La Cabalgata tuvo otra cara: la de quienes quedaron atrapados en las largas, interminables filas de automóviles por las principales vías de la ciudad. Lo del sábado, por decir lo menos, fue un desastre en materia de movilidad.
Trancones en los que muchos perdieron una, dos horas y más. Gente desesperada pagando taxis que le valieron una fortuna, ciudadanos que iban o regresaban de sus trabajos y debieron sufrir las congestiones. La Autopista Sur, las avenidas El Poblado, Las Vegas, Guayabal y 80 convertidas en hileras de autos y en ruidosa descarga de pitos y agresiones verbales.
La Alcaldía y su Secretaría de Tránsito deberían disculparse con los ciudadanos que iban para sus casas u otras actividades. Las perdieron. Organizar un evento de esa magnitud requiere previsiones. Y cómo se notó que no las tomaron. ¡La gente merece respeto!
Pico y Placa Medellín
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