La ayuda obtenida por Colombia hasta ahora desde EE.UU. para combatir las bacrim se ha centrado, según el presidente Juan Manuel Santos, en labores de inteligencia para desarticular esas estructuras ilegales.
Pero esa ayuda aumentará en otros frentes, pues el Gobierno estadounidense ofreció mejorarla. Así lo expresó el mandatario colombiano después de su reunión con el secretario de Estado de ese país, John Kerry, ocurrida ayer en Londres, Inglaterra.
“Los resultados que estamos dando tienen mucho que ver con la ayuda en materia de inteligencia que nos está dando EE.UU. Pero nos quiere ayudar más y eso es bienvenido, porque esa es una de las prioridades también para el Gobierno”, aseveró Santos.
Al respecto, Jeremy McDermott, codirector del Centro de Investigación del Crimen Organizado en las Américas (Insight Crime), explicó que el anuncio de Santos es la continuación del apoyo que por muchos años ese país le ha brindado a Colombia en materia de lucha contra las drogas, especialmente persiguiendo a narcotraficantes y a los criminales que tienen órdenes de extradición.
“Actualmente, hay muchos de la cúpula de ‘los Urabeños´ o de otras bandas criminales que están pedidos en extradición por EE.UU. y los organismos de ese país vienen trabajando junto con la Dipol (Dirección de Inteligencia Policial) para capturarlos”, argumentó McDermott.
Según este especialista, la ayuda del país norteamericano sería en inteligencia y en recursos para capturar a estos integrantes, “ese es el único interés que tiene Estados Unidos en el apoyo militar a Colombia”, agregó.
Apoyo al posconflicto
Óscar Palma, director del Observatorio de Drogas y Armas de la Universidad del Rosario, advirtió que esta es la reiteración del apoyo de EE.UU. en el posconflicto, para lo que se está creando el plan Paz Colombia, con un recurso de 450 millones de dólares en los que continúa incluida la lucha contra el narcotráfico, “lo que también es lucha contra las bandas criminales”.
Sin embargo, ese apoyo no siempre ha sido bien visto. “En muchos territorios ven esa ayuda como que sí sirvió para la sustitución de cultivos, mientras que en otros los paquetes de ayuda militar han mostrado unos impactos en las poblaciones que no han caído muy bien. Habría que preguntarse si esto hará parte de una estrategia más integral en los territorios”, cuestionó Eduardo Álvarez Vanegas, coordinador del área de Dinámicas de Conflicto y Negociaciones de Paz de la Fundación Ideas para la Paz, FIP.
Para Álvarez Vanegas, es fundamental que todo el apoyo internacional, en especial de EE.UU, se empiece a enfocar en la implementación de la paz, sobre todo en la reforma rural integral, para que “no se sigan desarticulando las regiones donde se ha sufrido la guerra”.
El coordinador propone que más que combatir el narcotráfico en sí mismo, la ayuda militar tiene que servir para recuperar la confianza de las comunidades en el Estado.
Frente a la nueva directiva
Hace solo dos semanas el Ministerio de Defensa expidió la Directiva Permanente 015, en la que, junto a otras disposiciones, autorizó el bombardeo a campamentos de las bacrim.
Al respecto, la FIP tiene algunos reparos: “¿qué tan viable que esos tres grupos puedan ser atacados en el marco de DIH?, ¿se van a seguir repitiendo estrategias del pasado?”, preguntó Álvarez Vanegas. Todo esto justificado en que en total hayan sido más de 30.000 hombres neutralizados y cerca de 120 organizaciones desarticuladas en los últimos nueve años.
Pero la situación actual es muy similar a la que se vivía en 2007: hay presencia de esas organizaciones criminales en 18 departamentos, 173 municipios y 248 corregimientos, comentó Álvarez. En cambio, el analista aseguró que el impacto humanitario que pueden tener los bombardeos, es el desplazamiento y confinamiento de poblaciones, lo que calificó como “un disparo en el pie del Gobierno”.