No es necesario ir a la escuela para recibir instrucciones sobre el particular. Si usted se para frente a un semáforo, se dará cuenta de las desobediencias que se comenten:
Aún está el semáforo entre verde y rojo, es decir, en su punto intermedio, cuando ya arrancaron a velocidades inigualables los taxis, y si algo sucede, apenas hay disculpas a la carrera, o risas que el culto del conductor no pudo evitar.
Como la incultura nuestra es bastante, no es raro ver damas de edad avanzada cruzando bajo los puentes peatonales, desobedeciendo las órdenes, y exponiéndose a sufrir heridas o la muerte misma. ¿Por qué no hay un bachiller bajo ellos, conduciendo, alertando o rogando no cruzar el peligro que entraña?
Los señores de los buses se están pasando del primer carril al tercero en el momento de voltear, qué peligro, apenas se escucha un pito lejano que se pierde en el vacío.
Y ahora, qué me dicen de las ventas de frutas peladas. Ya no caben en Medellín. Las pelan, las parten en pedazos, las empacan luego, todo con la mano al descubierto, con la misma del dinero, y si algo se les cae, lo recogen y va a parar a la bolsa más próxima.
En pleno Junín hay ventas de mangos muy bien presentados en vasos, destapados, a los cuales les hacen su paseo permanente una multitud de moscas.
¿Y de la higiene qué?
No somos mejores porque no queremos serlo.
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