Durante años, el fútbol colombiano se educó bajo una premisa casi incuestionable: llegar a Europa era sinónimo de éxito, de consagración y de validación definitiva. El Viejo Continente representaba el pináculo de la carrera profesional, el lugar donde los talentos se templaban y se convertían en figuras internacionales. Sin embargo, esa narrativa empieza a resquebrajarse. Cada vez son más los jugadores colombianos que no logran consolidarse en Europa y terminan regresando al continente americano, no como un retroceso, sino como una reconfiguración de sus trayectorias. El caso de Carlos Andrés Gómez es el más reciente y, al mismo tiempo, uno de los más simbólicos.
A sus 23 años, Gómez fue oficializado como nuevo jugador del Vasco da Gama, cedido por el Stade Rennes de Francia, tras un paso corto y poco fructífero por la Ligue 1. Llegó a Río de Janeiro, superó los exámenes médicos y firmó contrato hasta junio de 2026, con la ilusión intacta de reencontrarse consigo mismo y, sobre todo, de volver a competir en el radar de Néstor Lorenzo y la Selección Colombia. No es un detalle menor: hoy, más que nunca, la regularidad pesa tanto como el escenario.
El paso de Gómez por Francia dejó sensaciones encontradas. Arribó a mediados de 2024 desde la MLS con expectativas altas, sumó 17 partidos, pero nunca logró afirmarse como titular ni encontrar continuidad. Alternó minutos, fue una pieza secundaria en varios encuentros y terminó entendiendo que su crecimiento no pasaba por esperar oportunidades esporádicas. Desde Rennes, aun así, siguen viendo talento en el volante colombiano. Por eso el préstamo: la apuesta es que recupere nivel competitivo en Sudamérica para volver más fuerte.
El regreso de Gómez no es un caso aislado, sino parte de una tendencia cada vez más evidente. Europa dejó de ser un destino lineal y definitivo para muchos futbolistas colombianos. Las exigencias inmediatas, la falta de paciencia, el choque cultural y táctico, y la competencia feroz en planteles amplios han convertido el sueño europeo en una experiencia efímera para más de uno. Lo que antes se interpretaba como fracaso, hoy empieza a leerse como una pausa estratégica.
La historia reciente del fútbol colombiano está llena de ejemplos. Jugadores que no lograron asentarse en el viejo continente, pero que al volver a Sudamérica recuperaron su mejor versión. Futbolistas que, lejos de apagarse, se reencontraron con su identidad, con la confianza y con el protagonismo que Europa les negó. La consolidación ya no depende exclusivamente de la geografía, sino del contexto deportivo.
Brasil, el nuevo destino
En ese nuevo mapa, Brasil aparece como el gran protagonista. El Brasileirão ha desplazado a México y Argentina como el principal destino para los futbolistas colombianos, gracias a una combinación que antes parecía impensada en Sudamérica: músculo financiero, proyección internacional y estabilidad contractual. Hoy, muchos clubes brasileños pagan salarios en dólares, ofrecen contratos extensos y afrontan transferencias millonarias, condiciones que durante décadas fueron patrimonio casi exclusivo de Europa.
Los números respaldan esta transformación. Según registros de Transfermarkt, las dos principales divisiones del fútbol brasileño concentran actualmente más de 40 futbolistas colombianos, duplicando la presencia en la liga argentina y superando ampliamente a México, que ronda entre 25 y 28 jugadores. El Brasileirão no solo se volvió competitivo en lo deportivo, sino también irresistible en lo económico.
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