Lo de este domingo en el Pascual Guerrero es para llorar. Lo que pintaba ser el partido de la esperanza e ilusión azucarera, terminó siendo una cita con el drama, el sufrimiento y la desilusión total por la eliminación del Deportivo Cali.
El conjunto vallecaucano tenía todo para meterse en el grupo de los ocho. Por lo que se presentaba en las otras plazas, el Cali tenía el camino expedito para darse una gran alegría y para congraciarse con su público.
Pero lo que salió fue un papelón de padre y señor mío. El Cali no ganó que era lo mínimo que esperaba su hinchada. Ni siquiera empató. Perdió en su propia casa 1-2, confirmando así el estruendoso fracaso que es más evidente sobretodo cuando el dueño de la última casilla de los ocho es nada menos que su rival de patio, el América.
Ni siquiera la algarabía que se escuchaba en las gradas cuando se anunciaba un gol en otra plaza, que beneficiaba de alguna manera al Cali, logró despertar al equipo verdiblanco. Ese barullo logró el efecto contrario porque llenó de desespero a los verdes y los nubló por completo ya que no tuvieron claridad y mucho menos tranquilidad para definir en el arco visitante.
El durísimo golpe produjo un claro distanciamiento entre jugadores y aficionados. La salida de la cancha fue penosa y triste para el Deportivo Cali porque la hinchada, muy molesta por lo sucedido, lo despidió con gravísimos insultos y con señalamientos que ahora obligan a la búsqueda de rápidos revulsivos por parte de los directivos.
La película de este domingo comenzó bien para el Cali. A los cinco minutos el árbitro Juan Pontón dejó de sancionar una clara pena máxima por empujón de Jimmy Bermúdez sobre César Amaya. En esa misma jugada Jair Iglesias tomó el balón y remató de zurda, pero Luis Estacio controló milagrosamente en la raya.
A los 25, llegó la primera y única alegría verdiblanca. Carlos Lizarazo exigió a Estacio con un zurdazo desde fuera del área, el arquero dio rebote y ahí estuvo atento Amaya para definir y poner el 1-0.
Pero en la última jugada del primer tiempo el Pascual se silenció por el gol del Huila. Andrés Andrade recibió en el área y aprovechó la pifia de los zagueros locales para vencer a Castellanos y decretar el 1-1.
En el periodo complementario el Cali salió más decidido y tuvo opciones a granel con Amaya, que desperdició tres posibilidades de manera increíble. Carlos Lizarazo también perdió situaciones de concretar, lo mismo que Anthony Tapia con sus remates de media distancia.
El desespero se acrecentó más en las huestes verdiblancias cuando se anunció el gol de La Equidad sobre el Quindío, en Armenia. Eso significaba que el Cali estaba cerca de la clasificación. Pero los de Insúa se atragantaron de gol, se dejaron absorber por la ansiedad y en esa carrera por llegar a la anotación triunfadora fueron dejando espacios que de a poco aprovechó el Huila.
En una de esas llegó el golpe de gracia. A nueve minutos del final un contragolpe opita fue facturado por Sebastián Hernández, quien de golpe de cabeza venció a Castellanos para el lapidario 1-2 en el Pascual.
Esa anotación enfrió los ánimos. Ya el apoyo desde las gradas se convirtió en insultos, lo que sintió el equipo en la cancha porque no fue capaz de darle vuelta al marcador.
El Cali terminó derrotado por un rival práctico e insultado por su propia afición. Todo estaba dado para el gran salto en la tabla, con la clasificación a bordo. Pero el equipo verde fue incapaz de hacerle un homenaje a su historia al firmar un monumental fracaso en este torneo.