El haber perdido, de manera trágica, a su hermano Armando hace seis años, le cambió la vida al venezolano Alejandro Guerra, que hoy está encontrando su mejor nivel en Atlético Nacional.
Armando fue el primero de la familia Guerra en jugar fútbol y el responsable de sembrar en Alejandro el amor por este deporte. Incluso en el 2000 formó parte de las inferiores del Caracas venezolano, pero una grave lesión de rodilla lo llevó al retiro, antes de ser asesinado.
"No debió morir así", dice Guerra mientras recuerda lo que define como un infame asesinato. "Fue muy duro", sentencia Alejandro, quien, en ese momento, estaba concentrado con la Selección de Venezuela en Perú y no pudo estar cerca de Armando. "Son obstáculos que uno tiene en el camino".
Cuenta que de esa pérdida se derivó una fuerza sobrenatural: "antes de los juegos rezo mucho y siento a mi hermano conmigo. Me tatué su nombre en el brazo derecho para siempre llevarlo a mi lado".
Armando, hermanos por siempre, es la frase que se lee en su brazo.
Hoy el volante creativo de Nacional ha aprendido a superar el dolor y le hace honor a su apodo de Lobo. Tal como lo hace este animal con su manada, Alejandro es un hombre muy sociable, de familia, que mantiene con disciplina su rutina. Tiene algunas cábalas y siempre ora antes de los partidos. "Le agradezco a Dios por mantenerme bien de salud y poder demostrar el fútbol que tengo. El grupo que hay me ha permitido acoplarme muy bien".
Pese a ser un jugador técnico y que agrada a la tribuna, Guerra es ajeno a la historia de fútbol lírico que ha acompañado a Nacional a través de los años. "No sabía sobre eso, pero esas son mis características. Trato de divertirme con responsabilidad, me agrada que las cosas me salgan y que el público disfrute de mi trabajo. Al fin y al cabo esto es un juego para divertirse".
Entre familia y cábalas
Detrás de Alejandro Guerra está su familia: "tengo dos hijos, uno de 10 años y otro de 10 meses, Cleverson y Azael. Además, de mi esposa Cris Espejo y Rosa, mi mamá. Ellos siempre están pendientes de mí y eso me da tranquilidad para dedicarme al trabajo".
Es un jugador supersticioso, como siempre vestirse desde el lado derecho. "Primero me pongo el guayo de ese lado, al igual que sucede con las mangas de las camisas, los pantalones, las canilleras, las medias", indica que eso le ha traído buena suerte. Otra de sus cábalas es la de rezar en los himnos antes del inicio de los encuentros.
No es la primera vez que Alejandro Guerra sale de su país, pero sí en la que está dejando mejor impresión y él tiene claras las razones.
"Esta etapa me toma en mi mejor momento, con mayor experiencia. Antes había salido a Argentina, pero era muy joven y no tenía a mi familia cerca. Incluso, antes había ido al fútbol coreano y solo aguanté un mes".
Está en una etapa de madurez y además puede estar con sus hijos y los seres queridos más cercanos. Además del fútbol tiene otros gustos como ir a la playa y escuchar salsa. "En vacaciones busco un lugar cerca del mar y acá en Colombia ya me hablaron de San Andrés y Cartagena. Espero conocerlos y quedarme en este club por muchos años"
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