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Hay 560 mentes brillantes en Medellín: les contamos tres historias de niños con talento extraordinario

La Secretaría de Educación de la capital de Antioquia ha identificado niños de colegios públicos que tienen habilidades excepcionales o talentos sobresalientes.

  • La secretaría de educación de Medellín registró más de quinientos niños de la ciudad que poseen habilidades sobresalientes. Foto: EL COLOMBIANO
    La secretaría de educación de Medellín registró más de quinientos niños de la ciudad que poseen habilidades sobresalientes. Foto: EL COLOMBIANO
  • Salomé y su mamá Jimena Ramírez viven en Aranjuez. Salomé estudia piano por su cuenta. FOTO julio herrera
    Salomé y su mamá Jimena Ramírez viven en Aranjuez. Salomé estudia piano por su cuenta. FOTO julio herrera
  • Arriba de izquierda a derecha: Lina María Mojica Cardona, César Alexander Rodríguez Díaz. Abajo: Luciana Ramírez y Gabriel Rodríguez Mojica FOTO manuel saldarriaga
    Arriba de izquierda a derecha: Lina María Mojica Cardona, César Alexander Rodríguez Díaz. Abajo: Luciana Ramírez y Gabriel Rodríguez Mojica FOTO manuel saldarriaga
  • Jeremías Ramírez y su mamá Yurany Guerra esperan la aprobación de la visa estadounidense para que el niño conozca la Nasa. FOTO julio herrera.
    Jeremías Ramírez y su mamá Yurany Guerra esperan la aprobación de la visa estadounidense para que el niño conozca la Nasa. FOTO julio herrera.
hace 2 horas
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Desde siempre la palabra –mejor, la noción– de genialidad causa asombro. Cada vez que pienso en la palabra me viene a la memoria la escena de Amadeus, la película de Milos Forman. Resumo: Antonio Salieri aprovecha la visita de Mozart para presentarle una pieza musical en la que trabaja desde hace varios años. Lo hace ante el rey y sus lacayos. Mozart escucha la pieza, se sienta al piano y –zas– la mejora completamente en un par de segundos. La genialidad es el don que los dioses o los genes o el azar le conceden a unos pocos. Simple y tremendo.

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En Medellín hay –de momento– 560 estudiantes de instituciones educativas oficiales que tienen capacidades o talentos excepcionales. En estricto sentido, no son genios (al genio lo avala un descubrimiento, una invención, una sinfonía), pero podrían serlo. Estos niños aprenden más rápido que sus compañeros, tienen curiosidades que superan las de su edad. De alguna forma, sobresalen en áreas académicas, artísticas, científicas, deportivas, creativas o de liderazgo.

Están inscritos en la Línea de Capacidades o Talentos Excepcionales. Carolina Franco Giraldo, secretaria de Educación de Medellín, le contó a EL COLOMBIANO que la identificación de estos estudiantes se realiza directamente en las instituciones educativas, a través de docentes y maestras de apoyo de la Unidad de Atención Integral, que cuentan con protocolos y herramientas para adelantar valoraciones, diagnósticos y procesos de acompañamiento. A partir de este trabajo, se diseñan planes personalizados que incluyen ajustes razonables y rutas de formación acordes con las capacidades cognitivas y los talentos específicos de cada estudiante, sin separarlos de sus grupos de clase.

El acompañamiento también se extiende a las familias, que reciben orientación socioemocional y pautas de apoyo para fortalecer la corresponsabilidad en los procesos educativos. Además, algunos estudiantes son presentados con fundaciones, corporaciones y otras instituciones que potencian talentos específicos en áreas particulares, entre ellas la robótica, matemáticas, química y ciencias, con proyección a oportunidades académicas y de formación posteriores al bachillerato.

Para la psicológa Diana Ortiz, directora de los posgrados en educación de la Universidad EAN, estos casos no deben entenderse únicamente desde la idea del “niño genio”, sino desde una mirada integral del desarrollo infantil.

Según la especialista, los niños excepcionales muestran habilidades significativamente superiores a la media del desarrollo típico, ya sea en el aprendizaje académico, la creatividad, las artes, la interacción social u otros dominios.

Estas características suelen manifestarse en formas atípicas de aprender, comprender el entorno o relacionarse con los demás. En muchos casos, estas capacidades producen la percepción de que el niño se comunica o razona de forma similar a la de un adulto.

Desde la psicología del desarrollo, la identificación de estas habilidades se realiza a través de instrumentos de evaluación que miden distintas escalas de inteligencia y desempeño. Los resultados se analizan en términos de tendencias, y cuando un niño se ubica de manera consistente por encima de la media, puede hablarse de un desarrollo excepcional. Ortiz aclaró que no existe un único puntaje o cifra universal. Las escalas varían según el enfoque disciplinar y el instrumento utilizado.

La experta subrayó el papel central de las familias en el reconocimiento temprano de estas habilidades, dado que son quienes primero observan comportamientos no habituales. Sin embargo, advirtió sobre los riesgos de la sobreestimulación, la sobreprotección o la exigencia excesiva, que pueden afectar el bienestar emocional y el interés del niño por su propio talento. En este sentido, insistió en la necesidad de mantener un equilibrio entre el fortalecimiento de las habilidades y el respeto por los tiempos de juego, descanso y ocio.

Finalmente, Ortiz dijo que existen alternativas institucionales y comunitaria que brindan orientación y acompañamiento a niños con talentos excepcionales, incluso en contextos con limitaciones económicas.

Salomé Ramírez, la claridad del pensamiento a los 12 años

Salomé y su mamá Jimena Ramírez viven en Aranjuez. Salomé estudia piano por su cuenta. FOTO julio herrera
Salomé y su mamá Jimena Ramírez viven en Aranjuez. Salomé estudia piano por su cuenta. FOTO julio herrera

El día en el que la visitamos, Salomé Ramírez (12 años) llevaba apenas una semana aprendiendo a tocar piano. Al final de la entrevista, trajo del cuarto la organeta, a la que le falta una tecla. Puso su mano derecha en el teclado y el celular en sus piernas. Luego, siguió las indicaciones de un video. Tocó dos canciones breves. Después, trajo las tijeras, las agujas, los hilos y una almohadilla de sutura, que tiene las formas de diferentes tipos de heridas. Dispuso todo con calma. Suturó. Desde hace unos años es voluntaria de la Cruz Roja. Cada pregunta que le hacíamos, Salomé la respondió con la calma de quien piensa metódicamente.

Jimena Ramírez, su mamá, contó que la niña maneja con habilidad las dos manos. Incluso, con tres años de edad, comenzó a pintar con los pies. “Yo la dejaba. Le decía que estaba muy bien aprender y experimentar”, contó Jimena, orgullosa del aplomo de Salomé para atender una entrevista con adultos desconocidos. Esa solvencia viene de su predilección por conversar con personas mayores. “Me parece que la gente mayor es muy interesante. Tiene más experiencias en la vida. Me pueden contar sus historias”, dijo Salomé.

“Siempre se inclinó mucho por la por la lectura. Cuando tenía 2 años, en un evento de una marca de pañales, la pusieron a escoger un objeto. Había muchos juguetes y solo un libro. Ella fue directo al libro”, dijo Jimena.

En este punto, intervino Salomé para contar que ya se leyó completa la saga de Harry Potter. Además, dijo, su primera lectura memorable fue El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde. También mencionó Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes. Por los días de la entrevista, leía El principito, de Antoine de Saint-Exupéry.

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Volvamos al piano. Salomé comenzó a estudiar piano por su cuenta. Volvamos a la sutura: a menudo práctica la sutura en tejidos animales. Por ejemplo, Jimena nos mostró una foto de la niña trabajando con el corazón de una res. Lo abrió, miró sus conductos, la fisiología, lo suturó. Esa es una particularidad de los niños con habilidades extraordinarias: van más allá de los contenidos académicos que reciben en el colegio. Tienen mentes despiertas, inquietas. Además de esto, Salomé tiene método para pensar.

Más que un contenido, la inteligencia es un método para resolver problemas. Por ejemplo, Salomé sufre dolores de cabeza cuando está expuesta al ruido. Entonces, encontró la manera de sobrellevar el exceso de alegría de sus compañeros en los cambios de clase de su colegio. “He notado cuáles cosas me dan la migraña y cuáles no. Prefiero sentarme en calma mientras llega el profesor. Me toca respirar, inhalar y exhalar y mantener la calma. Si me pongo a gritarles a mis compañeros, por no ser profesora, ellos no me harán caso. ¿Para qué me voy a desgastar?”, dijo Salomé.

Así de simple. Así de poderoso.

Salomé quiere ser médica. En buena medida, por eso aprendió lenguaje de señas. Va otro ejemplo de su método de pensamiento: “A mí me parece muy importante el lenguaje de señas. Digamos que yo soy la doctora, no sé lenguaje de señas y llega un paciente sordo. ¿Cómo me voy a comunicar con él para saber lo que siente? Me parece muy importante no solo especializarme en los idiomas. También me interesan los lenguajes que no son tan conocidos”.

Gabriel Rodríguez, en la mira de varios equipos

Arriba de izquierda a derecha: Lina María Mojica Cardona, César Alexander Rodríguez Díaz. Abajo: Luciana Ramírez y Gabriel Rodríguez Mojica FOTO manuel saldarriaga
Arriba de izquierda a derecha: Lina María Mojica Cardona, César Alexander Rodríguez Díaz. Abajo: Luciana Ramírez y Gabriel Rodríguez Mojica FOTO manuel saldarriaga

Desde la primaria, docentes de las instituciones en las que Gabriel Rodríguez Mojica ha estudiado señalaron su alto rendimiento académico. En varias ocasiones, le propusieron a sus padres que lo adelantaran grados, opción que su familia no aceptó. Según sus padres, César Rodríguez y Lina Mojica, la prioridad fue mantener el proceso escolar de Gabriel en sintonía con su desarrollo social y emocional. De manera constante, Gabriel ha ocupado los primeros lugares académicos y no ha requerido apoyos pedagógicos adicionales.

En paralelo a su formación académica, es un deportista de alto rendimiento. Inició en la natación a través de programas del INDER Medellín y, tras evaluaciones físicas, fue vinculado a un grupo de desarrollo de la Liga de Natación de Antioquia. Posteriormente, su familia decidió ajustar la carga de entrenamiento ante los efectos físicos que esta generó, priorizando su bienestar.

El fútbol es la otra pasión de Gabriel. Participó en la Babyfútbol y fue parte de procesos competitivos con distintos clubes. Tras cerrar una etapa con el Inter, se vinculó al Politécnico Jaime Isaza Cadavid, decisión tomada por criterios formativos. Aunque recibió propuestas de clubes de mayor reconocimiento, la familia optó por no presionar al niño.

En 2023, Gabriel integró la selección Medellín que participó en un torneo internacional en Corea del Sur, organizado por la academia del futbolista Son Heung-min. El equipo fue conformado tras un proceso de selección que incluyó a más de 80 niños, de los que solo 13 fueron elegidos. Gabriel clasificó pese a ser menor que la categoría oficial.

A su regreso, una docente del colegio sugirió iniciar el proceso de evaluación dentro del programa de talentos y capacidades excepcionales del sistema educativo. Tras varios meses de análisis, se emitió la categorización oficial. Actualmente, Gabriel cursa sus estudios en el colegio público Lucrecio Jaramillo Vélez, en Laureles, donde recibe acompañamiento institucional que le permite flexibilizar horarios para entrenamientos y competencias.

El reconocimiento no implica aulas especiales, sino una identificación dentro del sistema educativo que puede facilitar rutas de acompañamiento y acceso a oportunidades futuras, incluida la educación superior.

Mientras tanto, Gabriel combina su formación académica con entrenamientos deportivos y otros procesos educativos, bajo seguimiento familiar e institucional.

Todo ese trabajo –suyo y de su familia– se ve en la cantidad de Medallas que Gabriel tiene en su cuarto de adolescente.

Jeremías Ramírez está a un sello de conocer la Nasa

Jeremías Ramírez y su mamá Yurany Guerra esperan la aprobación de la visa estadounidense para que el niño conozca la Nasa. FOTO julio herrera.
Jeremías Ramírez y su mamá Yurany Guerra esperan la aprobación de la visa estadounidense para que el niño conozca la Nasa. FOTO julio herrera.

Al final de la entrevista, Jeremías Ramírez Guerra (10 años) abrió su pasaporte y le dijo a su mamá: “algún día aquí estará la visa”. Se refiere al permiso migratorio que le hace falta para conocer las instalaciones de la Nasa. Jeremías fue invitado por uno de los investigadores de la agencia espacial de los Estados Unidos –él y otros niños de Medellín–, pero en dos ocasiones los funcionarios de la embajada gringa rechazaron su solicitud. ¿Por qué? Porque sus papás no han salido del país. En todo caso, Jeremías conserva la ilusión de ser un investigador y un astronauta.

Desde mediados de los sesenta, ser un viajero galáctico ha sido el sueño de millones de niños. Tal vez Jeremías esté más cerca de lograrlo por tener habilidades excepcionales. Su madre, Yurani Guerra, dijo que desde el embarazo estimuló a su hijo con música, palabras, colores y números. Tras su nacimiento, observó un desarrollo temprano del lenguaje y una alta capacidad de retención. Antes del año ya pronunciaba palabras con claridad y recordaba lugares, personas y hechos. En edad preescolar aprendió a leer y escribir, y mostró interés por temas que no eran habituales para su edad.

Durante el jardín y los años de primaria, docentes le hablaron a la familia del niño sobre diferencias frente a otros pequeños del curso. No se trataba de dificultades de aprendizaje, sino de un ritmo acelerado y una curiosidad por contenidos avanzados. Con el tiempo, Jeremías se interesó por la astronomía, la historia, la física, la química y la ciencia en general, temas que investiga solo, leyendo libros y viendo videos didácticos. Jeremías está en quinto grado y en su cuarto en San Antonio de Prado tiene un telescopio y un microscopio.

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Jeremías participa en varios clubes académicos. Hace parte del Club de Ciencias y el Club de Lectura de su colegio. Además, está en un club de astronomía que se reúne en el Planetario de Medellín. Este último está compuesto por niños de hasta 12 años con interés en la ciencia espacial. El ingreso no es abierto al público y los cupos son limitados.

Su interés por el espacio se consolidó desde la guardería, cuando realizaba actividades relacionadas con el universo. Desde entonces, ha mantenido ese enfoque y expresa su deseo de convertirse en astronauta. En presentaciones públicas y encuentros académicos, Jeremías habla sobre planetas, planetas enanos, agujeros negros y misiones espaciales, utilizando conceptos técnicos acordes con su nivel de comprensión.

Según su madre, la decisión familiar ha sido no adelantarlo de grado, para que continúe su proceso junto a niños de su edad. Los docentes han optado por ofrecerle actividades adicionales y contenidos más estructurados que le permitan avanzar sin afectar la dinámica del aula. El acompañamiento institucional y familiar sigue enfocado en fortalecer sus intereses, respetar su desarrollo emocional y garantizar que el aprendizaje integral.

Ojalá los misterios de la burocracia no saboteen los sueños de un niño talentoso de conocer la Nasa.

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