Curiosamente a la salida de un spa urbano, recordó el aroma de un pañal. No venía de una limpieza facial con pañitos húmedos ni mucho menos de una 'pañaloterapia'. Fue al tocarse el rostro cuando notó que su mejilla con tantas líneas como las de la mano, salía convertida en una nalga de bebé.
Su piel pompita le recordaba la lozanía de su primera edad cuando niña y la de su hija, cuando madre. En ese momento, hasta su frente parecía haber olvidado los caminos resecos que se alargaban con el tiempo y le exhibían los ineludibles rasgos de la tercera edad.
Descubría que los spas también eran para damas como ella y no solo para reinas de belleza. -Esto es más sano que mandarse a quitar las arrugas- opina Amparo Echavarría. -No me tengo que exponer a un médico trasnochado que fume bazuco y que, al ponerme anestesia en el párpado, me deje ciega- remata un tanto tremendista.
Aunque nunca hubiera sacado el dinero de su bolsillo para pagar la boleta de un día de spa, que en Medellín oscila entre 80 y 550 mil pesos, Amparo nominó esas horitas de contemplación que le dieron de día de la Madre a mejor regalo de su historia en compañía de la serenata que otrora había ocupado el trono en su memoria.
Desde que enviudó no tenía a alguien tan cerca. Mientras un par de manos le frotaban su cara como una lámpara de Aladino que le cumplían el deseo de regresar al Caribe de sus lunas de miel, el novio de su hija se anotaba un gol porque, con ese detalle, se ganó a la suegra. "A mí no me llegó un yerno sino un hijo" pensaba Amparo imaginándose en vestido de baño bajo una carpita que se ajetreaba con la brisa.
Oía murmullos de acordeón al mismo tiempo que los masajes en la espalda le traducían al paladar un sabor tropical. "Soy propietaria del océano, de la arena y del cielo" se repetía a sí misma hasta que una mujer la expropió del sueño y le nubló el paisaje cuando la sacudió y le dijo "¡Yaaa!".
El regalo había terminado y a penas se percataba que estaba encima de una camilla, en ropa interior, debajo de un par de tubos de neón pegados del techo y al lado de una grabadora que reproducía el oleaje de un mar anónimo que opacaba el ruido de una avenida.
¿Spa?
Sobre la palabra spa se dice un trío de cosas. Que son tres letras que abrevian "salutem per aquam" y traducen "salud a través del agua". Que los bautizaron así en honor a la ciudad belga cuyo nombre es Spa y se hizo famosa en Europa desde épocas remotas por los favores que concedían sus balnearios. Y tercero, que es la palabra de moda que acogió el marketing para ponerle a cualquier negocio. De ahí que haya spa de uñas, mascotas, carros y motos.
El bioenergético Rodrigo Yepes relata que fue Sebastián Kneipp, un pastor alemán, precursor de la hidroterapia, quien a finales del siglo XX estudió esas prácticas milenarias que muchas culturas de la antigüedad se inventaron para encontrar reposo, salud o belleza.
En Medellín no hay certeza de sus orígenes. El título de pionero se lo disputan cosmetólogas, instructores de gimnasio, nutricionistas, médicos alternativos, psicólogas y fisioterapeutas.
Algunos aseguran que son la 'locha' de los gimnasios. Un Parque de los Pies Descalzos privado. La extensión de la peluquería. Una estrella más del hotel. El postre de la cirugía plástica. El diván de la iglesia. Un aquelarre de día. La hamaca que no cupo en la oficina. El capricho del curioso o la excusa del solitario.
El caso es que llegan por vanidad, hedonismo o estrés. Otros para adelgazar, rejuvenecer, recuperarse de una cirugía o de una enfermedad que no curaron los medicamentos ni las novenas a los santos. A varios incluso lo que les interesa es conocer el futuro, regresar al pasado y resolver problemas del presente.
A la carta
Aunque la Asociación Internacional de Spas los ha clasificado en siete tipos diferentes (spa urbano o de día, medicinal, spa hotel, club spa, spa con aguas minerales, spa de crucero y de destino), en Medellín existen ciertas variaciones y tal vez nuevas categorías como la amerindia, hawaiana y naturista.
Hay ofertas de spa para el cumpleaños, luna de miel o aniversario. También proponen el plan mágico, el empresarial o el de la tercera edad.
Le leen el aura, el tarot, la carta maya y hasta un poema susurrado en el ritual romántico. Le tienen el tratamiento con chocolate, vino, lodo, algas y piedras volcánicas. Practican la yesoterapia, maderoterapia, reflexoterapia, frutoterapia, etcétera.
Hacen radiografías con la mirada porque el iris del cliente les revela enfermedades. Con la técnica del radar, el paciente autoevalúa en qué está fallando y con el test yurvédico, basado en la sabiduría hindú, se detectan las dolencias corporales y espirituales del huésped.
El baño de luna es para ellas, el de sol para ellos, el de estrellas para las quinceañeras y el del paraíso para los niños. También atienden a quienes están de duelo, a los que quieren despedir algún vicio y a "las mujeres que aman demasiado".
Espejito, espejito
"¡Huy hermano como está de flaco!" Le dijeron al notar que volvía de vacaciones sin barriga como si regresara de un parto. "Viejo, mucho deporte, sudándola" respondió Alejandro Duque para no revelar el atajo que tomó.
"Tenía gordos por todos lados y me hice la 'lipo'" dice el joven que llega a diario a una sesión de masajes postquirúrgicos para que su nuevo abdomen no luzca flácido y exhiba la galería de cuadritos que le diseñan en el spa de estética.
Allí también le tienen la solución a las señoras que requieren pócimas de juventud: "Necesito aplanar el código de barras" refiriéndose a las líneas verticales que nacieron arriba de los labios. "Vengo a que me rellenen el paréntesis", "Quítenme el asterisco" aluden al ácido hialurónico.
Otros toques
El masaje Lomi-lomi convierte la espalda en una pista de baile de diez dedos que se mueven al ritmo de música hawaiana. Para los pudorosos que odian quedar en prendas íntimas delante de cualquiera, el masaje tailandés contiene más de 120 movimientos y todos sobre la ropa.
El tui na es uno tradicional chino dedicado a los tendones y apropiado para lesiones. Y cuando se paran encima del paciente y caminan sobre la espalda están haciendo el masaje pedestre.
"¿Te vas a entregar?" le preguntó la terapeuta a Rosmary. "Claro a eso vine" respondió como si fuera obvio.
"¿Qué quieres que te trabaje?" replicó. Y antes de contestar que la nalga, los policías o los bananos, concluyó: "el autoestima".
"Cada uno tiene algún perdón pendiente, algo que no ha resuelto" dice Rosmary mientras confiesa que ese día sintió miedo cuando comenzó a escuchar las palabras de un ángel que le revelaban sus cargas espirituales a través de la voz de la mujer que estregaba su piel.
Más adelante le impuso sus manos sobre la frente y sus pestañas se acaloraron y sus ojos ardían. Aunque sus párpados estaban cerrados veía destellos azules, amarillos y magentas.
"Comprendí que había ido a una despedida. Entendí qué no estaba funcionando y cuáles cosas debía dejar para crecer" relata Rosmary quien asegura que recibió literalmente un masaje para el alma.
"¿Y cuánto vale?" le pregunto.
"...No te digo el precio, solo sé que vale la pena".
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4