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Cuando la concepción es un negocio

  • Carmen Elena Villa Betancourt | Carmen Elena Villa Betancourt
    Carmen Elena Villa Betancourt | Carmen Elena Villa Betancourt
12 de septiembre de 2011
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Esta semana, el periódico The New York Times reveló la historia de un hombre con una numerosa descendencia: 150 hijos y varios más en camino. Se trata de un donante de esperma que anda negociando su material genético en Estados Unidos.

El hecho se descubrió porque Cinthya Daily, trabajadora social de 48 años y madre de un niño de siete, quiso averiguar si su hijo, quien nació fruto de una inseminación artificial, tenía más hermanos medios. Buscó en un registro web a otros hijos del mismo donante y colaboró con la creación de un grupo virtual para poder seguirles el rastro. Con el transcurso de los años vio cómo iba creciendo la cantidad de hermanitos que tenía su hijo, hasta que se llevó la sorpresa de que el mismo padre había engendrado a 150 hijos.

De vez en cuando los hermanos se reúnen, desde que se ha descubierto que son tantos los que proceden de un mismo padre: "Resulta bastante loco verlos juntos porque todos se parecen", contó Cynthia en el artículo.

Es muy incierto el número de bebés probeta que nacen anualmente en Estados Unidos. Se cree que son entre 30 y 60 mil. Aunque a las madres se les pide que informen sobre el nacimiento de un hijo fruto de una inseminación artificial, sólo lo hacen entre el 20 y el 40 por ciento. Un negocio que compromete vidas humanas y que tiene tan poca regulación.

Y aunque en Colombia aún es muy bajo el número de bebés probeta (unos 300 nacen anualmente, según indicó El Espectador, el pasado jueves), aún no hay un control claro para los donantes de esperma.

El negocio de la inseminación artificial ha crecido como un árbol que nunca ha sido podado: sin medir las consecuencias que esto pueda traer para los hijos: nuevos riesgos como enfermedades genéticas o incesto involuntario, el hecho de que los padres biológicos quieran pelear por los derechos de sus hijos y el ver cómo cada vez más la maternidad y paternidad son entendidas como un derecho y no como un don.

Y quien paga por todo esto es el nuevo hijo y la confusión de identidad que le puede generar el haber sido engendrado en estas circunstancias y con un control tan pobre.

"Es impredecible saber cuál puede ser el efecto final sobre el patrimonio genético de una sociedad, si a los donantes se les permite donar tantas veces como ellos quieran", escribió la británica Mary Warnock, filósofa encargada de examinar los casos. Y el problema es que este hecho impredecible compromete vidas humanas, incluyendo aquellas que, en este procedimiento, son destruidas antes de nacer?

El problema está cuando la concepción es vista como un negocio y cuando se deshumaniza algo tan sagrado como el inicio de la vida humana y el valor de la familia.

Como afirmó para este artículo Debora L. Spar, presidenta del Barnard College y autora de El negocio de los bebés : como el dinero, la ciencia y la política del comercio de la concepción: "Tenemos más reglas para comprar un automóvil usado que para adquirir esperma".

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