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Hace un siglo, Marianito comenzó su camino a los altares

Hace un siglo el padre Marianito murió en Angostura, Antioquia. Hoy, ese municipio es uno de los centro del turismo religioso de Colombia. Se espera el segundo milagro para su canonización.

  • Los restos del padre Marianito son reliquias de primer grado. Son visitados por cientos de creyentes. FOTO Manuel Saldarriaga.
    Los restos del padre Marianito son reliquias de primer grado. Son visitados por cientos de creyentes. FOTO Manuel Saldarriaga.
  • El templo parroquial de Angostura tiene un espacio reservado para la veneración de los restos mortales del Padre Marianito. La iglesia tiene horarios amplios de visitas. FOTO Manuel Saldarriaga.
    El templo parroquial de Angostura tiene un espacio reservado para la veneración de los restos mortales del Padre Marianito. La iglesia tiene horarios amplios de visitas. FOTO Manuel Saldarriaga.
  • Angostura está a poco más de 120 kilómetros de Medellín. El viaje puede durar un poco más de tres horas. FOTO Manuel Saldarriaga.
    Angostura está a poco más de 120 kilómetros de Medellín. El viaje puede durar un poco más de tres horas. FOTO Manuel Saldarriaga.
  • El padre Jorge Ernesto Gaviria ocupa en la actualidad el cargo que el padre Marianito tuvo hace más de un siglo. Aquí frente a los exvotos. FOTO Manuel Saldarriaga.
    El padre Jorge Ernesto Gaviria ocupa en la actualidad el cargo que el padre Marianito tuvo hace más de un siglo. Aquí frente a los exvotos. FOTO Manuel Saldarriaga.
hace 56 minutos
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Sentado a pocos pasos del cuarto en el que hace un siglo (13 de julio de 1926) murió el beato Mariano de Jesús Eusse Hoyos, el sacerdote Jorge Ernesto Gaviria Puerta cuenta que en las alcancías de la parroquia de Angostura ha encontrado monedas árabes, chinas, canadienses, chilenas, argentinas y brasileras. Los habitantes de ese municipio del norte de Antioquia se acostumbraron a las romerías de peregrinos que visitan el santuario con la expresa intención de conseguir una sanación del alma o del cuerpo.

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¿Qué son los milagros? En estricto sentido teológico, los milagros son la intervención de Dios en la realidad de su creación. Digámoslo en palabras sencillas: son hechos que no pueden ser explicados a la luz de la lógica ni de la ciencia. Sin embargo, las vivencias de los fieles amplían esa noción. Por ejemplo, antes de la entrevista con el padre Jorge Ernesto, escuchamos el testimonio de un hombre de mediana edad que, arrodillado frente a la reja que separa el templo de las reliquias de Marianito, agradece su paternidad.

Al ponerse de pie, vemos que en su pierna, arriba del tobillo, tiene tatuado el rostro de Marianito.

–¿Sos muy devoto de Marianito?

–Sí, vengo a agradecerle un milagro. Con mi segunda esposa no podíamos tener hijos. Hace un tiempo vinimos al templo a pedirle que nos ayudara. Ahora tenemos una hija, Mariana.

–¿Sos de por acá?

–Soy de Yarumal, pero vivo en Barranquilla.

Volvamos a las definiciones teológicas. La Iglesia Católica emplea la noción de actos carismáticos para designar esos hechos que acercan a los fieles a los misterios del espíritu. ¿Quién se atrevería a decirle a este padre de familia que su hija no es un milagro? Cuando le contamos este testimonio al sacerdote Jorge Ernesto, él dice que Marianito es muy fecundo: su nombre ha sido puestos a muchos niños cuyas concepciones sus padres adjudican a la intervención del beato.

El templo parroquial de Angostura tiene un espacio reservado para la veneración de los restos mortales del Padre Marianito. La iglesia tiene horarios amplios de visitas. FOTO Manuel Saldarriaga.
El templo parroquial de Angostura tiene un espacio reservado para la veneración de los restos mortales del Padre Marianito. La iglesia tiene horarios amplios de visitas. FOTO Manuel Saldarriaga.

¿Qué es la santidad? El catecismo de la Iglesia Católica afirma que se trata de una vivencia de la fe a la que están llamados todos los bautizados. “Sean perfecto como vuestro Padre Celestial es perfecto”, dice Jesús en el Evangelio de San Mateo, elevando la vara para todos sus seguidores. En una visión más mundana, se podría decir que la santidad es un estilo de vida que las autoridades eclesiales consideran ejemplar para sus feligreses. Cada época de la historia tiene un tipo de santidad particular.

Son muy distintas las biografías de los padres del desierto (monjes de los primeros siglos del cristianismo) y las de los misioneros que se internan en las selvas y montañas. Para no ir muy lejos, fueron diferentes las existencias del Beato Marianito y de Santa Laura Montoya. En consecuencia, para entender el mensaje que la iglesia quiso transmitir con la beatificación de Marianito habría que echarle un vistazo al contexto histórico del sacerdote campesino de Angostura.

Nacido el 14 de octubre de 1845 en Yarumal, Marianito vivió en épocas difíciles para la iglesia católica colombiana. En su segundo mandato presidencial, el general Tomás Cipriano de Mosquera (1861-1863) firmó las leyes de tuición y de manos muertas. La primera exigió que los sacerdotes juraran obedecer las leyes de la república y contaran con el permiso del gobierno para ejercer su labor. La segunda hizo que los bienes de la iglesia fueran expropiados a favor de la nación. Ambas limitaron el poder terrenal del clero, una institución que durante la colonia española tuvo influencia en los habitantes del país.

Con ese contexto en mente, se entienden ciertos pasajes de la biografía de Marianito en la página oficial de la Santa Sede. Por ejemplo, este, sobre sus años de infancia: “Los padres de Mariano eran muy religiosos, por eso, desconfiando de la escuela pública, que entonces se comportaba de modo muy hostil a la Iglesia, se ocuparon personalmente de la educación de su primogénito”. También se comprende la razón del poco tiempo que duraron los estudios sacerdotales de Marianito: en 1869 entró al seminario mayor de Medellín y recibió la ordenación sacerdotal apenas tres años después.

La tensiones no se limitaron a su juventud. Hay otro pasaje al respecto en la misma biografía. Dice: “Nada era capaz de frenarle en su celo: ni los obstáculos de parte de la autoridad civil, en aquel entonces muy contraria a la Iglesia, ni las dificultades de tiempos y lugares”. También, en la memoria popular hay vestigios de esas discusiones. A la entrada de Angostura, por la carretera actual, el viajero pasa por las “Cuevas de Marianito”, unas formaciones geológicas en las que el beato se escondió durante los tiempos de las guerras civiles de finales del siglo XIX y principios del XX.

En síntesis, vista con la óptica de la historia, la santidad de Marianito es la de alguien que en tiempos de “liberalización” de las instituciones se aferró a la fe y a las tradiciones. No obstante, este enfoque se queda corto para los creyentes. Él encarna una vida en la que las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) alcanzaron dimensiones heroicas.

Angostura está a poco más de 120 kilómetros de Medellín. El viaje puede durar un poco más de tres horas. FOTO Manuel Saldarriaga.
Angostura está a poco más de 120 kilómetros de Medellín. El viaje puede durar un poco más de tres horas. FOTO Manuel Saldarriaga.

Andrés Felipe Roldán Posada es uno de los expertos en la vida de Marianito, al menos esa distinción se la da Ricardo Zuluaga, presidente de la Academia Antioqueña de Historia. Él es quien nos explicó la diferencia entre milagros y hechos carismáticos. También cuenta que la biografía de Marianito se conserva viva en las memorias de los campesinos del norte de Antioquia, aquellos que relatan el reverdecimiento de un palo de Guayabo muerto o el nacimiento de hilos de agua en parajes secos de las montañas.

–¿Qué pasó con el guayabo?

–Es uno de los hechos más populares en el imaginario colectivo. La gente cuenta que Marianito iba mucho a las veredas. En uno de esos viajes se encontró con un vecino que no era creyente. El beato le dijo que hacía tiempo no lo veía en la iglesia. Le dijo que se confesara. Él otro lo desafió, diciéndole que lo haría cuando un tronco seco de un guayabo volviera a dar flores...

–¿Y qué pasó?

–Al tiempo, Marianito estaba a punto de iniciar la misa. Este hombre entró corriendo al templo. La gente se asustó, pensó que lo iba a atacar. Pero no. El hombre quería confesarse porque el guayabo había florecido.

Estas historias son comunes en el judaísmo. Quizá el más antiguo sea el relato del florecimiento de la vara de Aaron, el hermano de Moisés, que lo confirmó en su calidad de sumo sacerdote del pueblo de Israel. Hay otro milagro adjudicado a Marianito que se parece a uno de la tradición. En una crónica publicada en este diario en 1999, Reinaldo Spitaletta dice que el beato tenía la costumbre de humedecer con su saliva las puntas de sus dedos para dibujar una cruz en los enfermos. El texto recoge el testimonio de Gabriela López, una angostureña que siendo niña fue curada de una infección de su oreja con este procedimiento.

A su vez, Andrés Felipe Roldán dice haber escuchado la historia de una prima de Marianito, que se curó de una herida con una aguja gracias a que el padre le amarró en el dedo un pañuelo untado con su saliva. Andrés Felipe recuerda que en esos años se creía que los trozos de metal que quedaban en el cuerpo se iban por la sangre hasta el corazón. En los evangelios se relatan dos milagros que Jesús realizó tocando partes de cuerpos enfermos con su saliva.

A pesar de estos relatos, que son cientos –cerca a la parroquia hay una pared con exvotos de agradecimientos por milagros–, el padre Jesús Ernesto dice que Marianito no hace –ni hizo– milagros. Es Dios quien los realiza por la intercesión del beato. Los santos católicos son modelos de virtudes, no taumaturgos. No obstante esto, los milagros son el requisito que la iglesia tiene para elevar a los altares a cualquiera. Se necesita uno para ser declarado beato. Y otro, realizado después de la beatificación, para ser santo.

A la causa de canonización de Marianito le falta un milagro hecho por su mediación después del 9 de abril de 2000, fecha en la que San Juan Pablo II lo declaró “Patrono de la paz de Colombia”.

El padre Jorge Ernesto Gaviria ocupa en la actualidad el cargo que el padre Marianito tuvo hace más de un siglo. Aquí frente a los exvotos. FOTO Manuel Saldarriaga.
El padre Jorge Ernesto Gaviria ocupa en la actualidad el cargo que el padre Marianito tuvo hace más de un siglo. Aquí frente a los exvotos. FOTO Manuel Saldarriaga.

En la edición de EL COLOMBIANO del 5 de julio de 1922 hay un clasificado en el que el párroco Mariano de Jesús Eusse pide a sus hermanos sacerdotes y demás amigos que “eleven sus preces” con motivo de los cincuenta años de su ordenación sacerdotal. En el archivo no hay registro de la noticia de su muerte. Según los testimonios del padre Jorge Ernesto y de Andrés Felipe, los vecinos de la parroquia debieron juntar dinero y objetos para las honras fúnebres de quien fue por cuarenta años el “pastor de sus almas”.

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“Era tan grande su pobreza que no tenía ni la ropa necesaria para cambiarse. Los que le cuidaban tuvieron que acudir a la caridad de la gente para poder asistir al enfermo como convenía. Él dijo entonces: “Ya he vivido bastante. Ahora mi deseo más grande es unirme a mi Jesús”, se lee en la biografía oficial incluida en la página web de la Santa Sede. Marianito murió en olor de santidad, una expresión que quiere decir que su fama de persona ejemplar salió de los límites de su municipio.

Las fechas de Marianito

El padre Marianito nació el 14 de octubre de 1845, fue bautizado el 15 de octubre del mismo año y su confirmación ocurrió el 22 de septiembre de 1847. El 20 de noviembre de 1860 presentó sus exámenes académicos en el colegio de Marinilla. Ingresó al Seminario Conciliar de Medellín el 3 de febrero de 1869, recibió la primera tonsura y las cuatro órdenes menores el 20 de marzo de ese año, presentó el examen canónico el 22 de mayo de 1872 y fue ordenado subdiácono el 30 de junio, diácono el 7 de julio y presbítero el 14 de julio de 1872.

Su ministerio sacerdotal comenzó el mismo 14 de julio de 1872 en calidad de coadjutor en la parroquia de San Pedro de los Milagros junto al padre Fermín de Hoyos. El 10 de enero de 1873 fue nombrado cura excusador y en 1874 inició las gestiones para la construcción de la actual Basílica. El 20 de enero de 1875 asumió el cargo de cura interino y el 16 de septiembre de ese año volvió a desempeñarse como coadjutor del padre José María Velilla. El 16 de diciembre de 1875 presidió la celebración y firmó el acta de la primera piedra del nuevo templo. En abril de 1876 fue coadjutor en Angostura; a comienzos de 1879 inició su cargo de párroco de Sabanalarga y el 8 de marzo de 1881 fue designado cura interino de Angostura sin dejar su cargo en Sabanalarga. Finalmente, el 21 de enero de 1882 fue nombrado cura propio de Angostura, responsabilidad que ejerció durante 45 años. Falleció el 13 de julio de 1926.

El proceso de beatificación comenzó el 10 de octubre de 1980 en Roma. El 3 de marzo de 1990 fueron proclamadas sus virtudes heroicas y recibió el título de Venerable. Posteriormente, el 26 de marzo de 1999 fue aprobado un milagro atribuido al padre Marianito y el 9 de abril de 2000 se llevó a cabo su beatificación.

¿Por qué tantos peregrinos visitan el santuario de Marianito en Angostura?
Muchos fieles llegan al santuario para agradecer o pedir favores relacionados con la salud física, la vida familiar o la paz espiritual. Las romerías son una tradición en Angostura y que incluso personas de otros países dejan ofrendas y donaciones como muestra de su devoción.
¿Qué milagros o favores atribuyen los devotos a Mariano de Jesús Eusse?
¿Qué le falta al beato Mariano de Jesús Eusse para ser declarado santo?
Le falta el reconocimiento de un segundo milagro atribuido a su intercesión, ocurrido después de su beatificación. La Iglesia Católica exige un milagro para declarar a una persona beata y otro, posterior a la beatificación, para canonizarla como santa. En el caso de Marianito, ese segundo milagro aún no ha sido aprobado.

Los fieles le atribuyen favores de distinta naturaleza, como sanaciones, embarazos que parecían imposibles y otros hechos considerados extraordinarios. Existen diversos testimonios de personas que afirman haber recibido estas gracias, aunque para la Iglesia, los milagros son obra de Dios y ocurren por la intercesión del beato.

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