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Adriana Barraza llega a los cines colombianos con Volar

La actriz mexicana nominada al Premio Óscar es la protagonista de esta película grabada en Bogotá. EL COLOMBIANO conversó con ella.

  • En Medellín, Volar estará en cartelera esta semana en el Cineprox de Las Américas. Foto cortesía
    En Medellín, Volar estará en cartelera esta semana en el Cineprox de Las Américas. Foto cortesía
hace 6 horas
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En el set, Adriana Barraza es más que una actriz. La mexicana, que en 2006 fue nominada al Premio Óscar por su papel en Babel de Alejandro G. Iñárritu, ha construido una carrera de más de cinco décadas que la ha llevado por varios países de Latinoamérica, a Hollywood y también al aula de clases.

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Los 40 años que ha dedicado a formar a nuevos actores no pasan inadvertidos cuando está encabezando una producción. Así ocurrió en Volar, la nueva película colombiana dirigida por Jeiver Pinto Vargas, en la que Barraza interpreta a Alicia, una mujer mayor de clase alta que es secuestrada por Alirio, un niño que vive en las calles y que, tras perder a su mejor amiga, decide llevarla al Bronx para no quedarse solo.

Esta cinta, cuya idea nació hace diez años, fue grabada en Bogotá. Pinto, su director, asegura que el mayor reto fue imprimirle al proyecto la verdad que necesitaba. Por eso, la filmación se hizo a cielo abierto, en plena ciudad, y muchos de los extras son habitantes de calle reales. En ese proceso, además de interpretar a Alicia, Adriana fue una pieza clave. Trabajó mano a mano con Pinto para darle herramientas a Erick Agray y Estefanny Rodríguez, sus dos compañeros de escena, quienes no eran actores profesionales y que, a diferencia del resto del elenco, no contaban con un guion.

Este es el primer protagónico en el cine colombiano de Barraza, quien ha participado en producciones como Blue Beetle, de DC Studios; Los 33, junto a Antonio Banderas y Jueliette Binoche, y Mi amigo el pingüino, con Jean Reno. EL COLOMBIANO habló con la actriz sobre esta experiencia.

¿Cómo llegó a Volar y cuál fue su primera impresión del guion?

“Jeiver (el director) estaba haciendo Perros, una película junto a Harold Trompetero, y en la que yo también participaba. Fui a Colombia para hacer una actuación especial, un personaje muy pequeñito en ese proyecto tan interesante.

Fue en ese momento cuando nos conocimos y él me hizo el ofrecimiento de interpretar a Alicia. La verdad, cuando leí el guion, me pareció muy particular; abordaba temas muy importantes y era un personaje que me daban muchas ganas de hacer. Así que inmediatamente me sumergí en el proyecto”.

La película explora la relación de tu personaje con Alirio, interpretado por Erick Agray, quien debutó como actor en este proyecto, ¿cómo vive el hecho de compartir escena y acompañar a actores que están dando sus primeros pasos?

“Independientemente de que mis compañeros tengan experiencia o de que sean realmente actores o no, me ha tocado trabajar con todo tipo de personas: algunas muy involucradas en el oficio, con mucho tiempo de trayectoria, y otras para quienes es la primera vez que participan en algo así.

Y hay algo muy importante. Así como un actor con mucha experiencia trata constantemente de encontrar la verdad, muchas veces el no actor ya la trae consigo. Luego, te lo digo como maestra, esa naturalidad se va diluyendo un poco conforme el actor aprende técnicas y busca cómo resolver determinadas situaciones.

Entonces, trabajar con Érick y con Stephanie, siempre de la mano y bajo la guía de nuestro director, fue una experiencia muy particular. Como maestra que soy, fue muy agradable compartir con dos jovencitos que tenían, primero que nada, toda esa energía que uno ya no tiene después de cierto tiempo, además de todas las ganas y la comprensión de unos personajes tan duros.

Fue una experiencia muy bonita, de esas que uno quisiera volver a vivir alguna otra vez”.

Después de más de 50 años actuando, ¿qué es lo que hoy en día la hace tomar la decisión de participar en un proyecto?

“La historia. Cuando acababa de ser nominada al Óscar recibí muchas propuestas. Entre ellas, la de un joven colombiano que me mandó un guion escrito de una forma tan bella: la historia de una mujer de 80 años, de una población muy precaria, que nunca había conocido el mar y que, tras morir su esposo, emprende ese recorrido. Era una historia bellísima. Le escribí y le dije: ‘Tu historia es tan hermosa que no la voy a hacer, porque mi rostro no tiene 80 años. Tú mereces primeros planos de un rostro real, no maquillado, de 80 años’.

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Cuando encuentro una historia que sí va conmigo y que me llama la atención porque propone algo nuevo, lucho mucho por ella. Tengo un equipo grande en Los Ángeles y a veces todos decimos: ‘Quizá por aquí no hay que ir porque no le aporta nada a la carrera’. Pero también saben que hay momentos en los que digo: ‘Esta historia la quiero hacer sí o sí’. Esta era una de ellas: estaba escrita de una manera tan hermosa, era tan bonito poder contar la vida de estos seres humanos, que me tocó el corazón.

Hay proyectos a los que uno entra porque necesita la parte económica, y otros que ya no quiero hacer nunca más, como las historias del narcotráfico. Alguna vez hice dos proyectos de ese tipo y dije: ‘Hasta aquí’. Por mi propia historia como mexicana, ya no quisiera seguir haciendo ese tipo de proyectos”.

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