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La guerra volvió a tocar a Corinto en el norte de Cauca

  • El defensor del Pueblo, Carlos Alfonso Negret, visitó la zona de los combates entre el Epl y las disidencias de las Farc en Corinto, Cauca. FOTO: Cortesía Defensoría
    El defensor del Pueblo, Carlos Alfonso Negret, visitó la zona de los combates entre el Epl y las disidencias de las Farc en Corinto, Cauca. FOTO: Cortesía Defensoría
OLGA PATRICIA RENDÓN MARULANDA | Publicado el 02 de febrero de 2019

“Mamá, retírese rápidamente que dicen que van a hostigar”, recuerda Romelia Ley que le dijo su hijo Warner Keops Petey Ley pocos minutos antes de que iniciara el enfrentamiento entre el Epl y las disidencias de las Farc en la parte alta de Corinto, Norte del Cauca.

No sirvieron las tres veces que Romelia le insistió para que se fuera con ella, en medio de la desesperación de una madre que tiene en su corazón el más doloroso de los presentimientos. El joven tenía afán por salvar el carro, a ella la envió entonces con las bestias a reguardarse en un lugar seguro, antes de que empezara el fuego cruzado.

Romelia no quería dejarlo ir. A su mente volvía una y otra vez la amenaza telefónica que su muchacho había recibido en días pasados: “Si seguís por aquí, te matamos”. Sacó excusas como que no era capaz de bajar sola a los caballos, que estaba de noche, que estaba sola con dos “nietecitas” y sentía miedo. Pero todo fue en vano. Warner Keops Petey Ley ya había tomado su decisión.

Ella salió en silencio con las niñas a rastras, los animales amarrados y tratando de que los hombres que se camuflaban en el monte no la oyeran. Desde la parte baja escuchó cómo las balas se cruzaban. Romelia esperaba con un ardor en el estómago y un nudo en la garganta, su corazón de madre sabía que su hijo estaba muerto.

Volvió a subir y encontró una escena de película, el carro de su hijo y la moto que conducía un amigo (José Adán Salgado Vega) estaban incinerados, aún ardían. 200 metros más adelante Warner Keops Petey Ley descansaba amarrado, boca abajo, pero ya no estaba.

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En la mente de Romelia las cosas ocurrieron así: “Mi hijo venía manejando el carro, su amigo la moto. Esos hombres lo tenían todo planeado desde la mañana. Los bajaron de los vehículos, los amarraron, los arrastraron por todo este camino (unas dos cuadras), los arrodillaron aquí y les dispararon”.

Nadie fue testigo para contarle a Romelia si su hijo sufrió o no, si en el último minuto pensó en ella, o le pidió perdón a Dios. Eso nunca nadie se lo dirá.

Después de la quema de los vehículos y los asesinatos de Warner Keops Petey Ley y José Adán Salgado Vega, quienes fueron señalados por la Fuerza Pública como disidentes de las Farc, inició el más cruento combate que en los últimos años haya vivido Corinto. 36 horas de fuego cruzado, de miedo, de campesinos encerrados y muchos de ellos escondidos debajo de la cama, conscientes de que las balas pueden atravesar sus paredes. Los enfrentamientos se extendieron a pequeñas poblaciones como El Crucero, Quebraditas, La Laguna, Los Alpes, Las Cruces y Yarumales.

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El combate terminó cuando entró el Ejército, pero los habitantes de esa zona saben que cuando se vayan continuará. De ahí que 76 familias empacaron los pocos corotos que alcanzaron a cargar y salieron desplazadas, ¿a dónde?, nadie sabe. Seguramente se autoalberguen en la vivienda de algún familiar o lleguen a la cabecera municipal como los cientos de desplazados que han recorrido las plazas de Cauca en estos de años de guerra.

Sobre Petey Ley, el coronel Fabio Rojas, comandante de la Policía en el Cauca, aseguró que “intentó ingresar a los programas de reinserción social pactados en el proceso paz, pero no fue aceptado porque no cumplía con los requisitos, entonces optó por delinquir con el grupo organizado residual Dagoberto Ramos, entonces se tiene información, por fuentes humanas, que esta persona facilitó la llegada a Corinto, desde Cáceres, Antioquia, del otro ciudadano asesinado, quien era conocido con el alias de ‘Ramiro’”

Para Romelia él simplemente era su hijo y ahora el dolor es triple. No pudo enterrarlo como a un cristiano, una tumba improvisada quedó a pocos pasos de donde dio su último respiro; su esposo se desplazó, el miedo pudo con él; y otro de sus hijos recibió amenazas el miércoles pasado. Para ella la zozobra continúa.

“El llamado es a que todos los ciudadanos de Colombia rodeemos a las familias de la parte alta de Corinto que están viviendo la violencia entre dos grupos: disidencia de las Farc y Epl, por el negocio del cultivo de hoja de coca, pero no podemos seguir viendo que los colombianos nos asesinamos entre nosotros. Basta ya”, dijo el defensor del Pueblo Carlos Alfonso Negret en la mañana de ayer, cuando visitó la región.

Su entidad ya había alertado de que esto podía ocurrir y así pasó.

Contexto de la Noticia

Olga Patricia Rendón Marulanda

Soy periodista egresada de la Universidad de Antioquia. Mi primera entrevista se la hice a mi padre y, desde entonces, no he parado de preguntar.

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