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Oscar Gómez y su legado al deporte colombiano

  • De frente, Oscar Gómez Domínguez, en uno de los tantos reconocimientos que recibió durante su gestión. FOTO ARCHIVO EC
    De frente, Oscar Gómez Domínguez, en uno de los tantos reconocimientos que recibió durante su gestión. FOTO ARCHIVO EC
El Colombiano | Publicado el 07 de mayo de 2021

Tras la muerte del dirigente Oscar Gómez Domínguez, ocurrida el 23 de marzo de este año, el lector Samuel Calderón Salazar se dio a la tarea de dar un repaso a la gestión de quien por muchos años fue un alto ejecutivo de la Organización Ardila Lulle. Aquí, su testimonio.

“Fue una persona que unió a sus grandes condiciones de líder, hombre de empresa y señor en todo el sentido de la palabra, un gran cariño y afición por el deporte, al que hizo trascender con decisiones que cambiaron la historia, particularmente la de los dos más importantes y populares en Colombia y el mundo: el ciclismo y el fútbol.

La conquista del Ciclismo

La primera Vuelta a Colombia se corrió en 1951 y con ella se dio inicio a la actividad competitiva, complementada luego por carreras regionales que fueron surgiendo y a partir de 1961 con el Clásico RCN, que con la Vuelta forman las dos más importantes pruebas del calendario nacional.

La rivalidad entre antioqueños y cundinamarqueses al principio, a la que luego se incorporaron los boyacenses, llevó al ciclismo colombiano a un gran nivel competitivo, que permitió a la afición del país disfrutar al máximo cada prueba que se realizaba y a darse el lujo de enviar equipos que frecuentemente ganaban las diversas Vueltas latinoamericanas, desde México hasta la Argentina y Chile, pasando por las de algunos países de Centroamérica, para orgullo y alegría de la afición colombiana, que en algún momento fue considerada la más importante y conocedora del ciclismo en el mundo.

Los equipos colombianos se formaban a principios del año para competir en las clásicas regionales durante los primeros cuatro o cinco meses y terminaban temporada con el Clásico RCN, preámbulo de la Vuelta a Colombia, a mitad del año.

A principios de los 70, por iniciativa de Oscar Gómez, visionario de lo que el ciclismo y el deporte significarían para la buena imagen de Postobón, se formó un equipo permanente para competir por la empresa durante todo el año calendario.

Este equipo se convirtió con el tiempo en una especie de Selección Colombia de ciclismo, que reforzada con los corredores más destacados de otros equipos, representaba al país en salidas internacionales a diferentes destinos.

El paso siguiente era correr en Europa, para ver a los corredores colombianos enfrentados a los grandes ciclistas de ese continente y conocer el verdadero nivel de nuestros ciclistas. Aunque ya habían corrido allí Martín Emilio “Cochise” Rodríguez y Rafael Antonio Niño, dos grandes estrellas del ciclismo que cumplieron destacadas actuaciones en los equipos europeos de los que hicieron parte, su condición de coequiperos no les permitió competir por primeros puestos, por estar sujetos a su condición de gregarios de los líderes de sus equipos.

Pero a finales de los 70 y gracias a la gestión de Héctor Urrego Caballero, experto comentarista de ciclismo en la cadena radial RCN, quien logró interesar al señor Felix Levitán, Director General de la Sociedad Tour de France, se logró una invitación para que el equipo de la empresa Postobón participara por Colombia en el Tour de l’Avenir de 1980, una especie de Tour de France para menores de 23 años.

La prueba se realizaba con corredores aficionados de diferentes países, la mayoría de ellos europeos y aunque en ese momento la figura del futuro y favorito para ganarla era un corredor ruso de apellido Shukuruchenko, el triunfo fue del colombiano Alfonso Flórez Ortiz, para sorpresa del mundo del ciclismo que con esta actuación abrió la puerta de Europa al ciclismo colombiano.

En el año 84 fue invitado al Tour de France, la prueba más importante del calendario internacional, el equipo Café de Colombia, recién formado y dos años más tarde, 1986, el equipo Postobón, que ya se había convertido en equipo profesional.

Con esa vitrina pronto llegaron invitaciones para los equipos nacionales a la Vuelta a España, al Giro de Italia, al Dauphiné Liberé y a otras importantes pruebas de diversos países europeos. Un poco más adelante los invitados fueron los corredores, para hacer parte de equipos europeos, ya no como complemento sino como líderes de equipo, incursión que ha permitido a nuestros ciclistas en estos cuarenta años (1980-2020), ser ganadores de Vuelta a España, Giro de Italia, una gran variedad de pruebas por etapas y más recientemente el mismísimo Tour de Francia.

Los más famosos en los primeros años del ciclismo colombiano fueron Efraín Forero Triviño, “el Indomable Zipa” y Ramón Hoyos Vallejo, “Don Ramón de Marinilla”, representantes de Cundinamarca y Antioquia respectivamente e inolvidables para la afición de los primeros años.

En el comienzo de esta nueva etapa, fruto de la apertura de Europa por el triunfo de Alfonso Flórez en el Tour de l’Avenir, las estrellas fueron Lucho Herrera, Fabio Parra, Álvaro Mejía, Francisco “Pacho” Rodríguez, Patrocinio Jiménez, Martín Ramírez, Oscar Vargas, algunos otros que se me escapan y los más recientes, Nairo Quintana y Egan Bernal, quien le permitió a Colombia tener por primera vez un ganador del Tour.

Fútbol en crecimiento

Hasta mediados de 1978, es decir, 30 años después de haberse iniciado en Colombia el campeonato profesional de Primera División, participaban solo catorce equipos, no existía la Segunda División y por consecuencia no había ascenso ni descenso.

Los equipos estaban conformados por jugadores nacionales, en su mayoría veteranos y algunos jóvenes, complementados por un grupo grande de jugadores extranjeros.

Casi todos los equipos tenían divisiones inferiores, pero con contadas excepciones, sus integrantes no tenían mayores posibilidades de llegar al equipo profesional y se limitaban a ser jugadores de entrenamiento o sparrings.

Postobón de nuevo, gracias a la visión y buena disposición con el deporte que siempre mostró Oscar Gómez, vicepresidente ejecutivo en ese entonces de Postobón, acordó con Dimayor el patrocinio de la “Copa Colombiana”, denominada así por su producto líder, que significó la realización de un torneo que a partir del segundo semestre de ese año, se jugó simultáneamente con el campeonato profesional y en el que actuaban en el preliminar de los partidos profesionales, los jugadores que no eran utilizados por el primer equipo.

Este torneo significó un gran salto y el punto de partida para el crecimiento real del fútbol local y una bendición para quienes en ese momento hacían parte de él en diferentes campos.

Automáticamente se dobló el número de jugadores en competencia y estos pudieron actuar en partidos preliminares, en los mismos escenarios donde se jugaba el campeonato profesional, darse a conocer a los aficionados y a la crónica deportiva y mostrar a los entrenadores principales de sus clubes, que muchos de ellos tenían las condiciones técnicas y físicas para actuar en el primer equipo.

Se generó así una sana competencia entre los deportistas de cada club y esta sirvió para que aparecieran muchas y nuevas figuras, permitiendo a los equipos renovar, ampliar y mejorar sus nóminas con elementos propios.

Vale la pena destacar a la principal de ellas, Carlos “El Pibe” Valderrama, por la trascendencia que adquirió como jugador de Selección e internacional, lo que le permitió ser declarado 10 años después, en 1987, el Mejor Jugador de América. Treinta y tres años después, Colombia es uno de los principales exportadores de jugadores del mundo.

Colombia, futbolísticamente hablando, dio un salto adelante y con la Copa Colombiana se pusieron también las bases para lo que en el futuro se convirtió en el campeonato de Segunda División, que a su vez dio lugar al ascenso y al descenso.

En la dirección técnica, varios entrenadores de divisiones menores pasaron a dirigir el equipo de reservas, mostrando algunos de ellos condiciones y conocimientos que los llevaron más tarde al manejo de equipos profesionales y de paso se aumentó también el número de preparadores físicos, pues cada club quedó con dos equipos competitivos, con sus respectivos cuerpos técnicos.

Con el arbitraje pasó otro tanto, pues los diez o doce jueces que pitaban los siete partidos semanales, se convirtieron en un grupo mayor que incluía sus “nuevas promociones” y fue el principio de una renovación saludable, que enriqueció la nómina de árbitros y jueces de línea aptos para pitar a nivel profesional.

La crónica deportiva, particularmente la de la radio, fue una de las más beneficiadas con la realización de este Torneo, porque las emisoras de cada ciudad, al tener que transmitir un segundo partido cada domingo, tuvieron que ampliar el número de locutores y comentaristas a su servicio, para crear un segundo grupo de transmisión con muchos de los que, como en un caso análogo al de los jugadores, estaban represados por los veteranos que narraban y comentaban los juegos desde los comienzos del profesionalismo.

Del grupo que tuvo su “oportunidad” en ese momento, hicieron y hacen parte ahora muchas de las figuras de la radio y la televisión del país.

Comercialización del balompié

En 1986, ocho años después de iniciarse la Copa Colombiana, también por decisión de Oscar Gómez Domínguez, Postobón colonizó para beneficio de los equipos profesionales, el espacio publicitario de sus camisetas, concretando acuerdos de patrocinio que beneficiaron a todos los clubes.

Se hicieron inicialmente contratos de cinco años de duración con diez de los catorce equipos que jugaban en Primera División y como al vencimiento de estos, Bavaria se había interesado por adquirir algunas camisetas, la puja entre estas dos grandes empresas incrementó significativamente los valores que se manejaban, al punto que este rubro llegó a ser para muchos de los clubes el mayor ingreso del año, doblando y hasta triplicando en algunos casos los ingresos que recibían por taquillas en el mismo período.

No menciono el apoyo decisivo a otros deportes que encontraron en Oscar Gómez y Postobón, el soporte económico y anímico que siempre se requiere, sobre todo en un país tan particular en muchos aspectos, como el nuestro.

Este recuento, no tan pequeño porque su obra fue grande, tiene como objeto mostrar la trascendencia que tuvo Oscar Gómez Domínguez en el deporte de Colombia, darle crédito y hacer justicia a un hombre sencillo, simpático, muy inteligente, sociable, de gran visión, definido y decidido líder, generoso, servicial, solidario, preocupado por los demás, gran amigo, gran jefe, justo en sus decisiones, considerado con sus subalternos, amigo de sus amigos.

Y lo más extraordinario de todo: en un mundo como el actual, de apariencias y ostentación, en el que la mayoría pondera lo mucho o poco que ha hecho para darse importancia, actuó siempre pensando solo en el bien de los demás, en el de las empresas y la gente que le correspondió manejar y en el de la multitud que se benefició con sus determinaciones, en aspectos tan tangibles e intangibles a la vez como el deporte, cuyo beneficio mayor fue la satisfacción personal por darle alegría sana a los colombianos con acciones como las descritas, en las que conservó un perfil tan bajo que no apareció nunca para hacerse notar como el protagonista principal de las decisiones o los resultados.

Su premio mayor fue la alegría de otros y el cariño de su familia y por su familia”.


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