Había un país en el que los entrenadores formaban, los hinchas alentaban, los dirigentes administraban, los periodistas analizaban y los futbolistas se dedicaban a jugar.
Esa nación, llamada Colombia, a pesar de su inexperiencia, clasificó tres veces consecutivas a la Copa del Mundo de la Fifa. Pero luego sus actores cometieron errores que los llevaron, durante 12 años, al ostracismo en el fútbol mundial. Todo fue caos cuando cada uno buscó el beneficio común y confundió su papel.
Ahora que comienza el proceso que le apunta al Mundial de Brasil 2014, resulta oportuno recordar esos aspectos que hicieron grande el balompié criollo, y traerlos a escena.
La Selección Colombia no solo era el equipo de Pacho y Bolillo. Sus orientadores lograron que toda la sociedad se apropiara de ella, que sintiera sus triunfos y derrotas. Se convirtió en orgullo nacional.
Los estrategas elevaron el autoestima personal y deportiva de sus dirigidos. Y le sumaron riqueza futbolística representada en conceptos tácticos, conceptuales y estratégicos.
El periodismo fue responsable en su trabajo, construyó en vez de destruir. La afición respaldó, no amenazó, en tanto que los dirigentes no influían a la hora de las convocatorias. Y hubo identidad, reflejada en fútbol alegre, con expresión cultural del país. Todos hablaban el mismo idioma.
Tras el progreso
Pero como ahora la vida es más rápida y el fútbol también, a esos ingredientes del pasado hay que agregarles otros para progresar.
El primer paso fue la llegada de Francisco Maturana como director técnico y de desarrollo deportivo a la Federación. Pacho, el de mayor capacidad y reconocimiento internacional, sugirió el nombre de Hernán Darío Gómez.
Aunque Bolillo tiene detractores, personas que lo estigmatizaron por actuaciones del pasado, el analista Hugo Gallego Villa asegura que "Hernán ahora es mejor que antes, cerró su ciclo, porque aprendió cuando ganó y cuando perdió en la alta competencia".
Gallego agrega que Gómez es más completo hoy, no solo como técnico sino como persona: "Cambió para bien, ahora sabe más de fútbol y de la vida".
En ese camino que parece el ideal y al que le falta ajustar detalles por parte de Maturana en las selecciones de menores, otro acierto fue el nombramiento de Leonel Álvarez. Un hombre de las entrañas de Pacho y Bolillo, su alumno aventajado, quien goza de credibilidad en Colombia.
Leonel, tan diferente a Bolillo, será su mejor complemento, como en los mejores matrimonios. Ambos se parecen en la forma de dirigir en la zona técnica, en la manera de sentir el fútbol. De todos los técnicos criollos, el de mejor pasado, excepto Maturana, es Bolillo. Y si se mira el presente, Leonel es el primero de la lista. La combinación perfecta.
Gómez, dice Gallego, tiene sabiduría y experiencia, y es más táctico. Leonel posee atrevimiento, osadía y juventud, y es más estratégico.
Hace 20 años Colombia jugaba en corto y al pie, y triunfó. También hay que enseñarles a los futbolistas a ocupar espacios vacíos, para jugar a lo ancho y a lo largo, pero con profundidad. Exhibir un fútbol moderno, efectivo y con identidad. Esa es la misión.
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