El 27 de octubre es el Día del Corrector. Organizaciones académicas y gremiales de Europa y de América lo celebran con motivo del natalicio de Desiderio Erasmo de Rotterdam, el humanista holandés que fue corrector antes que escritor.
Dice un autor que "Erasmo empezó a escribir relativamente tarde en su vida, porque consideraba que quien no sabe escribir bien, siempre se equivoca al expresarse o transmitir un mensaje. Por ello, se preocupó primero de convertirse en un verdadero maestro en el uso estilístico y narrativo del lenguaje".
En Madrid, por ejemplo, la Unión de Correctores, UniCo, realizó el pasado sábado una cacería de erratas sobre el tema "Por tierra, mar y aire: erratas en el transporte público". Los socios de esta agremiación tomaron fotografías de los gazapos durante dos horas y luego las exhibieron y colgaron en las redes sociales. Esta vez el premio para quien captó el error lingüístico más significativo fue un ejemplar de la Nueva Gramática de la Lengua Española.
Actos similares se realizan en ciudades como Buenos Aires y Ciudad de México.
Esta celebración es oportuna para una reflexión más sobre la corrección idiomática en el periodismo. Bien lo dice el Manual de Estilo y Redacción de EL COLOMBIANO : "El hecho de que la lengua posea procesos inconscientes y de herencia cultural, no significa que ellos no puedan volverse conscientes, ser conocidos, dominados. De ahí la importancia, para el escritor, para el periodista, de obligarse a estudiar la gramática, las reglas de la sintaxis, todos los "misterios" de las palabras, su poder de evocación y de significación".
Escribir bien es requisito profesional y principio de responsabilidad social. Los medios son instrumentos poderosos que educan y forman la opinión pública. Los periodistas estamos llamados a estudiar todos los días las ciencias del lenguaje. Hay leyes que lo estructuran y tendencias sociales y culturales que lo transportan en el carro de la evolución.
La calidad de la escritura está en relación directa con el principio de veracidad. Erratas y errores son autogoles al lenguaje periodístico que se deben corregir para evitar la pérdida de credibilidad y calidad. Por esta razón, insisto en la necesidad de establecer una sección de correcciones, para enmendar las fallas de escritura y los errores de diferente naturaleza cometidos por el afán, la falta de revisión, el menor descuido o por ignorancia.
Quiero agradecer en esta oportunidad a Federico Díaz González, Luis Alfredo Molina Lopera, Elkin Castrillón Oberndorfer, Juan Camilo Suárez Escudero, Luis Orlando Salazar Zuluaga, Jorge L. Correa, Carlos Antonio Gaviria Zuluaga, Catalina Posada Gómez, Abel Méndez, en su Vista de Lince , y a otros lectores que en las últimas semanas han encontrado erratas y errores y me han enviado sus observaciones. También, quiero resaltar la labor invisible de nuestros correctores de las páginas de opinión, Uriel Hidalgo Giraldo y Alberto Rivera García.
El Día del Corrector lo celebraremos en EL COLOMBIANO, por primera vez, con la conferencia del profesor e investigador Héctor Gómez Gómez, a la que he invitado a los periodistas, fotógrafos y diseñadores del periódico.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8