Tiene la paciencia y el positivismo de los ganadores y la alegría de la juventud. A sus 22 años Jefersson Martínez Valverde vive un momento especial en su carrera deportiva.
El arquero, nacido en Arboletes, Urabá, sale hoy (6:00 p.m.) al estadio Alfonso López de Bucaramanga a recoger los frutos de la constancia, el empuje, el trabajo y la disciplina como titular del Envigado, un puesto que buscó por mucho tiempo y en el que ha respondido con creces en las últimas fechas: empate 1-1 con Chicó y triunfo 2-0 sobre el líder Millonarios por la Liga Águila-1, además de los juegos de la Copa Águila.
“Es rápido, intuitivo y posee gran velocidad de reacción”, así lo define el preparador físico John Hernández.
El preparador de arqueros Hugo Tuberquia destaca la “experiencia y personalidad” que ha cultivado el cuidapalos en la Copa Águila.
Jefersson, quien llegó a la Cantera de Héroes hace nueve años proveniente de la Escuela Rey Pelé, de Montería, por recomendación del profesor Camilo Pérez, asegura que las ganas de salir adelante y convertirse en ejemplo para los niños y jóvenes le han ayudado a ser paciente.
Antes le daban uno, dos o tres partidos en la máxima categoría, más por necesidad (expulsiones o lesiones de los titulares) que por convicción. Pero ahora el técnico Juan Carlos Sánchez, conocedor de sus capacidades, le dio el espaldarazo por encima del experimentado Bréiner Castillo.
“Estoy muy contento, porque se me brinda la oportunidad en un momento crucial. Vencer al puntero era lo que necesitábamos para ganar confianza”, dice el muchacho de porte delgado y buena estatura (1,86 metros).
La amistad que tiene con Bréiner es fuerte, pues confiesa que ve en este a un maestro. “Es un líder positivo, siempre estoy cerca de él para aprenderle. Me brinda seguridad y dice que soy capaz de quedarme con el puesto”.
Por ahora Jefersson, “extrovertido y gozador”, pero serio a la hora de trabajar, piensa en afianzarse en el rentado. Ya estuvo en una convocatoria de Colombia sub-23 y piensa en seguir creciendo para responder a la fe de sus padres Nury (ama de casa) y Justino (ingeniero civil), que junto a sus cuatro hermanos viven pendientes en Urabá de sus atajadas.
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