En Medellín, en los últimos 30 años, hemos tenido un problema estructural de empleo e inclusión. Sólo hemos bajado la tasa de desempleo del 10 por ciento, de manera ocasional, a finales de 1994. Durante la mitad de las tres décadas, la tasa estuvo por encima del 15 por ciento. El dato más reciente del Dane muestra una tasa del 16,6 por ciento para el último trimestre y nos coloca en los mismos niveles de hace cinco años. Lo que logramos avanzar en cuatro años de crecimiento económico lo perdimos en unos meses de desaceleración.
Los análisis realizados por Hugo López, del Banco de la República, indican que los empleos que se están perdiendo son los de personas con menor educación y sin contrato formal de trabajo. Además, los segmentos de población en los que se ha incrementado el desempleo y la informalidad son los de menor ingreso. Para el 20 por ciento más pobre de la población, el desempleo es del 35 por ciento y la informalidad del 53 por ciento.
Los estudios de Donald Robins, experto en temas laborales, alertan que el desempleo en Medellín superaría el 20 por ciento este año si no se ponen en marcha estrategias que contrarresten la reducción de puestos de trabajo que se da en la ciudad. Esta disminución afectaría principalmente a grupos vulnerables y en estado de pobreza, como son los hogares con madres cabeza de familia, con bajo nivel educativo.
El mayor efecto sobre el desempleo en la ciudad lo produce la industria, que suprimió 39.000 puestos de trabajo en el último año, en su gran mayoría asalariados sin educación superior. Sin embargo, creó puestos formales para asalariados con educación superior, e informales para personas con baja formación. Es decir, a las personas con educación les va mejor, pero a los pobres se les deteriora la calidad del empleo.
Otras actividades económicas generaron puestos de trabajo en el último año. El comercio creó 19.000 y la construcción 3.000. Pero en total se redujeron 15.000 empleos en la economía de la ciudad en el mismo período. A la reducción de los puestos se suma el efecto del aumento de 52.000 personas más buscando trabajo. El gran reto de la sociedad antioqueña es ser capaz de generar empresas en calidad y cantidad suficiente para lograr construir un tejido social incluyente.
En el corto plazo es fundamental acelerar la ejecución de obras de infraestructura. El plan de construcción de 15.000 viviendas es prioritario. Se debe dar atención preferente a las necesidades de empleo en los grupos más vulnerables y ejecutarse con carácter de prioridad social. Las obras viales se deben acelerar en lo posible, respetando las restricciones técnicas y de contratación.
Lo fundamental es que todos, empezando por los empresarios, tengamos clara la función social del trabajo y la responsabilidad de generar empleo e ingresos para las familias más necesitadas de la ciudad. La muy delicada cifra de desempleo es un llamado a la solidaridad.
Para el futuro, debe configurarse un plan que nos comprometa a todos. La dinámica de generación de empleo en Medellín debe revisarse fijando como meta llegar al 7 por ciento de desempleo en cinco años. ¿Qué debemos hacer para lograrlo? Ese será el contenido de una estrategia que diseñen conjuntamente sectores público y privado y que proponga una agenda de empresarismo, innovación, empleo e inclusión social.
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