Aunque el final fue apretado y solo le ganó por dos segundos al ruso ruso Sergei Shirobokov, en los últimos metros Éider Arévalo sintió que tenía asegurada la medalla de oro. Abrió la bandera de Colombia, que llevaba enrollada en su mano derecha, y la extendió sobre su espalda como una especie de capa antes de cruzar la meta.
Extenuado, se inclinó y, de rodillas, besó el suelo londinense. Recibió la felicitación de su principal oponente, puso una mano en su pecho y levantó la otra hacia el firmamento para agradecer al Todopoderoso, gesto que repetiría luego en el podio, cerca del Palacio de Buckingham, en la capital inglesa.
Acababa de convertirse en campeón mundial de marcha 20 km, refrendando sus progresos después de haber sido campeón juvenil en 10.000 metros en Barcelona-2012, casilla 20 en los Olímpicos de Londres-2012, y 15° en Río-2016.
Su esfuerzo, que duró una hora, 18 minutos y 53 segundos (nuevo récord nacional), por delante de Shirobokov (1h18:55) y el brasileño Caio Bonfim (1h19:04), significó la segunda presea del país en el certamen que terminó ayer, luego de la plata alcanzada por la antioqueña Caterine Ibargüen en el salto triple.
“No me lo creo. No me creo que sea campeón del mundo. Doy gracias a Dios por este triunfo. Trabajamos mucho para esto. Debo esto a mi país, a mi familia, que siempre me ha apoyado. No puedo con la alegría”, relató a los periodistas antes de explicar su estrategia, recogida por las agencias Reuters y AFP: “En los últimos cuatro km de la carrera salí adelante en el lote y me dije: ‘Esto es mío, sal a buscarlo’... A falta de un km estaba solo con un ruso (Shirobokov). Esa fue la parte más difícil, pero tuve las energías y la fuerza de rematar el último pedazo y poder ganar”.
Eufórico, el laboyano (gentilicio de los nacidos en Pitalito), confesó que en las horas de la mañana escuchó salsa y bailó, como presagiando que lo esperaba la gloria hasta convertirse en “el rey de Inglaterra”, como expresó con felicidad.
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