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HISTÓRICO
"Cano", un intelectual que se tragó la selva
  • "Cano", un intelectual que se tragó la selva | Archivo | En 2010 apareció en una lista publicada por la Interpol, como uno de los 20 terroristas más buscados del mundo. El Departamento de Estado de los Estados Unidos ofrecía cinco millones de dólares por información de su paradero. Y las Fuerzas Militares colombianas, la suma de 5.000 millones de pesos.
    "Cano", un intelectual que se tragó la selva | Archivo | En 2010 apareció en una lista publicada por la Interpol, como uno de los 20 terroristas más buscados del mundo. El Departamento de Estado de los Estados Unidos ofrecía cinco millones de dólares por información de su paradero. Y las Fuerzas Militares colombianas, la suma de 5.000 millones de pesos.
John Saldarriaga | Publicado el 05 de noviembre de 2011

Que alias Alfonso Cano tuviera de nombre real Guillermo León, por un homenaje que su padre, conservador laureanista, le quiso rendir a Valencia, el segundo de los presidentes del Frente Nacional, y que él le hubiera salido marxista y de extrema izquierda tiene que ser la más alta de las ironías.

Nació en Bogotá, el 22 de julio de 1948, año del Bogotazo y, con éste, del inicio de la llamada Violencia partidista, en el seno de una familia conformada por padres profesionales -su papá agrónomo, su mamá profesora- conformada por siete hijos de los cuales él era el quinto.

En lo familiar, difícil les resultó a sus hermanos la condición de Cano. Sus padres murieron de viejitos y cinco de sus hermanos se fueron a vivir a distintas partes del mundo. Sus hijos, también. Su hermano menor, Roberto, ha sido concejal de Bogotá. Ha hecho política desde hace más de 30 años llevando las banderas de la defensa del medio ambiente.

En entrevista con María Isabel Rueda le dijo: "he vivido con ese tema casi toda mi vida, lo mismo que uno convive con un volcán. Yo no tengo nada que ver con el volcán, ni con si hace erupción, pero está ahí, y eso hay que sobrellevarlo".

Un ambiente académico reinaba en la casa de este muchacho de clase media alta, situada en el barrio Chapinero. Una gran biblioteca era el lugar de las conversaciones entre ellos y, según su hermano, Roberto, siempre con respeto por las diferencias de opinión.

Bachiller del colegio Fray Cristóbal de Torres, en el cual se destacaba, según sus compañeros, como el mejor en historia e hincha furibundo del Millonarios. Guillermo León Sáenz Vargas estudió antropología en la Universidad Nacional, desde 1968. Allí compartió aulas con Lisandro Duque, el reconocido cineasta.

Y no tardó en cosechar un respetable prestigio por su actitud política. "Era un lujo oír sus exposiciones sobre las teorías de Claude Levy Strauss, Morgan y demás clásicos de la antropología", evoca Lisandro, quien no lo recuerda como un tipo locuaz, pero sí elocuente. Cuando sentía que debía hablar para sentar su posición o aclarar dudas, lo hacía, pero no estaba siempre hablando.

En la Universidad tenía éxito con las mujeres. Apodado Mindo por varias de ellas, su discurso político, con una especialidad muy fina en marxismo, ingresó desde muchacho a Juventud Comunista, Juco. "Él tenía muy buena carreta, gran ascendencia entre los muchachos y a muchos se los llevó a la Juco", comenta León Valencia, analista político.

Barbado, con infaltables gafas de miope y fumador empedernido, en la Universidad compartió escenario con Álvaro Fayad, quien estudiaba psicología; Carlos Pizarro León-Gómez, quien cursaba derecho, y Jaime Caycedo Turriago, quien estaba en antropología. Los dos primeros integraron el M-19 y el tercero, quien ejercía como Secretario General de la Juco, después llegó a ser el Secretario General del Partido Comunista Colombiano hasta nuestros días.

Y entre las decenas de personas de distintas carreras que alternaban con Mindo estaba María Eugenia, una mujer a quienes todos llamaban Mariú, aunque no sabían su apellido y ni siquiera en qué programa estaba matriculada. Mariú fue la compañera y la mamá de sus hijos, Federico y Felipe Andrés, que nacieron en esa convulsionada década del 70.

Pequeño burgués
"Nos reuníamos a veces a tomar roncito y a escuchar música de la Nueva Trova Cubana. Y nos gustaba mucho cuando Caycedo cantaba tangos", cuenta Duque. El director de la película Los actores del conflicto recuerda que una noche, en medio de los rones, se atrevió a gritarle en pleno rostro a Guillermo León: "pequeño burgués chapineruno". Y creyendo que se enfadaría por las dos primeras palabras, un insulto propio de bolcheviques de los 70, le respondió sereno que él no era de Chapinero sino de Usaquén.

La célula comunista a la que pertenecían Duque Naranjo y Sáenz Vargas se denominaba Bertold Brecht. Se reunían en el salón de Ciencias Humanas, al cual le escribieron en la puerta un letrero que decía: "Agitación y Dogma".

En una de sus columnas de El Espectador, el cineasta cuenta que le debe un favor a ese "pequeño burgués". Sin un peso para el viaje de bodas, el chapineruno "me dio las coordenadas de una finca de recreo de su familia, en Silvania", municipio de la provincia de Sumapaz, en Cundinamarca.

Entre tanto, sucedían las revueltas en la Universidad. Los estudiantes alborotaban el ambiente. Guillermo León fue hecho preso dos veces. Una, durante seis meses; otra, por casi año y medio hasta que consiguió salir gracias a una amnistía otorgada por el gobierno de Belisario Betancur, en 1982.

Líderes de la Juco, viendo el peligro en que estaba, le plantearon la idea de irse a Moscú, donde podría estudiar, como hacían muchos perseguidos políticos de la época. Él no aceptó. Poco después, sus camaradas y familiares se sorprendieron al enterarse de que se había ido al monte, como decían en ese tiempo cuando querían significar que se había enrolado a la guerrilla. Hay quienes aseguran que él ya tenía algunos contactos con la guerrilla más vieja del continente desde tiempo atrás: había sido invitado algunas veces a dictar conferencias sobre marxismo a los guerrilleros.

En su casa, recibieron la noticia de su ingreso a la guerrilla, como si se tratara de un Mambrú que se hubiera ido a la guerra, con dolor y pena. "Bueno, él tomó esa decisión; no la compartimos -recuerda Roberto, su hermano, en entrevista con María Isabel Rueda- jamás fue una actitud complaciente; más bien resignada".

Fue entonces cuando enterró para siempre sus dos primeros nombres: Guillermo León y Mindo, para convertirse en el guerrillero conocido con el alias de Alfonso Cano.

Cargo: ideólogo
Tan ajeno al deporte y tan fumador, Duque se lo imaginaba, cuando se metió a la guerrilla, "sometiéndose a jornadas tenaces de entrenamiento para dar la talla militarmente". Los guerrilleros siempre han visto a Cano como un hombre encerrado estudiando y fumando, con una actitud académica que a veces ha reñido con la de otros militantes de línea dura.

En las filas de esa organización alzada en armas, Cano se convirtió en casi un hijo de su ideólogo histórico, Jacobo Arenas, alias del bumangués Luis Alberto Morantes Jaimes. Se identificaron por su línea estudiosa del marxismo, de la historia y de las ciencias sociales en general. Al punto que escaló rápidamente posiciones hasta hacer parte de Secretariado.

Cuando Jacobo Arenas murió, el 10 de agosto 1990, Cano tomó su sitio como ideólogo. "Una vez, Cano fue a visitarnos en el Comando Central, cuando yo estaba en la guerrilla del ELN -cuenta León Valencia-.

Recuerdo que era muy amable. A diferencia de otros integrantes de las Farc, entre ellos Marulanda, Jojoy y Reyes, que nos consideraban como hermanitos menores y sin mucha importancia, él respetaba nuestra organización. Se internó con el Cura Pérez en su cambuche para hablar en privado, de modo que no me enteré del tema de la conversación. Es un recuerdo tan desdibujado que por eso no lo incluí en el libro 'Mis años de guerra'".

Esa fama de mujeriego que tenía ese hombre de 1,72 de estatura, tez trigueña, no ha sido muy confirmada en su tiempo de guerrillero. No obstante, alguna fotografía se conoce en la que aparece en la cama con una mujer guerrillera llamada Patricia, pero esto no es prueba de esa característica.

Negociador sin negocio
La imagen que los colombianos nos íbamos formando de Cano es que era un negociador. En 1991 y 1992 participó en diálogos de paz, en Caracas, Venezuela, primero, y en Tlaxcala, México, después. Al asumir la presidencia César Gaviria Trujillo, éste quiso dar continuidad a acercamientos con las guerrillas, comenzados por su antecesor, Virgilio Barco Vargas.

Fue por eso que se reunieron en Caracas Alfonso Cano, Iván Márquez y Pablo Catatumbo por las Farc; Antonio García, por el ELN. Por el gobierno estaban Horacio Serpa Uribe y Álvaro Leyva Durán. Los diálogos se rompieron en octubre de ese mismo 1992, por falta de acuerdos.

Por cierto, en esos diálogos de México participó Gabriel García Márquez, con quien Cano habló bastante. Después de tres o cuatro días de reuniones, el guerrillero le contó al escritor que él había sido compañero de estudio de Lisandro Duque. "Sí, el cineasta". "De haber sabido esto antes -respondió el Nobel- habríamos avanzado más en las conversaciones".

Por eso, a muchos les sorprendió no ver a Alfonso Cano en un papel protagónico en los diálogos de paz del Caguán, durante el gobierno de Andrés Pastrana Arango. Tuvo allí bajo perfil. De hecho, él se retiró de la escena pública de esas conversaciones "como un año y medio antes de que terminaran -recuerda León Valencia-. Se fue al Tolima a montar su propio proyecto político y militar".

El político, la Coordinadora Continental Bolivariana. El militar, según explica Valencia, analista político de la Fundación Arco Iris, difería del que adelantaba el Mono Jojoy. Mientras el de éste estaba más cimentado en éxitos militares, Cano adelantó otro en el cual trataba de involucrar políticamente a las comunidades del sur. Y en cuanto a la estrategia, mientras la de Jojoy se había basado en grandes campamentos, como ciudadelas en la selva, Cano proponía campamentos pequeños y móviles para rápido desplazamiento en la asimétrica confrontación con el ejército.

Ambas estrategias, experimentadas en un territorio que él conocía como la palma de su mano, entre Tolima, Huila, Cauca y Putumayo, donde opera el Bloque Occidental que él había liderado, y siempre con el apoyo de Pablo Catatumbo, le valieron el nombramiento como Comandante en Jefe, tras la muerte del fundador y líder histórico de esa guerrilla, Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo.

Siempre se creyó que Cano, por su formación humanista, era más cercano a los diálogos de paz. Sin embargo, en entrevista con otro compañero de universidad, el periodista Alfredo Molano, el de Cano, no parecía tener confianza en que los dueños del capital y el gobierno cedieran un ápice en la redistribución de las riquezas para mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los colombianos, lo cual sería, condición para el fin de su guerra.

En otra entrevista, cuyo cuestionario envió Kaosenlared.net por email, respondió que era falso que la guerrilla se financiara con el narcotráfico, porque lo prohíben sus estatutos. Daba razones para sustentar su afirmación pero la realidad resultaba demasiado contundente. Las Farc se habían convertido en el más grande cartel del mundo y el narcotrafico asfixió todos sus ideales.