El portón blanco se abre y el ruido de la calle desaparece. Adentro, el jardín respira con la calma de otra época: plantas centenarias, canto de pájaros, sombra espesa en los corredores. Basta quedarse unos segundos para entender que no es una casa de paso. Es la Casa Museo Débora Arango, conocida como Casablanca, que este enero abrió sus puertas con visitas guiadas gratuitas para invitar a la ciudadanía a reencontrarse con una de las figuras más decisivas del arte colombiano.
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La iniciativa, liderada por la Secretaría de Cultura del municipio de Envigado, busca activar el año cultural desde un espacio simbólico, así que durante este mes la casa permanece abierta de lunes a viernes con recorridos guiados a las 11:00 de la mañana y a las 4:00 de la tarde, y los sábados a las once, permitiendo además el ingreso libre a los jardines para transeúntes y visitantes ocasionales. La estrategia apunta a que el museo no pierda contacto con sus públicos y se convierta en una bienvenida temprana a la programación cultural de 2026.
“La casa no se visita como una vitrina; se potencializa cuando hay una persona que te está contando el sentido de los espacios y la narrativa que tiene la casa”, explica Carlos Gaviria, historiador de la Secretaría de Cultura y uno de los guías del recorrido. Y esa mediación de la que habla es clave en un lugar que alberga una gran cantidad de elementos originales y cuya lectura exige contexto, cuidado y tiempo.
Casablanca fue construida hacia 1870 y fue la casa de infancia de Débora Arango Pérez, nacida en 1907 y penúltima de una familia numerosa. Aunque por motivos de salud y formación vivió temporadas en otros municipios, este lugar se mantuvo como núcleo afectivo de su vida. Aquí regresó en la adultez, aquí consolidó su obra y aquí murió en diciembre de 2005. “Esta es su casa de infancia, uno de esos lugares donde ella desarrolla su personalidad”, señala Gaviria durante el recorrido.
La casa no solo conserva la arquitectura de finales del siglo XIX, también las transformaciones que Débora introdujo cuando logró comprar la totalidad de la propiedad a sus hermanos, y en ese sentido, papeles tapiz, cielos rasos, intervenciones en madera y cerámica conforman la construcción estética que convirtió la vivienda en extensión directa de su obra, aunque no se trata de una museografía recreada, se trata de un espacio habitado que mantiene la disposición original de los objetos.
Entre los corredores aparecen cerámicas, pinceles, caballetes y piezas hechas con materiales cotidianos que revelan a una Débora artista plástica integral, inquieta y experimental, no solo a la pintora. De igual forma, muestra su profunda relación con la lectura y el estudio, a través de una biblioteca que alimentó su proceso creativo y que hoy permanece parcialmente en el lugar.
Asimismo, el recorrido aborda su dimensión pública: las condecoraciones nacionales, su presencia en el billete de 2.000 pesos y su papel en debates sociales del siglo XX explican por qué fue una voz activa en la discusión sobre los derechos civiles de las mujeres y su acceso a la educación y la vida profesional, en un contexto profundamente conservador; y por qué trascendió el ámbito artístico.
Sin embargo, uno de los valores centrales de Casablanca es mostrar a la artista en su faceta más humana. “La cotidianidad, la Débora como tu abuela, o tu mamá, o tu tía”, resume el guía al hablar de cómo los jardines, la huerta, los espacios de descanso y las salas íntimas permiten comprender de dónde surgía la fuerza creativa de la artista.
La apertura de la casa en enero, según la Secretaría de Cultura, responde a una intención pedagógica más amplia. “La secretaría busca fortalecer el contacto con la comunidad del municipio a través de estos escenarios culturales de una manera pedagógica lúdica y académica”, le dijo a EL COLOMBIANO Lina María Vásquez Ángel, secretaria de Cultura de Envigado. Para la administración, conocer estos espacios es clave para construir identidad y sentido de pertenencia.
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En ese sentido, la estrategia busca activar el patrimonio desde la experiencia: “Para nosotros es muy importante que la ciudadanía responda a este llamado para que la casa cobre vida en los ojos y las experiencias de los ciudadanos que la visitan”, concluye Vásquez Ángel.
Así, Casablanca vuelve a abrir el portón más que para mostrar una obra, para invitar a quedarse.