Epifanía del Señor
"Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido"? San Mateo, cap. 2.
Babushka era una anciana, que vivía sola en lo más profundo del bosque. Una tarde de invierno, mientras ponía a hervir el agua en su tetera, escuchó que tocaban a la puerta.
- ¿Quién es?, preguntó asustada.
- Somos viajeros, que hemos extraviado el camino, respondió desde afuera una voz cálida.
- Sigan, dijo entonces Babushka, mientras abría la añosa puerta de roble.
Tres hombres amables entraron. El uno era muy joven y llevaba del brazo a otro mayor. El tercero tendría unos cuarenta años. Mientras la anciana ponía la sopa al fuego, los visitantes le contaron que andaban en busca de un príncipe recién nacido. "Su estrella nos mostraba la ruta. Pero la nieve ya no permite ver el cielo".
- No se preocupen, repuso la anciana. Cuando hayan comido, yo les diré el camino. Entonces ya no tendrán que preocuparse de contemplar el cielo.
- Es usted muy gentil, respondió el más joven. Pero solamente la estrella puede guiarnos a donde está ese niño.
Sobre este cuento de Chejov aprendemos que la vida del creyente transcurre entre peregrinajes, estrellas que iluminan desde lo alto y extravíos en el bosque de nuestras preocupaciones. Pero de todos modos, es necesario avanzar a la luz de una estrella.
La narración de san Mateo nos habla de tres hombres de Oriente. Una expresión que cobijaba las naciones situadas más allá del Jordán. Sus mercaderes venían con frecuencia a Palestina.
El Evangelio nos habla de unos magos, mitad sabios, mitad hombres religiosos que observaban el giro de los astros. Se habían enterado del nacimiento del futuro libertador de Israel, del cual hablaban con frecuencia los rabinos judíos y los sacerdotes. Entonces no dudaron en ponerse en camino.
Muchos días de marcha hasta llegar a Jerusalén. El Rey Herodes sería el más indicado para informarles sobre el niño. El monarca, averiguando con los letrados judíos, les dijo que fueran a Belén, mientras el miedo le apretaba el corazón. ¿Alguien habría nacido para quitarle el trono?
Aquellos peregrinos tomaron el camino del sur y la estrella continuó guiándolos a donde estaba el Niño, en un pequeño pueblo. Al llegar, se postraron y entregaron los presentes que traían desde lejos: oro, incienso y mirra. Elementos muy preciados entonces.
San Mateo resalta que Jesús ha nacido como salvador de todos los hombres. Ese encuentro con los magos rompe las barreras ideológicas del pueblo judío, que mantenía a Yahvé como propiedad exclusiva.
Pero la salvación de Cristo está condicionada a nuestra búsqueda. Es necesario todos los días, retomar el camino, el cual no siempre es llano y espacioso. Está sujeto a errores y extravíos. Por lo tanto, nunca podemos dejar de contemplar el cielo.
De paso, como en el cuento de Babushka, muchos nos dirán que la vida puede vivirse dentro de otros moldes. Que existen muchos mapas de ruta para llegar al mismo punto.
Pero los discípulos de Cristo sabemos que todas las cosas adquieren su verdadera dimensión, solamente a la luz del Evangelio. Esta enseñanza la resume el concilio Vaticano II en una página, que valdría la pena esculpir a la entrada de nuestros templos: "Cree la Iglesia que, fuera de Jesús, no ha sido dado a la humanidad, otro nombre en el cual sea posible salvarnos. Igualmente cree que la clave, el centro, el fin de toda la historia humana se hallan en su Señor y su Maestro. Que bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su último fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y siempre" (G. S. 10).
(Publicado en la Fiesta de la Epifanía de 1981)
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4