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Así vale la pena

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24 de abril de 2010
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Cuarto domingo de Pascua

"Dijo Jesús: Yo soy el Buen Pastor. Mis ovejas escuchan mi voz y ellas me siguen y yo les doy la vida eterna". San Juan, cap. 10.

Nos conmovió el asesinato de monseñor Óscar Arnulfo Romero (1915-1980). El heroico arzobispo de San Salvador moría realizando perfectamente la misión del Buen Pastor: dar la vida por sus ovejas.

Todos nos enteramos de su compromiso con el pueblo, de su valentía cristiana, su vida plenamente sacerdotal, su fe y su mansedumbre, su amor a todos sin distingos, su entrega hasta la muerte. Por esos días comentaba un estudiante: ¡así sí vale la pena ser cura!

Hoy miramos a Cristo, Pastor supremo de nuestra comunidad, y consideramos el trabajo arduo, comprometido y meritorio de nuestros sacerdotes. Ellos reemplazan al Señor en su tarea pastoral. Nos enseñan la fe, nos dan los sacramentos y nos muestran ideales superiores de paz y de justicia.

San Pablo nos describe al sacerdote como un hombre sacado de entre los hombres y constituido al servicio de todos en aquellas cosas que se refieren a Dios.

Los sacerdotes son personas comprometidas más de cerca con Cristo y con la Iglesia. Unos realizan su tarea en las parroquias, en la acción caritativa, en la catequesis, en la universidad, en la investigación teológica, en las oficinas eclesiásticas, en los medios de comunicación social.

Otros han dejado su tierra y su gente, para sembrar el Evangelio en los lugares donde la Iglesia no ha empezado todavía. Son los misioneros, la expresión viva de unas comunidades cristianas más allá de las fronteras.

En este día del Buen Pastor, Cristo invita a los jóvenes, esperanza del mundo y de la Iglesia, a reflexionar sobre la vocación sacerdotal y misionera.

Quizás este llamado no había llegado antes a su mente y a su ilusión. Vale la pena ser sacerdote hoy, en este mundo cambiante y pluralista, agitado por tan variados problemas, pero a la vez rico en posibilidades y sostenido por las manos amables del Padre.

Es meta de valientes seguir los pasos del Buen Pastor: conocer sus ovejas, llevarlas a los mejores pastos, defenderlas del lobo, dar la vida por ellas.

Respaldemos a nuestros sacerdotes, con nuestro agradecimiento y nuestro cariño. Cada familia puede hablar a sus hijos sobre la posibilidad de llegar al sacerdocio. Los educadores pueden presentar a sus alumnos la vocación sacerdotal y misionera, con su enorme tarea de servicio a la Iglesia y de plenitud personal.

¡Qué bueno que cada parroquia se preocupara efectivamente por ayudar a los jóvenes que se sienten llamados al servicio de la Iglesia, dentro del ministerio sacerdotal! Por la oración y por nuestro testimonio cristiano, tendremos muchos y santos sacerdotes.

(Publicado el 27 de abril de 1980)

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