Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
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No es un chiste: es una de las mejores maneras de vigilar que el interior de su cuerpo esté en orden.
Cada vez que su esposo iba al baño, ella le gritaba: “¡No vacíes el sanitario, Féder! ¡No lo vacíes!”. Y cuando salía, estaba parada junto a la puerta, presta a ingresar al pequeño cuarto a mirar la deposición. Solo después de observarla por unos momentos, con la detenida atención de quien estudia una obra de arte, ella misma vaciaba el agua.
Tantos locos en el mundo, qué importa uno más. Pensaba cuando me correspondía ser testigo de tal escena. Pero la intriga pudo más que la prudencia: le indagué por esa actitud excéntrica.
Me contó que era estítica, que para ella el baño era una tortura y, a veces, cuando tardaba más de dos semanas sin que funcionara su sistema digestivo, llegaba para ella la tragedia. Debía acudir al médico y, con ayuda de...