Cuando llegaron el pasado primero de febrero a la vereda Palo Blanco del municipio de Ituango, los integrantes del grupo armado reunieron a los campesinos y se presentaron.
“A todos nos dijeron que eran de las disidencias del frente 36 de las Farc, que estaban decepcionados por el incumplimiento del Gobierno y que iban a sacar a los paramilitares de esta zona”, aseguró un habitante de esa población cuando se denunciaron combates entre ilegales la primera semana del presente mes.
Algo similar ocurrió en Briceño, donde las personas que prohibieron la circulación de los labriegos por las vías rurales de ese municipio entre las 8 de la noche y las 5 de la mañana, también dijeron pertenecer al mismo grupo ilegal: disidencias del frente 36.
La Fiscalía asegura que ese grupo que se hace llamar disidentes es liderado por alias Cabuyo, quien tiene un jefe de sicarios, “Yepes”, y cuenta con un grupo de por lo menos 30 personas armadas que controlan varias veredas en Briceño e Ituango, es decir, una estructura armada organizada.
Aunque se utiliza la palabra disidente y cometen acciones ilegales similares, para el Gobierno y sus Fuerzas Armadas, este reducto ilegal del frente 36 no tiene las mismas características que otros grupos que sí son reconocidos como Grupos Armados Organizados Residuales (Gao) o disidencias de la antigua guerrilla de las Farc, como lo son el frente Primero, Séptimo, 15 y las columnas móviles Miller Perdomo y Daniel Aldana.
Las diferencias radican básicamente en que los disidentes cuentan con un mando, un territorio de influencia y acciones sostenidas, las otras estructuras solo son un grupo “de delincuentes” dedicado al narcotráfico, según la directiva ministerial 37 de 2017.
Fuentes militares le explicaron a EL COLOMBIANO que en el suroccidente y oriente del país, las autoridades combaten a las reconocidas disidencias, y que esas estructuras ilegales tengan ese estatus, “le permite al Ejército o a otra institución utilizar la fuerza letal en el marco del Derecho Internacional Humanitario, incluso se pueden programar bombardeos, sin embargo cuando no ha sido declarado disidencia de manera oficial, se trata de delincuencia organizada y la forma para combatirlos cambia radicalmente. Acá la única forma de combatirlos es utilizando la fuerza letal en legítima defensa”, es decir, que solo se les dispara en caso de ser atacados en un operativo con el que se busque su captura.
Del por qué este grupo del frente 36 en el norte de Antioquia no es considerado disidencia y no entra en los objetivos de alto valor de las Fuerzas Armadas, el oficial consultado por este diario afirmó que se trata de varios reincidentes y desertores de ese grupo que están aliados con el narcotráfico, pero no representan lo que era las Farc.
En uno de sus últimos informes sobre las disidencias en el país, la Fundación Ideas para la Paz reseña al 36 como un Gao residual más y los 130 hombres armados que creen que tienen, se suman a los más de mil que conformarían el resto de disidencias en el país y que se encuentran en Meta, Guaviare, Cauca, Nariño, Caquetá, Vichada, Guainía y Arauca.