Hay respuestas que no admiten segundas lecturas. Tres “no” consecutivos, secos, sin titubeos ni matices, bastaron para que el máximo accionista del Junior, Fuad Char sepultara una ilusión que durante meses alimentó titulares, conversaciones de café y la esperanza de miles de hinchas. Cuando en una entrevista con Win Sports le preguntaron si volvería a negociar con James Rodríguez, la respuesta fue inmediata, contundente y definitiva: “No, no, no”.
Detrás de esa negativa no hay una simple postura administrativa ni una diferencia económica. Hay decepción, molestia y, sobre todo, una sensación de haber sido utilizado. Así lo dejó claro el dirigente, visiblemente afectado, al relatar un episodio que hoy define como “un capítulo para el olvido”.
Según su testimonio, el club hizo todo lo que estuvo a su alcance. La oferta, en sus propias palabras, era generosa, casi desbordada: “le estábamos ofreciendo esta vida y la otra”.
El dirigente incluso relata que, confiando en la palabra del jugador, realizó un viaje a Medellín con la convicción de que todo quedaría sellado. Viajó para ratificar la oferta, para estrechar manos y cerrar un acuerdo que parecía encaminado. Pero lo que encontró fue un escenario completamente distinto al esperado.
“Allá cuando llego ya me tenía un representante nuevo y me dijo que no”, cuenta, con una mezcla de incredulidad y amargura. El cambio de interlocutor, la negativa repentina y el portazo final fueron interpretados como una falta de respeto. “Cogió un viejito como yo”, dice, dejando ver que el golpe no fue solo profesional, sino personal.
Este episodio no solo marca una ruptura entre un club y un jugador, sino que refleja una realidad cada vez más frecuente en el fútbol moderno: negociaciones volátiles, decisiones de último momento y relaciones que se quiebran sin posibilidad de recomposición. En este caso, la herida parece profunda y definitiva.
Para James Rodríguez, el capítulo también deja preguntas abiertas. Este tipo de situaciones alimentan la percepción de un futbolista rodeado de entornos cambiantes y decisiones que, en ocasiones, priorizan lo inmediato sobre lo simbólico.
Lo que pudo ser una de las transferencias más impactantes del fútbol colombiano quedó reducido a una historia amarga.
Así, entre viajes innecesarios, ofertas generosas y un “no” inesperado, se cerró una puerta que muchos soñaban ver abierta. El regreso de James al fútbol colombiano con el Junior, al menos por este camino, ya no es una posibilidad. Como dijo el propio dirigente, sin rodeos ni diplomacia: ese es un capítulo para el olvido.