El Mundial, como siempre, no ofrecerá sorpresas tácticas, porque no es el escenario, ya que el verdadero espacio para buscar esos mensajes es la Liga de Campeones.
Ahí están los mejores jugadores del planeta en equipos que han hecho su preparación dirigida a esa competición, cuentan con trabajo diario, estabilidad de los técnicos y con el tiempo suficiente para reforzar, desde el entrenamiento y la preparación, una idea táctica. El Mundial es más un encuentro de culturas, que en su contenido.
En lo futbolístico, este torneo está marcado por unos paradigmas difíciles de desmontar, hasta ahora, con la eventual ausencia de grandes figuras. Siempre ha sido así, en este caso Ibrahimovic y Adebayor.
La vuelta del hombre a África, gracias al Mundial, nos hará sentir esa confluencia de la magia del fútbol con la magia de ese continente y veremos si es factible desmontar esos paradigmas, como, por ejemplo, que siempre se hayan repartido los mundiales entre siete familias aristócratas del fútbol.
Si esa energía africana conspira para ello y permite que se rompa el hechizo que hace años esperamos, estamos preparados para el momento de los africanos.
Para mi, España es un candidato por su presente y por su fútbol, creo que está un escalón por encima de cualquier europeo, pero la licencia de la historia no está actualizada y es parte de la esperanza romper paradigmas.
Brasil siempre cuenta con los avales para ser favorito y Argentina tiene, sí o sí, que ser candidato independiente de que Messi tenga su propia cita con los deberes en el escenario donde se coronan los reyes.
Francia también puede hacer un estupendo Mundial. Si no ocurre nada que lamentar Ribery y Maluda juegan un papel importantísimo en la estructura y respuesta de este equipo.
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