Ser practicante de un deporte a motor, parece un pecado. Y los más sacrificados son los padres de familia, que se rebuscan por todos lados, con tal de ver a sus hijos haciendo un deporte.
Muchas veces se parte de la premisa que quienes lo practican tienen dinero para cumplir con los compromisos y no es así.
El ejemplo es claro. Lukas Ramírez es todo un campeón, pero de no ser por el apoyo que de alguna manera le brinda Yamaha Pirelli, difícilmente estaría compitiendo, dejando en alto los colores de Antioquia.
Por lo menos los 27 millones de pesos que vale la moto, los $800 mil mensuales del juego de llantas, lo mismo que los $100 mil de aceites y los $1.500.000 en respuestos los suple Yamaha. De otra manera, hoy tendría que estar dedicado a otra labor.
"Si no fuera por el apoyo de Yamaha, Lukas tendría que estar en otra actividad. Fuera de esas cifras, a nosotros nos toca invertir no menos de 30 millones de pesos al año en el acompañamiento, pagando los alojamientos y la alimentación", dice Carlos Julio, padre del piloto.
Reconoce que ese esfuerzo lo hace como premio a un hijo que se lo merece, por ser un deportista de primer nivel y que pide a gritos mostrarse en el exterior.
"A los 18 años, está en el punto de salir. Pero es imposible para mí invertir una cifra que no rebaja de los 60.000 dólares para competir, principalmente en Estados Unidos".
Y así como Lukas Ramírez, se pierden deportistas que no tienen la fortuna de contar con un patrocinio como en su momento sucedió con Juan David Posada y el mismo Sebastián Vélez, quienes con seguridad se lucen en el exterior.
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