En uno de los bordes de Montería, el barrio Vallejo se extiende desde el río Sinú hasta las laderas del humedal Berlín. Actualmente, el agua tapa el primer piso de varias viviendas; botellas de plástico y ramas bloquean las puertas y hay cables de electricidad que rozan las aguas turbulentas que trajo consigo el invierno. En medio de debates buscando culpables —preguntas sobre la hidroeléctrica del Urrá y la gestión de riesgo antes de los desastres— quedan las voces de los habitantes.
EL COLOMBIANO habló con dos de ellos. Carlos Andrés del Toro Ramos es el presidente de la Junta de Acción Comunal (JAC) de Vallejo. Contesta nuestra llamada en medio del barrio, subido en una lancha. Es la primera vez que vuelve a la zona luego de que las inundaciones taparan sus calles. El agua tiene color café.
”El lunes nos enteramos que el río Sinú se había desbordado hacia arriba, por Guasimal, Leticia y Martinica. Nosotros nos tomamos la tarea de hacerle seguimiento a eso, porque además sabíamos que el humedal absorbe toda el agua en épocas de invierno. El jueves llegaron las motobombas y comenzamos el trabajo, pero fue imposible contener el agua. El viernes las maquinarias ya no pasaban”, narró.
Al final de la calle, justo al lado del humedal, está la casa de Cristian Rodríguez: vive en Vallejo desde hace tres años. En diálogo con EL COLOMBIANO, aseguró que nadie le avisó que su barrio podía inundarse: ”Nunca nos alertaron, en unas horas ya teníamos el agua casi en las rodillas. Ahí nos dijeron que evacuáramos”.
A él lo convenció de irse su papá: “Entró a la casa y me dijo: hay que empezar a sacar las cosas”. El primer día, el viernes, Cristian salió con su mascota en brazos, en ese momento el agua llegaba hasta el borde del andén. El sábado volvió y con ayuda de su familia sacó lo demás: lavadora, televisor, nevera... “Cuando entré a mi casa el agua me llegaba a la cintura, cuando terminé de sacar mis cosas el agua llegaba al pecho”.
Desde entonces, Cristian no ha vuelto. Por ahora, los ojos de la mayoría de la comunidad son los de Carlos, el presidente de la JAC.
Sus labores de patrullaje, sin embargo, incluyen volver a su casa. “Es la primera vez que la veo”, nos dice. Antes de continuar, su voz se quebró: “Me pongo en la posición de toda la comunidad. En su momento les ayudamos a sacar sus cosas y lloramos juntos. Esta es una organización relativamente nueva, perder las cosas ha sido muy duro”.
Carlos encontró su casa con el agua más arriba de un metro. “Cuando entras a tu casa ves como tu sueño se arruinó. Mi casa está sin color, llena de fango, de flores, de roedores, palos, hierba... todo desapareció”. Antes de seguir hablando, Carlos respiró hondo: “Pero, en medio de las circunstancias, hay salud, hay vida y esperanza”.
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En medio del choque emocional por ver sus esfuerzos tapados por el agua, Carlos asegura que espera reconstruir la comunidad que hace doce años empezó a formarse: “A los vecinos les hemos dicho que vamos a ayudarlos hasta el final, vamos a sacar sus cosas y vamos a reconstruir el mejor barrio de Montería. No queremos que nadie se rinda, no queremos que nadie se vaya, queremos darle color a esta hermosa urbanización porque si nos caímos juntos, juntos nos vamos a levantar”.
Lo más difícil no ha pasado: “Esto es un desastre”
Después de sacar sus cosas, Cristian Rodríguez se fue a una casa de familiares, en otro de los barrios de Montería. Mientras nos cuenta su historia, Cristian hace la fila para responder al censo que está haciendo la Alcaldía de Montería. Están contando cuántas víctimas del desastre natural hay por fuera de los albergues.
“Nos dijeron que teníamos que venir, que un representante por familia, pero es que somos más de 4.000”, contó. Luego, agregó: “Esto es un desastre, hace demasiado calor y nadie nos dice nada. Estamos buscando la sombra de los palos esperando una respuesta”.
A pesar del cansancio, Cristian no puede salirse de la fila. El censo será clave para recibir ayudas y reconstruir los barrios afectados. “Nosotros somos una comunidad nueva y tenemos seguro, pero, ¿y los que no? Ahí es cuando vamos a necesitar que todo el país nos cobije. Necesitaremos manos para limpiar las calles, entrar los muebles... todavía falta mucho”, reconoce.
En esa misma línea se ubica Carlos del Toro, el presidente de la JAC. Para él, lo más importante ha sido y será: “el inmenso corazón y colaboración de los cordobeses”. Sin embargo, el representante de la comunidad se encuentra preocupado porque, si bien valora el ímpetu de sus vecinos, sabe que no podrán hacerlo solos.
“Perdimos prácticamente todo”, explicó y añadió: “hasta ahora no hemos recibido apoyo del Gobierno Nacional, lo que nos ha llegado ha sido gracias a donaciones de personas que nos conocen”.
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Ante su reclamo, EL COLOMBIANO consultó con el director de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo y de Desastres (UNGRD), Carlos Carrillo sobre cómo han sido distribuidos los recursos para Montería.
”En Montería, el alcalde sí estuvo en el consejo de ministros, hemos estado hablando con él y trabajando con él. No tengo en este momento el consolidado de las ayudas, porque en ese barrio de Montería ya debe haber entregado, pero si Montería necesita más asistencia humanitaria de emergencia, la desplegaremos inmediatamente”, aseguró.
El jefe de la UNGRD añadió que las ayudas que da la entidad no tienen origen ni fines políticos: “Nosotros entregamos unas cajas cerradas que vienen marcadas para las personas que están beneficiadas y diligenciados sus datos en el RUT, en el registro único de damnificados. El gobierno local tiene que censar a la familia para que podamos darle ayuda”.
El camino, entonces, sigue siendo largo. Al finalizar el día, Cristian Rodríguez aún sigue en la fila para el censo: “Está todo desorganizado”, contó.
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