En la actualidad, el minimalismo, máxima expresividad a través de la mínima expresión, ha cedido espacio a favor del maximalismo. Este concepto, totalmente contrario al anterior, busca aquello que identifica a unas y otras personas e impone un estilo hasta cierto punto personal y más hogareño.
Importante tener en cuenta que la principal característica de este estilo es la libertad compositiva de las personas que comparten el espacio y que incluye también el gusto por el rescate de los muebles de procedencia familiar, propios de nuestras vivencias y ubicados en algunos casos con mezcla de diseños actuales.
Esta tendencia está asociada al confort, el diseño y la calidad, generando espacios muy acogedores. En telas, por ejemplo, se pueden ver texturas más elaboradas y suntuosas, con materiales ricos y colores fuertes, alegres y vivos que dan mayor sensación de calidez a los espacios.
Se incorporan las formas curvas y sinuosas, líneas complejas en el mobiliario, decorativos ostentosos que incluyen el dorado.
Algunas personas lo confunden con el kitch pero es necesario diferenciar. El maximalismo es riqueza visual mediante la abundancia de estampados, texturas, colores, formas y diseños hasta cierto punto osados, pero con estilo y elegancia. El kitch consiste en la utilización exagerada y discordante de estos mismos elementos y en la mezcla de materiales diferentes o imitaciones de materiales finos con otros que los simulan y en la excesiva recarga de decorativos de diferentes índoles y procedencias.
Es importante también saber que el maximalismo es válido en espacios amplios e iluminados, no apropiado para espacios reducidos y oscuros.
*Diseñadora de interiores
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