Cintillo de indicadores económicos Colombia

Pico y Placa Medellín

viernes

7 y 9 

7 y 9

Pico y Placa Medellín

jueves

3 y 6 

3 y 6

Pico y Placa Medellín

miercoles

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

martes

1 y 4  

1 y 4

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

5 y 8  

5 y 8

La historia de los 99 excombatientes de la única disidencia que dejó las armas en la paz total de Petro

La única disidencia que dejó las armas durante la política de paz total permanece en una zona de transición en Putumayo a la espera de que el nuevo Gobierno defina el futuro de su reincorporación. La historia, reconstruida por El País, relata la incertidumbre que enfrentan los 99 excombatientes.

  • Permanecen en una Zona de Ubicación Temporal mientras avanza su proceso de reincorporación. FOTO: Imagen de referencia. Colprensa-Germán Arenas
    Permanecen en una Zona de Ubicación Temporal mientras avanza su proceso de reincorporación. FOTO: Imagen de referencia. Colprensa-Germán Arenas

En una finca ubicada en zona rural de La Hormiga, municipio de Valle del Guamuez, en Putumayo, permanecen concentrados 99 excombatientes de los Comandos de la Frontera, una estructura armada integrada por antiguos miembros de las FARC que decidió acogerse al proceso de paz impulsado por el Gobierno de Gustavo Petro.

El grupo entregó las armas el pasado 19 de junio y comenzó un proceso de tránsito hacia la vida civil en una Zona de Ubicación Temporal (ZUT), donde espera que el Gobierno del presidente electo, Abelardo de la Espriella, mantenga las garantías ofrecidas para culminar su reincorporación. La permanencia del lugar, la continuidad de los apoyos económicos, la suspensión de las órdenes de captura y el desarrollo del proceso son hoy las principales preocupaciones de quienes dejaron atrás los fusiles.

Entérese: Mancuso no seguirá como gestor de paz tras la suspensión de la resolución que lo nombró

La historia de esta desmovilización, contada por el diario El País de España, se construye entre recuerdos del conflicto armado, rutinas de espera y expectativas sobre un futuro todavía incierto. Cada habitación, mural, conversación telefónica o entrenamiento cotidiano refleja el contraste entre la vida que llevaron durante años y el intento de construir una nueva etapa.

Uno de esos relatos es el de Albeiro Cañarte Jiménez, de 34 años. Sobre el pecho lleva un collar dorado con una bala incrustada, un objeto que conserva como recuerdo del tiempo que pasó en la guerra, a la que ingresó cuando apenas tenía 13 años.

En su teléfono celular también permanece una huella de esa transformación. Antes utilizaba TikTok para mostrar armas, registrar disparos y compartir escenas propias del conflicto. Hoy revisa el perfil desde el que publica videos relacionados con la vida en la zona de reincorporación, los paisajes del Putumayo y la cotidianidad de quienes intentan adaptarse a una realidad completamente distinta.

Sobre su cama conserva una tela verde militar con el bordado de su antiguo nombre de guerra: Rovinson. Fue una de las pocas pertenencias que decidió guardar después de la dejación de armas.

El 19 de junio, mientras el país seguía el ambiente previo a las elecciones presidenciales que se celebrarían dos días después, los integrantes de los Comandos de la Frontera caminaron durante horas por la selva amazónica hasta llegar al lugar donde hoy permanecen concentrados. Allí depositaron sus fusiles sobre una mesa, se quitaron el uniforme camuflado y observaron cómo las prendas eran incineradas. Las armas fueron trasladadas en helicópteros para su posterior fundición.

Ese acto marcó el inicio del proceso de reincorporación de la única disidencia que alcanzó a dejar las armas dentro de la política de paz total impulsada por el Gobierno saliente.

De excombatientes de las FARC a una nueva negociación con el Estado

Los Comandos de la Frontera del Ejército Bolivariano surgieron en 2017, un año después de la firma del Acuerdo de Paz con las FARC. La organización fue creada por antiguos integrantes de los frentes 48 y 32 que decidieron reorganizarse alrededor de las economías ilegales presentes en la frontera entre Colombia y Ecuador, especialmente el negocio del narcotráfico.

Durante sus primeros años fueron conocidos con nombres como Los Sinaloa o La Mafia. Posteriormente, establecieron una alianza con la Segunda Marquetalia y más adelante se separaron de esa estructura para iniciar conversaciones directas con el Gobierno nacional en el marco de la política de paz total.

Aunque buena parte de sus integrantes provienen de la antigua guerrilla, la organización no se define como guerrilla ni como grupo paramilitar. Dentro de la estructura existe otra forma de nombrarla.

Sus integrantes la llaman “la empresa”.

El término responde a la manera en que describen su funcionamiento interno. Según explican los propios excombatientes, existían contratos a término fijo, salarios establecidos que comenzaban en dos millones de pesos, posibilidades de ascenso, vacaciones anuales y una estructura organizacional similar a la de una empresa.

El proceso de negociación estuvo cerca de romperse en febrero de 2025.

Durante una ronda de diálogos en Bogotá, funcionarios de la Fiscalía capturaron a Geovanny Andrés Rojas, alias Araña, máximo líder de los Comandos de la Frontera. Estados Unidos solicita su extradición por cargos relacionados con narcotráfico y posteriormente la Corte Suprema dio concepto favorable para su entrega.

Sin embargo, el presidente Gustavo Petro suspendió la extradición mediante varias resoluciones mientras continuaban los diálogos, bajo el argumento de privilegiar el desarrollo del proceso de paz.

A pesar de ese episodio, las negociaciones continuaron hasta desembocar en la dejación de armas realizada el 19 de junio.

Le puede interesar: Señalaron a gestor de Paz de Petro de ser dueño de droga que transportaba el ‘narcochofer’ de la UNP; ya fue enviado a prisión

Una imagen que recorrió el país

Entre las imágenes que dejó la jornada de dejación de armas hubo una que rápidamente se convirtió en símbolo del proceso. En ella aparece Narly Tatiana Parra, de 20 años, vestida con uniforme camuflado mientras sostiene un cachorro de color miel con hocico negro. A su lado está Jheison Machacurí, de 22 años, su compañero sentimental, a quien conoció durante el conflicto armado.

La pareja decidió dejar las armas con el propósito de construir una vida en la civilidad y formar una familia. El cachorro, llamado Negro, llegó en helicóptero junto con los excombatientes y fue considerado la primera mascota oficial de la Zona de Ubicación Temporal. Con el paso de las semanas, otros cinco perros fueron adoptados por los reincorporados y comenzaron a hacer parte de la rutina diaria del lugar.

Tatiana enseña en su teléfono celular una fotografía tomada el día en que llegó junto a Jeison y su perro Negro a la Zona de Ubicación Temporal (ZUT). FOTO: Tomada de El País - Santiago Mesa
Tatiana enseña en su teléfono celular una fotografía tomada el día en que llegó junto a Jeison y su perro Negro a la Zona de Ubicación Temporal (ZUT). FOTO: Tomada de El País - Santiago Mesa

Sin embargo, el optimismo que dejó la entrega de armas duró poco. Dos días después, Colombia eligió presidente a Abelardo de la Espriella, quien durante la campaña cuestionó las políticas de paz y centró su discurso en temas de seguridad. A partir de ese momento comenzaron las dudas entre quienes permanecen concentrados en la ZUT.

Los excombatientes aún desconocen si el nuevo Gobierno mantendrá los recursos destinados a su proceso de reincorporación, si continuará la suspensión de las órdenes de captura o qué ocurrirá con la Zona de Ubicación Temporal donde permanecen mientras avanzan en su transición hacia la vida civil.

La carta dirigida al nuevo presidente

Natalia Briñez es una de las lideresas más visibles entre los 99 excombatientes que permanecen en la Zona de Ubicación Temporal. En uno de sus hombros lleva tatuada un ave fénix, símbolo que, según explica, representa el inicio de una nueva etapa tras dejar las armas.

Desde la habitación donde permanece alojada, cuenta que los integrantes del grupo decidieron redactar una carta dirigida al presidente electo con el propósito de dar a conocer su situación y pedir garantías para culminar el proceso de reincorporación. “La escribimos entre todos. Allí le contamos nuestro día a día aquí, quiénes somos, qué hacemos y qué soñamos”.

La intención es entregar la misiva el 3 de agosto a través de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, una dependencia cuyo futuro también permanece en incertidumbre ante las propuestas del nuevo Gobierno relacionadas con la política de seguridad.

Lea también: Exclusivo | Los 25 bombardeos en el gobierno Petro que reflejan a quién se decidió atacar y a quién no

Una pequeña población en medio de la selva

La Zona de Ubicación Temporal ocupa cerca de seis hectáreas, donde fueron construidas 23 viviendas con capacidad para albergar hasta 200 personas, aunque actualmente reside cerca de la mitad de esa cifra. El lugar también cuenta con un comedor comunitario, una cancha de fútbol, espacios para reuniones y capacitaciones, además de murales elaborados por los propios reincorporados.

Las paredes reflejan parte del proceso que viven los excombatientes, con pinturas de paisajes amazónicos, mensajes relacionados con la paz y representaciones de quienes hacen parte de la transición a la vida civil. Uno de los principales artistas es Alejandro Ruales, quien aprendió pintura durante el tiempo que permaneció privado de la libertad y actualmente trabaja en un mural dedicado a Armando Novoa García, jefe negociador del Gobierno.

Precisamente, Novoa considera que este proceso podría ajustarse a la política de seguridad anunciada por la nueva administración. “Este proceso reúne todas las características de un proceso de sometimiento a la justicia como el que ellos han profesado y que defienden. La gente entró allí, dejó las armas, manifestó de manera expresa individualmente su voluntad de hacer el tránsito al Estado de derecho”. Además, advirtió sobre las consecuencias de una eventual suspensión de la iniciativa: “Si decidiera acabar con esto, sería un suicidio para su propia política de seguridad”.

La rutina después de entregar los fusiles

Lejos de las operaciones armadas, los días de los excombatientes transcurren bajo una rutina establecida. Las jornadas comienzan con el desayuno y continúan con labores de mantenimiento, reuniones, algunas capacitaciones virtuales y espacios de descanso. En determinadas tardes organizan partidos de fútbol, mientras que en otras realizan ejercicios físicos con pesas fabricadas de manera artesanal con cemento y arena.

También han improvisado barberías al aire libre donde varios aprovechan para cortarse el cabello. Sin embargo, gran parte del tiempo la pasan utilizando sus teléfonos celulares, mientras esperan que avance el proceso que les permita iniciar una nueva etapa fuera de la zona de transición.

Muchos aspiran a terminar el bachillerato que dejaron inconcluso por la guerra, otros desean cursar estudios técnicos o universitarios y varios esperan aprender un oficio que facilite su ingreso al mercado laboral. Por ahora ninguno puede abandonar el predio, ya que un decreto presidencial establece que permanecerán bajo protección del Estado durante diez meses, un periodo que concluiría en diciembre de este año si no es prorrogado.

Lea más: Fiscalía le imputará cargos a “Calarcá” en calidad de reo ausente, ¿por qué?

La vida de Arbey Lemus

Entre quienes esperan comenzar una nueva etapa está Arbey Lemus Wilchez, de 36 años, cuya historia refleja varios de los episodios que marcaron el conflicto armado colombiano. Ingresó a las FARC cuando tenía ocho años como campanero, tiempo después pasó a integrar grupos paramilitares y, a los 18 años, se incorporó al Ejército Nacional. Posteriormente, fue condenado por un caso relacionado con falsos positivos y cumplió dos años de prisión.

Al recuperar la libertad, regresó al campo, pero ante la falta de oportunidades laborales terminó vinculándose a los Comandos de la Frontera. Dentro de esa organización desempeñó distintas funciones: fue “pisasuave”, como identifican a quienes se infiltran en territorio enemigo, además de artillero, enfermero de combate y comandante de escuadra.

Ahora su proyecto de vida es diferente. Asegura que quiere estudiar contabilidad o administración pública y, mientras aprende a utilizar un computador con ayuda de los más jóvenes, reflexiona sobre los años que pasó en la guerra. “En el monte uno está preso, aunque no parezca”.

Al recordar ese periodo, también habla de la incertidumbre que acompañaba cada jornada en el conflicto. “En el monte yo siempre me acostaba y decía: ‘bendita la Santa muerte que me acompaña’, porque uno no sabe si va a amanecer. Por eso yo estoy feliz acá. La guerra tiene altibajos, eso no es para todo el mundo. Y acá nos están dando una oportunidad para hacer una vida distinta”.

Una segunda oportunidad

El caso de Arbey Lemus también hace parte del debate que rodea los actuales procesos de paz en Colombia. Antes de integrar los Comandos de la Frontera, había sido uno de los firmantes del Acuerdo de Paz de 2016 entre el Estado y las FARC.

Sin embargo, posteriormente volvió a tomar las armas. Según explica, esa decisión estuvo motivada por los incumplimientos que, a su juicio, se presentaron durante la implementación del acuerdo, una situación que ha alimentado la discusión sobre quiénes abandonan un proceso de paz y luego regresan al conflicto armado.

Ese escenario coincide con el debate jurídico alrededor de las negociaciones con la Segunda Marquetalia. Hace apenas un mes, el Consejo de Estado suspendió esos diálogos al considerar que la Ley de Paz Total no permite otorgar reconocimiento político a quienes firmaron un acuerdo de paz y posteriormente decidieron volver al conflicto armado.

De interés: Semana violenta en Colombia: en 5 días van 4 masacres que han dejado 12 muertos

El deseo de volver a casa

Más allá de los debates jurídicos y políticos que rodean el proceso, la mayor expectativa que comparten los 99 excombatientes tiene un mismo destino: volver a reunirse con sus familias. Mientras esperan las decisiones del nuevo Gobierno sobre la continuidad de su proceso de reincorporación, las llamadas y videollamadas se han convertido en uno de los momentos más importantes de cada jornada.

Cada noche, padres, madres, hijos y hermanos aparecen en las pantallas de los teléfonos celulares. Esos encuentros a la distancia les permiten mantener el contacto con sus seres queridos, aunque también dan paso a preguntas que, en muchos casos, aún no saben cómo responder.

Darwin Cuajiboy reconoce que esa situación se repite cada vez que conversa con su hijo, a quien todavía no le ha explicado por completo dónde ha estado durante todo este tiempo. “Mi hijo me pregunta siempre que en dónde estoy... Le digo que en una finca, pero eso no es fácil porque cómo le voy a exigir más adelante que no se meta a un grupo armado si yo lo he engañado...”

Otro de los excombatientes cuenta que enfrenta una situación similar con su familia. “El mío cree que soy militar porque una vez me vio con el camuflado”.

Pese a las dudas y a las conversaciones pendientes, entre quienes permanecen en la Zona de Ubicación Temporal prevalece una esperanza compartida. “Lo bueno es que, cuando vuelvan a preguntar, Dios mediante, ya estamos afuera”.

Mientras esa posibilidad llega, los 99 excombatientes continúan cumpliendo la misma rutina en medio de la selva del Putumayo. El lugar donde hace pocas semanas entregaron las armas se convirtió también en el espacio desde el que intentan construir una nueva etapa, a la espera de las decisiones que adopte el nuevo Gobierno sobre la continuidad de un proceso que definirá si su tránsito hacia la vida civil logra consolidarse.

Para consultar contenido premium o profundizar sobre sus temas de interés de Medellín, Antioquia, Colombia y el Mundo, regístrese aquí.

Bloque de preguntas y respuestas:

¿Quiénes son los Comandos de la Frontera y cómo surgieron?
Los Comandos de la Frontera son una estructura armada conformada por exintegrantes de los frentes 48 y 32 de las antiguas FARC. Surgieron en 2017 y, tras diferentes alianzas y cambios de estructura, iniciaron un proceso de negociación con el Gobierno de Gustavo Petro dentro de la política de paz total.
¿Cuántos excombatientes dejaron las armas en este proceso de paz?
Un total de 99 hombres y mujeres dejaron las armas y permanecen concentrados en una Zona de Ubicación Temporal (ZUT) en Putumayo mientras avanzan en su proceso de reincorporación a la vida civil.
¿Dónde se encuentran los excombatientes que entregaron las armas?
Los excombatientes permanecen en una Zona de Ubicación Temporal ubicada en una finca de la zona rural de La Hormiga, municipio de Valle del Guamuez, en el departamento de Putumayo.
¿Qué incertidumbres enfrentan los excombatientes tras el cambio de Gobierno?
Los excombatientes desconocen si el nuevo Gobierno mantendrá los recursos para su reincorporación, la suspensión de las órdenes de captura y la continuidad de la Zona de Ubicación Temporal donde permanecen concentrados.

Nuestros portales

Club intelecto

Club intelecto
Las más leídas

Te recomendamos