De bebé, Jane Karla Gögel gateó más tiempo del normal. Además, cuando se paraba para dar un paso, era frecuente verla caer al piso, situación que causó preocupación en sus padres.
Luego de varios análisis médicos le diagnosticaron, con solo tres años de edad, principios de poliomielitis, un trastorno infeccioso producido por un virus que ataca la médula espinal y provoca atrofia muscular y parálisis.
Treinta y siete años después, y en una silla de ruedas, porque si está de pie más de 15 minutos sus piernas no soportan el peso de su cuerpo, la brasileña confiesa que su trasegar no ha sido fácil, y más por el cáncer de seno que padeció en 2010. Pero relata, mientras su rostro irradia alegría, que la discapacidad está en la mente y mientras haya deseo de salir adelante las barreras se pueden superar y los sueños cumplir.
Al hablar parece una cajita de música. Narra con emoción que es casada (Joaquín es el nombre de su esposo), tiene dos hijos (Lucas y Leticia) y que el deporte fue el antídoto para darse cuenta de que los límites no existían.
Dice que hace dos semanas tuvo el honor de transportar la antorcha de los Juegos Olímpicos de Río, certamen en el que estará por tercera vez y en un deporte diferente. Y que en Medellín, ciudad que pisó por primera vez, siente como si aún estuviera soñando despierta.
Y no es para menos, pues fue la única deportista paralímpica entre 300 atletas convencionales compitiendo esta semana en la Copa Mundo de tiro con arco, disciplina que practica desde el 2015 y en la que fue medallista de oro en compuesto en los Parapanamericanos de Toronto, ese mismo año.
“Estar en Medellín actuando contra los mejores del arco es maravilloso. Vine a adquirir experiencia, porque quiero hacer una bonita presentación en los Paralímpicos”, cuenta la brasileña, quien estuvo en los Juegos de Pekín-2008 y Londres-2012, pero en tenis de mesa, especialidad que practicó por 12 años.
Para las venideras justas, la ciudad escogida por su Federación para realizar la preparación fue Sao Paulo, y como vivía en Goiás, Jane Karla tuvo que elegir entre la raqueta chica y sus seres queridos.
“Confieso que fue difícil dejar ese deporte, pero no podía abandonar a mi familia. Estuve varios días sin practicar ninguna disciplina, hasta que vi los privilegios del tiro con arco. Desde que cogí un arco encontré tranquilidad y equilibrio mental y físico. Fue amor a primera vista”.
En la capital paisa, Gögel fue sinónimo de admiración. Mientras disparaba las flechas por largas horas, tuvo que soportar el clima loco que se apoderó de la ciudad durante la semana: frío, lluvia y fuerte sol. Y también, aguantarse las idas al baño.
“Los obstáculos se pueden romper solo con una mente fuerte”, responde la brasileña, quien apuntó a la superación y lo consiguió.
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