Que entraban a la cancha armados con alfileres para chuzar a sus rivales en los tiros de esquina. Eso decían del Cali que manejaba el argentino Carlos Bilardo de los años setenta.
Pero no solo eso, desde que la trampa existe, todo es válido: taches más altos para pisar al adversario y causarle una lesión, echarle alguna sustancia en los ojos, pellizcarlo, morderlo y hasta "darle una tocadita en los genitales" -como le sucedió alguna vez al Pibe Valderrama- para "sacarle la piedra", propiciar una tarjeta o descontrolarle la acción de juego.
Y es que aún hoy no se erradica del fútbol las conductas antideportivas. Las historias más conocidas en Colombia datan de finales de los 70, cuando a los técnicos del Cali (Carlos Bilardo ) y del Nacional (Osvaldo Zubeldía ), se les acusó de alentar conductas antideportivas.
A los futbolistas del Nacional de Oswaldo Zubeldía los acusaban de untarse Vick vaporub en las muñecas para ponérselas en los ojos a los rivales.
Tanto Bilardo como Zubeldía, siempre negaron esas acusaciones. Hoy, varios futbolistas, que prefirieren el anonimato para evitar una sanción, cuentan que en muchas plazas del país mojan el campo de juego para impedir que se tenga buen manejo de balón.
Hace un par de años, Maradona confesó que en Italia 90, uno de los utileros de Argentina le dio un termo de agua con calmantes al brasileño Branco, que tras beberla no tuvo un buen desempeño.
Escupitajos, mordiscos, insultos, golpes, chuzones, y hasta besos cuentan la historia de las trampas en el fútbol.
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