El 23 de agosto de 2010 es una fecha que Luis Fernando Higuita Barrera no olvida. Ese día llegó, tímido e inseguro, al módulo de pesas, ubicado en los bajos del coliseo Iván de Bedout, al lado de Yahir Castañeda, Alex Andrade, Johnny Guisao y Andrés Rentería. Tenían la idea de comenzar a escribir su historia en el semillero de la Liga llamado Escuela Departamental de Pesas.
Era flaquito y bajito. Byron, uno de sus siete hermanos, le había dicho, días atrás, entre burla y charla, que no se metiera a jugar fútbol, porque seguramente no iba a poder ni con el balón. Quería patear el balón como lo hacía él.
Su mamá, Martha Elena, terminó preocupándose mucho más cuando el joven Luis Fernando, de 13 años de edad, le dijo que iba a hacer unas pruebas de fuerza. En el fondo, quería desquitarse de las palabras de su hermano. Ella, de todas formas, lo respaldó aunque guardó reservas de lo que iba a hacer.
De ese grupo inicial de cinco chicos extractados de la institución educativa Francisco Miranda, solo Higuita continúa en el ejercicio de las pesas. Jamás le paró bolas a eso que le decían en la calle de que se iba a quedar chiquito.
Mónica Picón, una expesista hoy dedicada a pulir esos muchachos que llegan a la Escuela, fue quien le quitó de encima todos esos mitos de calle. “Si no crece en un año, se va”, le dijo. De hecho, su familia es de estatura baja.
En lo que sí ganó fue en volumen corporal. Pesa 62 kilogramos y tanto brazos como piernas exhiben una asombrosa fortaleza, capaz para levantar 125 kilos de un solo envión, tal como lo hizo en junio pasado en el Mundial júnior celebrado en Tbilisi -o Tiflis-, la capital de Georgia, centro comercial de Europa Oriental y conocido por ser un paso obligado de la Ruta de la seda en la edad Media, o levantar 157 en dos movimientos.
Seis años han pasado desde cuando Luis Fernando llegó con una idea y salió con otra. Ese 23 de agosto marcó su vida. De vivir al lado de sus padres, en Moravia, donde nació el 10 de enero de 1997, pasó a residir en la Casa de la Escuela de Pesas, en el sector del estadio y de ahí, esporádicamente, en la Villa Deportiva. Cambió de colegio y se graduó bachiller del Marco Fidel Suárez en 2014. Es un talento respaldado, económicamente, por el Estado. Su proyección apunta a la élite, asume Jairo Aníbal Cossio, uno de sus entrenadores.
En los 62 kilogramos tiene a dos “monstruos” por delante: el doble medallista olímpico Óscar Albeiro Figueroa y el campeón mundial y máxima esperanza de Colombia para los Juegos de Tokio-2020 Francisco Mosquera.
Próximo a iniciar, este fin de semana, el ciclo olímpico, en Barranquilla, compitiendo en el Nacional sub-23, Higuita no se hace malas pulgas por eso. “Quiero ser campeón mundial juvenil, el año entrante en Tokio”. Es su reto más cercano.
En el fondo, Luis Edin Higuita sabe que su hijo menor lo logrará porque desde que entró a la Escuela Departamental sabe de disciplina, consagración y esfuerzos.
Regístrate al newsletter