Cuando Ubaldina llegó de Brasil, Francisco Antonio Mosquera fue uno de los muchachos que estuvo en el homenaje que le hicieron en Apartadó. "Allá me dije, quiero ser campeón mundial".
Sabe que no es solo hablar y esperar que las cosas lleguen. Por eso, desde ese gimnasio de barras acabadas, discos corroídos y pisos agrietados, Francisco comenzó a forjar un sueño que hoy lo tiene en los Juegos Panamericanos, esos mismos que hicieron un homenaje a su paisana Ubaldina. "Pero empecé de cero, tomando igual de serio los chequeos departamentales como los torneos continentales. Si me preparo bien para uno, también lo estaré para el otro", dice el único antioqueño en el equipo masculino de las justas de Guadalajara.
Es chiquito, no pasa del 1.60 de estatura. No es de esos cuajitos que se ven en los gimnasios, aunque en sus manos ya se forman esos callos que tienen los curtidos en levantamientos sobre la tarima. Con el pelo rizado, tiene los músculos en su justa proporción. Pero más formados que sus bíceps o tríceps, tiene bien puesta la cabeza.
"Desde el primer momento me ensañaron mis profesores que hay que ser primero persona, y luego deportista, y en mi pueblo hay muchos ejemplos. No me gano nada con ser el más fuerte, el que gana más oros, si dentro de la cabeza no tengo nada, si en mi casa soy un mal hijo, si en la calle soy una mala persona", explica Francisco, con una claridad pasmosa, que no son acordes con sus 19 años cumplidos y los apenas cuatro años en la disciplina.
De la tierra que ha dado a Jackeline Heredia, Nísida Palomeque, Ubaldina Valoyes, Lina Marcela Rivas, y las hoy ausentes Ana Margoth Lemus, Luis Miguel Pineda -quien pasa por problemas de salud y está retirado-, Carlos Andrés Berna, entre otros, Pacho tomará el espacio que dejaron libre Berna -con el equipo pero no inscrito en Juegos- y Habib de las Salas, presentes en el pasado Mundial de la especialidad.
Llegó al gimnasio que queda abajo de las gradas del estadio de fútbol de Apartadó gracias a un amigo que lo convidó. Ahora, Pacho no quiere abandonar el deporte por nada del mundo.
"Mis entrenadores Jofre López y Giovanni Moreno me han enseñado a querer esto, a tomarlo con seriedad y responsabilidad. Tengo claro mis objetivos, a dónde quiero llegar. También qué persona quiero ser", sostiene Francisco, hijo de Ana Isabel, solo de ella, y orgullo naciente de Apartadó, que busca seguir el camino de los grandes y recibir sus propios homenajes.
Las pesas, por cinco
En la segunda semana de los Juegos, las pesas vienen como el plato fuerte de Colombia. Tras las siete medallas del ciclismo, la halterofilia se planta como la disciplina que debe entregar más oros, junto al patinaje de carreras.
El presupuesto de la Federación Colombiana de Levantamiento de Pesas, ante el Comité Olímpico Colombiano, es de cinco medallas de oro, las mismas que logró el país en Río de Janeiro, aunque en el equipo solo se mantiene Ubaldina Valoyes, Diego Salazar y Carlos Hernán Andica, pero solo los dos primeros lograron subir a lo más alto del podio panamericano.
"Por ahora no hemos ganado nada, pregúntame cómo nos va en una semana que terminemos", es la respuesta del metódico pero efectivo Georgi Panchev Kostadinov, búlgaro que está al frente del equipo, junto a su compatriota Roumen Alexandrov y el colombiano Oswaldo Pinilla.
Ya no están ni Gantcho Karoushkov ni Aymer Orozco, pero el nuevo cuerpo técnico también tiene ganas de las preseas para Colombia. Por eso estuvieron durante un mes entrenando en un Centro de Alto Rendimiento en Estados Unidos.
Para Francisco, el chico de Apartadó, a la hora de tomar la palanqueta no hay que pensar en el rival. "Si me pongo a fijarme más en él que en mí mismo, puede que le gane, pero él siendo quinto y yo cuarto, y así no sirve. Quiero ganar, pero siendo mejor yo, no pensando en cómo ganarle a otros". Hoy, tendrá la oportunidad de ser mejor persona, y de paso, un campeón panamericano.
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