Cayeron muy mal los comentarios del presidente Juan Manuel Santos sobre sus preferencias de un técnico extranjero para dirigir la Selección Colombia, declaraciones que precipitaron la decisión que se conoció horas más tardes sobre la no continuidad de Bolillo Gómez al frente del combinado nacional.
No fueron afortunados no solamente porque es un campo en el que no se debe meter un Presidente, sino porque es una clara postura que no valora o confía en la capacidad de los directores técnicos nacionales, que han demostrado sobradamente sus condiciones.
Seguramente el presidente Santos quedó entusiasmado con el fútbol por la vitrina que se dio en el Mundial Sub20 pero, con este comentario indebido, en vez de anotarse un nuevo gol, se hizo un feo y doloroso autogol.
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