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“Fuimos más que hermanos”: Juan Jairo Galeano y una vida marcada por Andrés Escobar. En esta entrevista, el exgoleador de Nacional habla de todo

El histórico goleador de Nacional, Juan Jairo Galeano, rompe el silencio sobre su hermandad con Andrés Escobar, las heridas de 1994 y su visión del fútbol actual. Una charla con el corazón.

  • “Fuimos más que hermanos”: Juan Jairo Galeano y una vida marcada por Andrés Escobar. En esta entrevista, el exgoleador de Nacional habla de todo
  • Juan Jairo Galeano está hoy dedicado a su emprendimiento, pero la gran amistad que tuvo con Andrés Escobar siempre hará parte de su vida. FOTOS JUAN PABLO ESTRADA Y ARCHIVO EL COLOMBIANO
    Juan Jairo Galeano está hoy dedicado a su emprendimiento, pero la gran amistad que tuvo con Andrés Escobar siempre hará parte de su vida. FOTOS JUAN PABLO ESTRADA Y ARCHIVO EL COLOMBIANO
hace 2 horas
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Hablar con Juan Jairo Galeano es recorrer una parte esencial de la historia del fútbol colombiano. Campeón de la Copa Libertadores de 1989 con Atlético Nacional, goleador, referente en el juego aéreo y posteriormente campeón como asistente técnico, Galeano es también testigo privilegiado de una época marcada por triunfos inolvidables y heridas que nunca cerraron del todo.

En conversación con Línea de Gol del periódico EL COLOMBIANO, el exdelantero repasa su carrera, recuerda a los grandes “nueves” verdolagas, analiza el presente del fútbol colombiano y se detiene, con emoción intacta, en la figura de Andrés Escobar, su amigo, su hermano de vida.

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La vida después del fútbol: de las canchas a la empresa privada

Juan Jairo, han pasado más de 20 años desde su retiro. ¿Cómo define hoy su relación con el fútbol?

“Yo siempre digo que uno no se retira del fútbol, el fútbol se queda metido en la piel. Yo estoy retirado parcialmente, pero sigo muy conectado. Veo mucho fútbol, lo analizo, hablo con mis amigos de toda la vida, con gente con la que compartí camerinos, concentraciones, viajes, alegrías y tristezas. Esa es nuestra esencia. El fútbol fue y sigue siendo nuestra vida”.

¿Extraña el día a día de la competencia, la cancha, el camerino?

“Claro que se extraña, pero llega un momento en la vida en el que uno entiende que cada etapa se cumple. Yo tuve una carrera larga, con momentos muy lindos y otros muy duros. Hoy disfruto el fútbol desde otro lugar, con más calma, con más reflexión, sin esa presión diaria, pero con el mismo amor”.

Usted combina hoy esa pasión con la empresa privada. ¿Cómo fue ese tránsito?

“Fue un proceso que empezó muy joven. En nuestra época no se ganaba como hoy. Se ganaba bien para vivir, pero no para asegurar la vida entera. Yo entendí temprano que el fútbol no era para siempre. Empecé a pensar, a echarle cabeza. Me metí en cuanto negocio aparecía: panadería, tiendas, prendería, de todo. Aprendí muchísimo, a veces perdiendo, a veces ganando”.

Muchos exfutbolistas no logran hacer esa transición...

“Sí, y eso duele. Muchos compañeros no tuvieron esa visión o no tuvieron a alguien que los orientara. Yo tuve la bendición de rodearme de gente que sabía, de escuchar consejos y de entender que la fama se acaba, pero la vida sigue”.

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Hoy su empresa tiene un simbolismo muy fuerte por el nombre de su socio...

“Total. Yo lo llamo mensaje celestial o mensaje divino. No es gratuito que yo, siendo el mejor amigo y el hermano de Andrés Escobar, que se fue para el cielo, me encuentre hoy en el camino con un socio que se llama Andrés Escobar. Yo no creo en la suerte, ni en las coincidencias. Creo que uno va construyendo su camino. Mi socio es un gran ser humano, berraco, emprendedor, y juntos sacamos adelante una empresa de soluciones de empaque y embalaje”.

Los mejores delanteros en la historia de Atlético Nacional

En lo deportivo, a usted se le reconoce como uno de los grandes cabeceadores del fútbol colombiano. ¿Cómo nació esa virtud?

“Fue algo muy natural. En esa época no se entrenaba como ahora. No había análisis biomecánicos ni estadísticas. Uno aprendía jugando, observando, repitiendo. Yo tenía buen tiempo, buena ubicación y carácter para ir a disputar la pelota. Eso fue marcando mi carrera”.

¿A quién miraba usted para aprender?

“Cuando llegué a Atlético Nacional en 1980 tenía un referente clarísimo: Eduardo Emilio Vilarete. Para mí, el mejor cabeceador del fútbol colombiano. Era impresionante cómo se elevaba y cómo impactaba el balón. Antes de él hubo grandes extranjeros que marcaron época. Después vinimos otros, cada uno con su estilo”.

Víctor Aristizábal aparece siempre en esa conversación...

“Claro. Víctor es un caso especial. No era alto, pero tenía una lectura del juego extraordinaria. Anticipaba, era astuto, inteligente. Lo de Víctor es incluso más valioso por esas condiciones. Después vino Juan Pablo Ángel y muchos más que fueron evolucionando el puesto”.

El Top 3 de goleadores según Juan Jairo Galeano

Nacional es sinónimo de grandes delanteros. Si tuviera que hacer un top tres histórico, ¿cómo lo arma?

“Es una pregunta muy difícil, pero la historia habla. El número uno es Víctor Aristizábal, eso no tiene discusión. El segundo, por lo que fue como goleador y jugador, John Jairo Tréllez. Y el tercero es complicado porque hay muchos nombres: Palavecino, Londero, Vilarete, La Rosa, Asprilla, Juan Pablo Ángel. Si hablamos específicamente del número nueve, podría ser Juan Pablo”.

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¿Cómo ve el puesto del ‘9’ en el fútbol colombiano actual?

“El fútbol colombiano siempre ha dado buenos delanteros. Hoy vemos jugadores muy potentes. Miguel Ángel Borja, por ejemplo, es un jugador de área, oportunista, buen cabeceador, buen rematador. Guardando mucho respeto, puede tener similitudes con lo que yo hacía. Pero él ha hecho una carrera enorme, triunfó en Brasil, en River y sigue creciendo”.

También fue muy directo al hablar de John Jáder Durán...

“Sí. Tenemos un talento impresionante. Para mí es el Haaland colombiano. Físicamente es una bestia, tiene gol, potencia. El problema es la cabeza. Haaland tiene cabeza, Durán todavía no. Eso se trabaja con madurez, con experiencia”.

Andrés Escobar: la herida que nunca cerró para el “Andino”

Pasemos a los momentos difíciles. ¿Cuáles fueron las derrotas más duras de su carrera?

“Fueron varias. No poder ir al Mundial de Italia 90 por una lesión fue durísimo. Tampoco pude jugar la final intercontinental en Tokio porque estaba fracturado de un tobillo. Esa fue mi historia: muchas lesiones. A todas me sobrepuse, pero siempre queda el dolor de lo que pudo ser”.

Pero hay una tristeza que está por encima de todas...

“Sí. La de Andrés Escobar. Esa no tiene comparación”.

Usted estuvo con él la noche de su muerte...

“Sí, yo estuve con él esa noche. Fue durísimo, durísimo. Andrés dejó una huella imborrable en todos nosotros. Los que fuimos compañeros, amigos, hermanos de la vida. Hablar de Andrés todavía me quiebra, después de tantos años”.

¿Qué era Andrés Escobar para usted?

“Era más que un amigo. Era mi hermano. Cuando yo llegué a Medellín, encontré en la familia Escobar Saldarriaga mi segunda familia. Doña Beatriz, don Darío, Santiago, Andrés... me acogieron como si fuera uno más. Andrés no solo fue un gran futbolista, fue una persona excepcional. La vida fue cruel, Dios se nos adelantó y se lo llevó, pero nos dejó un legado enorme”.

¿Cree que el país ha dimensionado lo que significó Andrés Escobar?

“Creo que sí, pero nunca será suficiente. Andrés no solo representó al fútbol colombiano, representó valores sociales, culturales y humanos. Por eso sigue tan presente. Nadie ha podido borrar ni un segundo de su memoria”.

Los valores del “Caballero del Fútbol” y el legado para Nacional

¿Cómo fue su llegada desde Andes a Medellín?

“Yo vivía en Andes, un pueblo que en esa época quedaba muy lejos. Me trajeron grandes entrenadores del fútbol aficionado. Yo digo en broma que me trajeron con un espejito o un trapo rojo. Llegué a Medellín, conocí a Santiago en la Selección Antioquia y de inmediato hubo una conexión especial”.

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¿Qué significó llegar a la casa de los Escobar?

“Fue una bendición. Aprendí modales, cultura, valores. Me dejé guiar. Como dice el dicho: al buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija. Esa familia fue fundamental para mi crecimiento como persona y como futbolista”.

Se habla mucho de Andrés como “El Caballero del Fútbol”. ¿Cómo era en lo cotidiano?

“Era un caballero, sí, pero también era alegre, bromista, cercano. Desde muy joven se le notaba la nobleza, la bondad, la generosidad. Llegó a Nacional rodeado de figuras extranjeras y jugadores de jerarquía y supo ganarse el respeto con humildad e inteligencia. Por eso el mundo lo recuerda así”.

Como asistente técnico, usted fue parte de un proceso que marcó a Nacional...

“Sí. En 2011 sentamos las bases de un proyecto muy importante. De ahí salieron jugadores como Sebastián Pérez, Stefan Medina, Edwin Cardona, Berrío, Barrientos. Recuerdo cuando León Fernando Villa nos mandó a Sebastián Pérez con apenas 16 años. El pelado pidió la pelota sin miedo, mostró personalidad. Ahí uno se da cuenta cuando hay un jugador distinto”.

Ese proceso terminó siendo clave para la Libertadores de 2016...

“Exactamente. Nosotros pusimos las bases. Luego vinieron Osorio y Reinaldo Rueda y se coronó ese trabajo. Eso es lo bonito del fútbol: entender que los procesos son colectivos, que nadie gana solo”.

Para cerrar, ¿qué mensaje le deja a las nuevas generaciones?

“Que conozcan la historia. Que entiendan que el fútbol no es solo ganar títulos. Es valores, personas, legado. Andrés Escobar representa todo eso. Mientras se hable de él, mientras se recuerde su ejemplo, seguirá vivo”.

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