No hay duda. Shanghái es la Nueva York de Oriente. Sus rascacielos iluminados, algunos de los más altos del mundo, desafían la arquitectura y muestran sin pudor las marcas más emblemáticas de occidente.
Las calles amplias exhiben una China abierta al mundo, costosa y fashionista. Nada que ver con las áreas rurales donde las opciones son escasas.
Los chinos trabajan duro, incluso para vivir en esta ciudad de 24 millones de habitantes, cuyo centro financiero es uno de los más importantes del mundo.
"Si Pekín es la capital de China, Shanghái es el capital". Con estas palabras, Tian Yun, la guía que habla español, resume la importancia de esta ciudad, en donde opera uno de los más grandes puertos del planeta.
Con 13 horas de diferencia y viviendo adelante, en el futuro, con respecto a Colombia, para visitar China no hay que temer a su tamaño (tan solo el aeropuerto de Pudong, en Shanghái, atiende más de 40 millones de pasajeros al año).
Dimensione el metro de esta ciudad, antigua colonia británica, que cuenta con 14 líneas subterráneas de metro (un tiquete cuesta 3 yuanes, o sea, mil pesos).
El ritmo en que se circula por las avenidas es rápido y ahorrar combustible es importante. Por eso, hay ciclovías amplias por donde van motos y bicicletas, en especial, las eléctricas, muy utilizadas.
Un imperdible de la visita a la Shanghái cosmopolita es el paseo nocturno que bordea el río Huangpu (la entrada vale 100 yuanes, o sea 30 mil pesos).
Podrá hacerlo en un barco antiguo en el que tendrá que pelear con sus vecinos para tener una vista sorprendente de la ribera en la que se destaca uno de los íconos: la torre de la televisión, la tercera más alta del mundo (468 metros) y la primera de Asia.
Puede devolverse al aeropuerto en el tren electromagnético, Maglev Transrapid, que alcanza la velocidad récord de 431 kilómetros por hora. Aunque hace su recorrido de 7 minutos, a 300 kmph, debido a las restricciones de ruido.
Tendrá que acostumbrarse a pocos signos traducidos al inglés (dependiendo de la zona), y a una comunicación en la que hay que utilizar mucho lenguaje corporal. En especial si va de compras. Allí, una calculadora y la costumbre china, tan arraigada del regateo, harán de su visita toda una experiencia, así que prepárese.
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