la hubiera dirigido cualquier director de bajo costo gringo. Después de ver su primer film, una cinta tan profunda psicológicamente y tan bien lograda en sus actuaciones queda esperar mucho de este hombre, pero me dejó en una sola pieza al ver esta realización. Tal vez movido por la presión de los estudios norteamericanos, muy seguramente, pero que su talento sea tan desaprovechado, todavía más, espero que se levante de este fracaso y nos vuelva a regalar otra belleza como su opera prima.
Vámonos a sus actuaciones. El gancho de este film definitivamente era esa combinación de estrellas, Jolie-Depp que por supuesto, haría pensar a cualquiera que sería algo bien candente, de hecho este servidor lo pensó, pero lamentablemente, el as bajo la manga, no les funcionó. Depp con sus intentos cómicos no fue capaz de darle vida a un personaje tan mal creado desde la misma escritura del guion; y Jolie, me estresó con su impostada sonrisa de femme fatale durante todo el metraje. Par personajes mal actuados, mal llevados, sin alma, sin que de verdad hagan creíbles sus peripecias y esa supuesta conexión sensual entre ellos dos. No les achaquemos toda la culpa, el conjunto de toda la película es realmente el problema.
¿Qué esto es un remake?, pues sin ver la película original, la francesa El secreto de Anthony Zimmer, estoy completamente seguro que es mil veces mejor, aunque según mis fuentes más confiables, es otra cinta sin ton ni son así que no me interesa pasar mis narices por ahí. Lo único que se puede rescatar de este film es su excelente fotografía que te mostrará majestuosamente dos de las ciudades más hermosas del mundo y su música podría llegar a ser interesante hasta cierto punto, pero se vuelve empalagosa hasta decir no más.

El paseo, de Harold Trompetero

La tarea maluca

Por: Íñigo Montoya

Cada año la misma tarea que hace Dago García al estrenar una película el 25 de diciembre, el cinéfilo colombiano la debe de hacer también al verla. El problema es que cada vez resulta una tarea más tediosa y obligada, porque los tiempos de buenas comedias como La pena máxima o Te busco, ya pasaron. El común denominador en los últimos años ha sido el sentimiento de extrañeza y estupefacción ante lo que este productor, y su director contratado de turno, piensan que es el humor.
El caballito de batalla de la cinta de este año es la road movie, un subgénero que normalmente se presta para  contar historias muy dinámicas y en las que suceden muchas cosas. Pero por dentro de este envoltorio, todo lo de siempre, y de más dudosa calidad cómica, esto es, una familia semi disfuncional pero que también “tiene su corazoncito”, la clase media bogotana como representación del “colombiano común y corriente”, más chistes verbales que visuales (gran error en la comedia cinematográfica) y un humor creado en general a partir de salidas fáciles y populistas.
El hilo conductor, además del viaje, es la verborrea del incomprendido y pusilánime padre de familia, interpretado por Antonio Sanint como si fuera uno de sus números de stand up comedy, cosa que muy pocas veces funciona, sobre todo porque el espectador nunca se identifica cómicamente con él y porque sus chistes casi siempre son clichés o predecibles.
Luego viene sus reforzados giros argumentales, como la reiterada presencia del jefe o el secuestro por la guerrilla zen (!). Es cierto que la comedia puede dar lugar a situaciones absurdas o disparatadas, pero aún así estas deben ser coherentes con una lógica impuesta por la película. Pero no es este el caso y el resultado es todo lo contrario al humor, esto es, el desconcierto y la estupefacción.
Y lo peor llega al final con el final. Un giro meloso y sin ninguna fuerza que deja es aburrido al público que ya está hastiado con ese vaso gigante de crispetas. Entonces todos salimos del teatro y, paradójicamente, una película que no fue hecha para dejarlo pensando a uno, lo pone a pensar, porque es un poco inexplicable esa concepción del humor de quienes, sabemos, conocen la industria, tienen talento y manejan el oficio.
Sin embargo, hay algo que no me deja muy bien parado: que soy uno de los pocos que piensa esto, porque ésta y a sus antecesoras, son películas a las que les va bien en taquilla, y ese –en promedio- medio millón de personas que las ven y se ríen y se carcajean y vuelven al siguiente año y toda la cosa, toda esa gente, seguramente no se pone a pensar en nada de esto.

Las mejores películas del 2010

Diez buenas cintas de una cartelera pobre

Por: Oswaldo Osorio

Es irresistible hacer listas. También es caprichoso, porque nunca habrá dos listas iguales, y un poco inoficioso, pues solo sirven, si acaso, de referente para aquellos que están sintonizados con el gusto y los criterios de quien hace la lista. Este no fue un año particularmente bueno,  sobre todo si se tiene en cuenta que la lista está limitada a las cintas estrenadas en Colombia, o mejor, en Medellín, lo que reduce aún más las posibilidades. Y como se sabe, el noventa por ciento de nuestra cartelera viene de Hollywood y allí el cine por estos tiempos, más que nunca, anda alienado en una carrera de mega producciones, súper héroes y efectos digitales.
Quien quiera ver realmente lo mejor del año, debe echarle un vistazo a las selecciones oficiales de los principales festivales del mundo (Cannes, San Sebastían, Venecia, Berlín y Toronto), a las periferias del cine (China, Irán, Argentina…) y al cine independiente (al verdadero, no al que posa de serlo). Y lo más sorprendente es que casi todo este cine, que es invisible para la oferta comercial nacional, está al alcance de todos, ya sea con los distribuidores piratas de DVD o listos para descargar de la red. Solo hay que saber buscar.
1. Toy story 3. La película pionera de la animación en 3D que en su tercera entrega resulta casi perfecta en todos los aspectos. Una inteligente cinta que logró algo muy difícil: ser tan estimulante para el público infantil como para el adulto.
2. El origen. Ingeniosa historia que supo combinar el efectismo y vertiginosidad del cine de acción con una intrincada trama cargada de complejas implicaciones dramáticas y sicológicas.
3. El secreto de sus ojos. Una historia bien contada, personajes entrañables, un tono emotivo y un poco de todo en su trama.  Lo típico de las que ganan el Oscar a mejor película extranjera. Aún así, es una gran cinta.
4. El imaginario mundo del Doctor Parnasus. Terry Gilliam nunca defrauda. Otro relato suyo donde realidad y fantasía se confunden a partir de cargadas y delirantes imágenes, todo siempre para hablar de las grandezas y miserias del hombre.
5. Micmacs. Una fábula con conciencia social llena de encanto e imaginación. Una combinación de humor, emociones y magia visual, como es propio del universo de Jean –Pierre Jeunet.
6. La muerte del Che. La segunda parte de uno de los retratos más certeros y elaborados que el cine ha hecho sobre el célebre revolucionario. Lo que en la primera entrega fue idealización y gloria, en esta es desencanto e impotencia.
7. Gigante. Un filme tan simple como contundente. Cine del escaso Uruguay que le apuesta a contar, a partir de un realismo cotidiano, una bella historia de amor y soledad.
8. El vuelco del cangrejo. Cine colombiano de autor. Una película cerebralmente planteada, con un estilo propio y orgánico. Una cinta introspectiva y sin concesiones para con el espectador que busque relatos digeribles o mensajes explícitos.
9. Amor sin escalas. Agridulce visión de la vida de un hombre que parece tenerlo todo, contada de forma sutil y reveladora.
10. Solo un hombre. Estilizado drama sobre el dolor de un hombre por una gran pérdida. Todo en esta cinta es contenido y, a la vez, potente: las imágenes, los sentimientos y las ideas.

Cartagena, de Alain Monne

Técnicas para evadir el lugar común

Por: Oswaldo Osorio

Siempre es una grata sorpresa encontrarse con una de esas películas que lo tienen todo para ser un fiasco, pero que saben esquivar los caminos fáciles y terminan siendo obras estimulantes. Eso ocurre con esta cinta, pues sus componentes daban para que fuera una película lugar común y complaciente: historias de amor entre parejas improbables, extranjeros en una ciudad exótica y tropical, triángulos amorosos, la cercanía de la muerte y vidas cruzadas por la tragedia, la poesía y el vicio.
Sin embargo, y a pesar de lo enumerado, su director no explota estos aspectos para sacarle una emoción o una lágrima fácil al espectador. Maneja estos y otros elementos sin ser predecible ni efectista, pues opta por ir despacio y, de manera sugerente, va dibujando a sus personajes con el misterio inicial que los envuelve y el futuro que les espera.
Es cierto que su final no es ninguna sorpresa, puesto que uno lo supone, incluso lo desea –y hasta el afiche ya algo anuncia-, no obstante, el sentimiento que se impone durante el relato es el de la expectativa sobre el origen y naturaleza de esos personajes y sobre la historia que van protagonizando. Es una expectativa que el director sabe crear y luego, de a poco y sin dramáticos giros, nos va develando sus vidas y suministrando respuestas.
Se trata en esencia del encuentro de unas personas que están en el filo de la vida, en especial la pareja protagónica, pero también las otras dos mujeres en los roles secundarios. La expectativa en parte es creada no porque, como generalmente sucede en la ficción, los personajes buscan su redención, sino que aquí no se hace evidente esa heroica pulsión de tratar de cambiar la vida; en lugar de esto dudan, parecen despreciar la existencia o resignarse a la que tienen, y solo en el fondo de sus ojos hay un leve brillo que parece querer lo contrario.
Además, en esa lucha interna de los personajes (que muy poco se manifiesta entre ellos, y eso la hace una película más inteligente), hay una contraposición entre el deseo y un amor que no ofrece más que la platónica cercanía y convivencia. Este pulso entre esas dos fuerzas, que en otros casos se podrían adjetivar como turbulentas, aquí también es llevado con sutileza, sin las grandes escenas de enfáticos sentimientos propias del conflicto entre amor y sexo.
Esta cinta también se pudo haber llamado Casablanca o Guadalajara, porque la ciudad en la que se desarrolla la historia en realidad no importa mucho. Su título original es mucho más acertado, L’homme de chevet, algo así como “el hombre de cabecera”. Igual la presencia de Margarita Rosa de Francisco, que funciona apenas de acuerdo con la exigencia del personaje. No desentona ni deslumbra, como suele ser ella siempre cuando actúa en cine.
En todo caso, es una película que por el azar del lugar en que fue rodada llegó a nuestra cartelera, y que a pesar de que en ella todo podía salir mal, resultó ser una sutil pieza que, con su bajo perfil y sin grandilocuencias, consigue cautivar con el misterio y la naturaleza de sus personajes, así como con lo que resulta de su improbable encuentro.

Tron, de Joseph Kosinski

Tron y la relación con los gamers

Por: José Manuel Vélez

En la mente de todo gamer solo puede haber una gran fantasía: el anhelo y ensueño de fundirse con el gran universo virtual, esa quimera que en el arrobamiento del usuario final y sin moverse de su silla, permite viajar por el infinito e inconmensurable mundo de los bits, las ecuaciones y algoritmos. Una realidad tan maleable y versátil como la mismísima mente de cualquier artista, pero a la vez casi tangible y veraz como cualquier determinación física.
Eso plantea Tron, la nueva película de Disney en formato 3D, o por lo menos es el aspecto que a los gamers puede llevar a conmover. En principio puede parecer una película como todas las demás, con trágicas historias y un drama que a lo mejor no sentiremos muy profundamente. Pero solo es llegar al punto cumbre, donde el “usuario” se introduce en aquel universo sintético, lleno de colorido y de unos aspectos visuales no mas que excelentes en su
representación o recreación, entonces llegará el impacto, el nuevo universo ahora está aquí para salvarnos, cada efecto nos hará recordar el Tron 2.0. que, a pesar de sus desmejoradas gráficas y grandes bugs, es una experiencia memorable.
Quizá el gran punto débil del film sea su contenido, ¿pero acaso hay algún interés en un contenido mas allá de efectos e innovación en lógica visual? Desde el inicio se sabe que es una película para pasar un buen rato, y sobre todo para aquellos que estando acostumbrados al mundo de los videojuegos, saben que muy poco contenido productivo encuentran, por ejemplo, en los entretenidos Postal II o Alpha Protocol (que, por supuesto, más contenido tiene una bolsa de basura). Ya sería otra cosa quizá ver una adaptación milimétrica de Half life 2 o de Fallout 3.
Por eso afirmo que esta película en los gamers puede tener un gran significado, como en alguna medida lo tiene Resident evil o El príncipe de Persia, incluso la mismísima y desvalorada Doom. Quizá la gran diferencia es que Tron es una película sobre un videojuego, que puede que trate de dar un argumento en torno a las realidades y la ficción, algo que no se ha abordado en un videojuego existente, porque las mencionadas anteriormente fueron películas adaptadas de los videojuegos al cine.
Los gamers de cine no saben más que cualquier crispetero como yo, o cualquier otro que se le ponen los pelos de punta con solo ver un enfoque de cámara virtual o la imitación de las cámaras de plataforma de los videojuegos. Tron cuenta con lo que un gamer puede esperar de un film, aunque en ocasiones hace falta más de interacción con ese universo, mas acción quizá, pero eso debilitaría, por ejemplo, la relación de padre e hijo que intentan desarrollar de forma progresiva. Otro aspecto fuerte es el acompañamiento sonoro por parte la banda Daft Punk, una compenetración bastante buena y más aún con el guiño del bar de Sussan, donde aparecen los dos integrantes de dicha banda animando el lugar con su música.
Así pues, Tron puede representar más el ideal común de videojuego, mostrando un juego de estereotipo, el juego conocido por explotar la realidad virtual en su máxima forma, definiendo elementos claramente futuristas y quizá inexplicables a algún juicio lógico, sociedades avanzadas o búsquedas de perfección. Esto es lo que hace grandiosa la idea de que un usuario se enfrente, como humano, ante su propia creación irreal y a su universo. Es el juego que muchas veces nos hace trastabillar entre la realidad real y la realidad virtual cuando pasamos tantas horas intentando superar un nivel.

DIARIO DE ÍÑIGO

Diciembre 26 de 2010. La ciudad del cine de navidad. Interior. Día/Noche.

Sé que a veces me las doy de tipo duro e irreverente, pero la navidad me ablanda. No todas esas cosas prescindibles de las que viene acompañada, como el árbol, las novenas, el traído o las luces. Pero es inevitable sentir la diferencia en relación con otras épocas del año. Realmente hay un espíritu diferente, que no necesariamente tiene que ver con la fiesta religiosa que le da origen, sino con lo que se desprende de ella: el tiempo libre, el poco dinero de más y el ambiente festivo. Por esas razones la gente siempre está más tranquila y dispuesta, menos tensa y hostil, lo cual sin duda hace la diferencia en el ambiente general.
Con el cine ocurre algo parecido. Las películas de vacaciones y la programación especial de los canales de cine crean otra atmósfera para el cinéfilo. Ver los tontos estrenos del 25 de diciembre hace que seamos un poco más condescendientes con ese cine descerebrado de consumo, así como ver clásicos de los años cuarenta y setenta de Hollywood o de los sesenta de Francia o Italia, por alguna extraña aberración cinéfila, me produce un extraordinario placer. También las películas con nieve y Santa Claus, las que sea, aunque solo conozca la escarcha de la nevera. Igualmente es la oportunidad para desatrasarme de las películas en video que a lo largo del año se han ido acumulando junto al DVD, en especial cuando hago esas maratones de dos días con los amigos estando acuartelados en una finca, sólo viendo películas y charlando.
En definitiva, la navidad me gusta, porque disfruto más de la gente y del cine.

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, de David Yates

Lleve la de moda

Por: Iñigo Montoya
La primera razón que se me ocurre para el éxito imparable y en línea de esta saga es un asunto extra cinematográfico, esto es, todo el aparataje publicitario del que viene siempre precedida cada entrega y, como se sabe, la fama trae más fama, sin que necesariamente haya que hacer méritos para tenerla, solo hay que ver a esa gente de la farándula que no hace nada ni tiene ningún talento, sino que son famosos por ser famosos.
El libro tiene el récord de ser el más rápidamente vendido de todos los tiempos: once millones de copias en un día (la marca la tenía el libro anterior de Harry Potter con nueve millones). Es decir, aquí estamos hablando, más que de una película, de un producto de masas que está de moda, hasta el punto que es evidente que su consumo no necesariamente tiene que ver con las características de su contenido, sino con la marca misma.
De no ser por esto, sería otra película más de fantasía protagonizada por jóvenes magos, quienes emprenden una cruzada para recolectar unos poderosos objetos de los que depende la lucha entre el bien y el mal. Toda la película es una seguidilla de conflictos fácilmente planteados y luego fácilmente solucionados, como la pelea entre Harry y Ron, o como cuando son capturados y luego salvados por un ser que sale de la nada.
Tal vez sea una película muy apasionante para quienes crecieron con ella, y por eso la quieren y la apoyan sin importar de qué y cómo está hecha, pero lo cierto es que, si uno no es uno de sus seguidores, encontrará en ella muy poco que sea verdaderamente elaborado o estimulante.

Partir, de Catherine Corsini

El amor contra el hastío

Por: Oswaldo Osorio

No niego que el amor tenga disputas con la vida, afirmaba André Breton, y luego añadía que una conciencia poética del amor debía vencer todo lo que encuentre hostil. Y según esta película, no importa que lo hostil sea la familia misma, esa sacra institución que se eleva siempre como la esencia de la sociedad y que todas las normas legales, morales y sociales hacen lo posible por proteger. Pero el amor, en especial el amour fou (loco) no tiene límites y siempre está asociado con la libertad.
Esta es, entonces, una película sobre ese amour fou y sobre esa libertad ante las convenciones sociales, aunque también podría ser vista como las inconsecuentes decisiones de dos personas por un capricho pasional. Este último no es el caso de su directora, pues evidentemente toma partido por sus dos protagonistas, con su amor nuevo y apasionado que lucha contra una vida tediosa y monótona o carente de expectativas.
Iván y Suzanne creen en las segundas oportunidades, y le apuestan todo a ello, sin importar las consecuencias. De manera que anteponen el sentimiento irrefrenable que les produce su amor mutuo al deber ser y a la voluntad que en principio creen tener. El amor y la pasión vuelve a darle un sentido a sus vidas, y eso es más importante que cualquier cosa: la familia, los hijos, el qué dirán o la estabilidad económica.
Tal determinación de la pareja de amantes se enfrenta a la actitud dominante y posesiva del tercero en cuestión, quien hace presión de la única forma que puede. De manera que la ciega fuerza de los sentimientos desafía la precariedad material. En este sentido, tal vez el argumento exagera un poco el poder del antagonista (quien normalmente sería la víctima) para forzar la penosa y dramática situación de la pareja. Pero aún así, lo importante es las decisiones que los enamorados (ella sobre todo) toman para afrontar los problemas y continuar con su amor.
Esta película empieza por el final. Y a propósito de esto quisiera cuestionar tal decisión, pues se trata de una práctica que cada vez se hace más frecuente en el cine y en la mayoría de los casos resulta innecesaria. ¿Cuál es el propósito de usar este recurso? ¿Crearle una expectativa al público desde el principio? Esto podría significar que quien lo hace duda de su capacidad para cautivar al espectador y llevarlo hasta el final. En contrapartida, conocer esta información puede echar a perder ciertas sorpresas e incluso malograr la natural evolución de los personajes, como sucede en este filme.
De todas formas, se trata de una cinta apasionada y apasionante, un desafío al deber ser en beneficio del amour fou. Una historia contada con simpleza de recursos narrativos y visuales, pero con gran fuerza dramática y en sus implicaciones sociales y morales. Y esta fuerza al final (que ya en parte conocemos desde el principio), se incrementa aún más por la tragedia que lo cruza. Entonces queda aún más claro qué es capaz de hacer el amor y la pasión.