Aunque todos estemos pidiendo que esta contienda no se polarice y que se hagan campañas limpias sustentadas en las ideas y no en los agravios personales, será inevitable; en el 2010 veremos la elección más polarizada en muchos años por cuenta de las dos opciones predominantes, una que representa al actual gobierno y la opuesta, que marcan los que pretenden una línea diferente a la actual. Si dentro de cada uno de los dos bandos hay unidad, no habrá lugar a una tercera alternativa y la segunda vuelta entonces será para estremecernos: ataques, comparaciones odiosas, incluso podremos llegar a ver grandes cantidades de propaganda negativa, tan escasa en Colombia hasta el momento.
Sin ninguna duda la ventaja en esta contienda la llevan los gobiernistas, pues cuentan con el aparato estatal y acaparan la atención de los medios de comunicación por sus actividades diarias, es decir, el candidato de este grupo partirá con más exposición a mayor cantidad de posibles electores que el de la oposición. Eso debería ser razón suficiente para que quienes hoy están del otro lado de Uribe, planeen una campaña basada en la estrategia y no en el desespero, como parece que está ocurriendo.
Hace unas semanas un médico, sobrino del representante a la Cámara del Polo Democrático Wilson Borja, saboteó el discurso del presidente Álvaro Uribe en un evento en Cartagena. Y pocos días después una joven en Bogotá interrumpió al Jefe de Estado para entregarle un huevo, generando lo que esperaban: cubrimiento -incluso- de las agencias internacionales de noticias. Las protestas son normales hacia los dignatarios en foros públicos, sin embargo lo que levanta suspicacia es que estos actos en particular fueron muy seguidos en el tiempo y sus protagonistas hablaron siempre en plural ("elegimos a quién darle la mano (?) y él no tenía merecido que le diéramos la mano"), dijo después la mujer del huevo. Si se habla en plural es porque hay otros empujando el mismo carro ¿o no? No fueron entonces gestos espontáneos, fruto del ideal juvenil de cambiar las cosas.
No quisiera creer que esta es una estrategia de la oposición para ganar espacios y desprestigiar a Uribe. Si es así, habría que decirles que escogieron el peor terreno para su propósito: no van a mermar la popularidad del Presidente dejándolo con la mano tendida o saboteando sus discursos; al contrario, la sicología de las masas dice que en estos casos la población termina apoyando al agredido y nunca al que comienza el enfrentamiento.
Si algo queda claro de estos episodios, y aún están a tiempo de rectificar, es que la oposición debería preocuparse más en fortalecerse y llegar unidos al 2010, que en desgastarse entrenando jóvenes para que se conviertan en provocadores públicos de Uribe.
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